Federico Viera y Silvia Anguiano
—¿Que te sucede Silvia? ¿Cómo pudiste atacar a una chica así? Ella es una niña y tú ya eres toda una adulta ¿acaso no piensas?
—¡Federico! ¿Porque la defiendes? Ella es tu amante no lo niegues más, es por esa mujer que me quieres dejar.
—Ya te lo dije, no te aguanto ni un minuto más eres insoportable, ésto ya no es vida sólo nos estamos destruyendo mutuamente.
—¡No! Tú me estás dejando por alguien más y estoy casi segura que es esa chica ¿cómo puedes estar con ella? Tú mismo lo dijiste ¡es una niña!
Federico Viera tomó de los hombros con fuerza a su aún esposa y la sentó en el sofá.
—Debes escucharme con mucha atención porque sólo lo diré una vez, esa chica lleva sólo un mes trabajando en la fábrica el mismo tiempo que tú dejaste el trabajo botado cómo si no importara nada más y todo por tus ridículas especulaciones.
Ella no es mi amante es sólo una trabajadora y si no me quieres creer es tu problema.
—Si no es tu amante entonces porque nos estamos distanciando.
—Silvia tus celos son algo con lo que no puedo continuar eres una mujer insegura y narcisista no quiero nada más contigo.
Los hijos del matrimonio bajaron las escaleras al escuchar los gritos de su madre, la pequeña Natalia con apenas 7 años fue corriendo con su papá.
—¿Papá que pasa? ¿Porque grita mamá?
—Porque tu papá nos está abandonando por otra mujer, ven aquí hija desde ya tienes que saber que los hombres son unos mentirosos.
Silvia tomó a sus hijos y comenzó a hablar mal de Federico, el hombre se quedó callado sin decir ni una sola palabra, no quería levantar la voz delante de tres pequeños.
—Silvia no es el momento, en alguien debe caber la prudencia y no podemos dañar así a los niños.
—Vamos hijos los llevaré a dormir ya que tu padre no nos quiere ahora sólo seremos nosotros cuatro.
Pasando sus manos sobre su cabello con algo de desespero y exacerbación, quería gritarle a su esposa por hablar ese tema con los niños de un modo cruel pero dudaba hacerlo no quería causarles ningún daño psicológico.
Se sentó derrotado en el enorme sofá viendo al piso esperando a que Silvia volviera a bajar, lo que sucedió dos horas después.
—¿Sigues aquí? Pensé que ya te habías ido con tu amante.
—Silvia debemos hablar, entiende tú te cierras en tu mundo y no quieres aceptar la realidad de las cosas.
—Quiero que te vayas de la casa.
—Eso haré, pero hablaré con mis hijos primero.
—¡No puedes hablar con ellos! Yo me encargo de decirles todo.
—¡No! Dije que hablaré con ellos y lo haré porque son mis hijos también.
Federico se levantó y tomando a Silvia del brazo la llevó rumbo a la habitación principal dónde la encerró para que no los interrumpiera, eso fue lo primero que se le vino a la mente.
—¡Dejame salir de aquí Federico! No te atrevas a decirle a mis hijos nada malo de mí.
Haciendo caso omiso de los gritos y peticiones de su esposa, se dirigió a la habitación de los niños, al entrar los vió juntos sentados en el piso con un libro para dibujar con el cual jugaban.
—¿Papá es cierto que ya no nos queres?
La primera en hablar con lágrimas en sus ojos fue Natalia mientras ponía una mirada de súplica.
—Eso es mentira, siempre los voy a querer ustedes son mis hijos.
—Si aún nos quieres ¿porque te vas de la casa?
—Mamá y yo ya no tenemos un trato cordial, necesito que pongan mucha atención y nunca olviden lo que les diré, en especial tu Natalia eres la mayor.
Natalia y Miguel escucharon atentos mientras Ricardo jugaba con algunos juguetes tirados en el piso.
—Algunas ocasiones los papás ya no se llevan bien y es mejor que vivan separados por algún tiempo, eso no significa que ya no los quiera porque es muy distinto el amor entre personas grandes y el amor a los hijos. Yo los voy a amar toda la vida sin importar lo que pase eso no lo olviden.
—¿Vas a vivir en otra casa?
—Si hija, por el momento voy a vivir con tu abuelito ya después voy a comprar una casa enorme para que me visiten y tengan su propia habitación.
Después de una charla amena entre padre e hijos Natalia se quedó más tranquila y trataba de entender lo que pasaba en la familia, después de todo era una niña y no podía hacer mucho ¿o sí?
Los ayudó a ir a la cama para dormir y después fue por Silvia, al momento de abrir la puerta la mujer se lanzó sobre él y lo comenzó a golpear por todas partes.
—¡Te debes tranquilizar Silvia!
—Eres un idiota ¿porque me encerrarte? Lo hiciste para hablarle mal de mí a mis hijos, eres un poco hombre maldito infeliz.
—¡Basta Silvia!
—¡Largo de la casa! No quiero volver a verte, no hoy ni mañana ni nunca.
Federico fue a preparar su equipaje y salió de la que había sido su casa por ocho años, tantos recuerdos que dejaba atrás pero no podía soportar el comportamiento de Silvia por mucho tiempo más.
Subió a su camioneta y se dirigió a casa de su padre con el que pensaba vivir aproximadamente un año para poder comprar una casa.
Esperaba continuar con su vida pero a los tres días de dejar su casa ya tenía una demanda por pensión alimenticia para beneficio de sus hijos, él no pensaba evadir su responsabilidad con sus tres pequeños así que eso lo vió innecesario, llevó el citatorio con el abogado de la empresa para que lo revisara con detenimiento.
—La pensión es poco pero dice que si no cumples con ella te arrestaran.
—No les daré poco, les daré lo suficiente para vivir no quiero que pasen alguna penuria y si puedo darles un poco más de los daré.
—Federico, te recomiendo no lo hagas hay muchas mujeres que se aprovechan de eso y causan conflictos.
—No creo que sea el caso, espero que mis hijos no sufran algún tipo de carencia.
—De acuerdo, haré algunos trámites y abriré una cuenta bancaria para que deposites el dinero ahí, también comenzaré los trámites de divorcio.
—Perfecto.
Federico pensaba que con tan sólo cumplir no tendría ningún problema con Silvia y llevarían la separación en buenos términos, pero estaba muy equivocado pues eso no sucedería.