El final de la pesadilla.

1209 Words
Con los días en mi nuevo trabajo mi situación iba mejorando, me sentía más tranquila ya que tenía el dinero suficiente para mantener a mis hijos, la lesión que me había provocado la esposa del señor Federico Viera aún la llevaba vendada seguía doliendo y se había infectado un poco, nada que con un poco de antiséptico y medicamento para el dolor no calmara. El señor Federico pasaba más tiempo conmigo ya que teníamos muchos asuntos juntos, me daba cuenta que era un hombre fantástico e interesante, un hombre de mucha cultura y conocimiento general algo que a mí me faltaba. Usaba un perfume amarrado que olía delicioso me causaba una cautivadora sensación cada que se acercaba a mí. Sentía mariposas en el estómago cuando me llamaba o de tan sólo verlo llegar por las mañanas, sabía que eso era algo que no podía ser ni en ésta vida ni en la otra. *—¡ Basta Olga, deja de pensar en tu jefe! Después de un respiro cerrando los ojos para calmar mis pensamientos, sentí como mi corazón se detuvo en ese instante, el olor a ese perfume amarrado llegó a mí cuando pensaba abrir los ojos me quedé sin respirar esperando una llamada de atención y abrí los ojos lentamente, ahí estaba él Federico Viera estaba parado justo en frente de mí. —¿Está todo bien Olga? ¿Te sientes mal? —¡Todo bien jefe! Mi respuesta fue rápida y pausada levantando el tono de voz, digamos que casi gritando. —¡Ok! Si te sientes mal, ve a la enfermería ya lo sabes. Asentí con la cabeza en respuesta y no volví a decir nada, tomé mi bitácora y seguí haciendo anotaciones. —Mañana saldré de viaje, tienes que hacerte cargo de las compras que hacen falta y algunos pagos pendientes. —Entiendo jefe, yo me hago cargo. —Me iré por tres días máximo cuatro si todo sale bien, aquí tienes todos los pendientes anotados, si tienes alguna duda llama a Ismael. Algunas trabajadoras nos veían y susurraban algo, pero yo no ponía atención a eso, si estaba ahí era para trabajar y ganar dinero no para participar en algunos mal entendidos. —Ya no vendré el día de mañana, nos veremos a mi regreso. La curiosidad de algunas chicas fue demasiada y se acercaron a mí para preguntarme algunas cosas querían saber detalles de todo para seguir armando sus especulaciones. —Olga ¿porque el señor Viera te pone a ti a cargo? —¡Porque es parte de mi puesto y mi trabajo! Tengo que hacerlo son parte de mis obligaciones. —Pensamos que el señor Ismael sería el encargado como siempre, a su esposa nunca la puso a cargo el señor Ismael se quedaba. —Bueno su esposa está loca, no ves como atacó de la nada a Olga. —Cierto, Olga supiste que el señor Federico Viera ya se fue de su casa, ya no vive con su esposa. —No lo sabía y creo que no es de nuestra incumbencia, esos son asuntos personales del jefe. —Tienes razón pero aquí todo se sabe. El par de chicas se fueron de mi lugar de trabajo y se pusieron a trabajar, mentiría si dijera que no me alegró el saber que Federico ya no vivía con su esposa, pero como lo dije ese es su asunto privado y no debo pensar en ello. Mi día terminó sin ninguna percance y fui a recoger a mis hijos, era un día caluroso de verano a pesar de ser las seis de la tarde hacía un calor abrazador, llegué a casa de mis padres y mis pequeños corrieron a mis brazos recibiéndome con un abrazo el cual a mi me encantaba. —¡Mami te extrañé mucho! —¡Yo te extrañé mucho más mi pequeña Fátima! —¡Mami yo te quiero mucho! —¡Y yo los amo a los dos mis hijos! —Llamó Román para preguntar si ya habías venido por los niños, dijo que te espera en casa de su mamá. —Lo siento mamá, pero no iré tengo muchas cosas por hacer en la casa. —Olga debes hacer caso a lo que tú esposo te dice, no debes hacer tu voluntad. —Mamá yo llegó a la casa a hacer limpieza y comida no puedo llegar tarde con los niños ¿a qué hora terminaría? —¡Deja el trabajo! —¿Cómo lo dejo? mamá, Román noe da dinero no puedo darme el lujo de dejar de trabajar. —Seguro es porque gastas demasiado. —Sabes que mamá contigo no se puede mejor me voy a mi casa. Tomé a mis niños y me fui, en el camino encontramos una heladería y les compré un helado seguimos nuestro camino y fue todo, al llegar a casa en el camino había un teléfono público y llamé a la casa de la madre de Román. —¡Hola! —¡Soy Olga señora! ¡Buenas tardes! ¿Podría comunicarme con Román? —Te estamos esperando para cenar. —Es por eso que quiero hablar con él. Después de un silencio incómodo se escuchó cuando lo llamó para pasarle la llamada. —¿Dónde estás? —En la casa, no puedo ir aquí te espero. —Olga mi henao vino de visita y quería conocer a los niños ¡ven aquí de inmediato! —Lo siento, los puedo llevar el fin de semana pero hoy es imposible. Me colgó la llamada y sabía que estaba molesto pero traté de no pensar en eso, me fui directo a la casa y realicé mis actividades normales. Los niños dormían eran las once de la noche cuando Román llegó a casa yo estaba acostada a punto de dormir y me sacó de la cama a jalones, estaba furioso podía notar en sus ojos, una mirada que nunca había visto. —¿Pensaste que podías hacer lo que tú quieres? —¡Sueltame, me lastimas! —¡Cállate! Me arrojó al piso y estaba a punto de golpearme cuando Fátima entró corriendo a la habitación, su carita de pánico jamás la olvidaré. —¿Papi, que le haces a mi mami? No le pegues. Cómo una escena en cámara lenta ví como golpeo a Fátima y la arrojó a la cama, eso no lo iba a permitir nunca el no podía tocar a mis hijos. Me levanté y lo empujé con todas mis fuerzas tomé un objeto del mueble que estaba en la habitación y lo amenacé. —No te atrevas a ponerle una mano encima a Fátima, si te atreves te golpearé con ésto ¡ Lárgate de mi casa o llamaré a la policía! Román se quedó sin palabras, no sabía si entendía lo que había hecho o sólo esperaba la oportunidad para golpearnos. Son decir una palabra comenzó a tomar su ropa del clóset y salió, yo sólo escuchaba el llanto de mi hija, traté de consolarla sin quitarle los ojos a Román mientras salía definitivamente de la casa, al ver qué se fue, aseguré la puerta para que no volviera a entrar y abracé a mi hija con todas mis fuerzas ¡por fin había terminado ésta pesadilla!
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