La casa ya no es segura.

1284 Words
Fátima me veía sin decir nada, yo sentía que le sucedía algo pues su mirada se veía triste así que comencé a realizarle preguntas. —Hija dime qué sucede. —Mami ayer mi papi dijo que hoy iba a jugar conmigo y no lo hizo, mejor nos golpeó. Esas palabras me dieron un poco de escalofrío no supe el porque pero sentí que no se las dijo con una buena intención y decidí seguir preguntando. —¿Jugar? El nunca juega contigo ¿a qué jugaría? —Ayer me dijo que como tú ya no querías jugar con él en las noches, hoy jugaría conmigo ¿porque no quieres jugar con él? La sangre se me congeló al instante, abrí mis ojos con demasiado miedo ese maldito hombre pensaba hacerle algo a mi hija, comencé a llorar y la abracé muy fuerte. —Hija necesito que me digas algo ¿ya habían jugado antes? —Mi papi nunca quiere jugar con nosotros mami. —Pero tú con el, jugaron mientras yo no estaba, o cuando te llevó con tu tía. —No mami nunca jugamos. Sabía que debía hablar con Fátima y hacerla entender, decirle que nadie podía tocar su cuerpo y explicar para que comprendiera. Después de una hora hablando entendió y me dijo que no, que jamás la había tocado. Le creí ya que su comportamiento nunca cambió y seguía siendo la niña alegre y feliz que siempre había sido. Mi pequeña Fátima de quedó dormida en mis brazos mientras lloraba desconsolada, no pensaba dejar así las cosas y decidí levantar una denuncia en su contra, ese maldito debía pagar por lo que pensaba hacer y lo que hizo. Por la mañana los desperté y me dirigí a la delegación de policía, el policía que me atendió era demasiado prepotente. —¿Que desea? —Vengo a poner una denuncia por golpes, maltrato e intento de abuso a una menor. —Digame, comience. —Es en contra de Román Sosa, ese hombre me golpeó, también a mi hija y descubrí que pensaba abusar de ella. —¿Parentesco? El policía hablaba sin voltear a verme, sólo escribía todo lo que yo le decía con bastante apatía. —Somos esposos. —Señora vaya a casa, no es más que una pelea marital como tantas, ustedes vienen aquí a denunciar maltrato por cualquier cosa. —¡No me está escuchando! Ese maldito pensaba abusar de mi hija. —No me grité y usted está loca un padre no haría eso con su hija. Mi frustración comenzaba a crecer demasiado rápido y el dolor de cabeza comenzaba a aparecer. —Pues ponga la denuncia haga algo, ese hombre no puede estar suelto. —Vaya a casa, es una pelea más entre matrimonio como tantas otras que he visto. —¡Usted es un idiota! La policía está para ayudar y usted no lo hace. —Si vuelve a gritarme la encierro. Furiosa me dí la vuelta y veía a mis hijos sentados en la fría banca de metal, no podía creer que no se haría nada en contra de ese maldito. Estaba saliendo de la estación de policía cuando un oficial se me acercó corriendo. —¡Espere! —¿Usted también viene a burlarse de mí? —No, vengo a ayudarle. —¿Que? —Si, cuando escuché su declaración me sentí identificado, mi mamá fue abusada en su juventud y nadie hizo nada por ella, yo quiero ayudarles. —¡Gracias! —Venga conmigo, le tomaré su declaración de nuevo pero tiene que decir que lo demandará por abandono de hogar y de ahí se sigue con lo demás ¿entendió? Asentí con la cabeza, me sentía nerviosa pero también un gran alivio al saber que haría algo de justicia y ese animal no haría nada más. Entramos nuevamente a la estación de policía y el oficial que me atendió primero no dejaba de verme. —¿De nuevo usted? —Yo la atenderé, va a denunciar por abandono de hogar. El oficial de policía comenzó a escribir mi declaración, al llegar a la parte que Fátima me había contado me detuvo. —Necesito que la declaración de la niña se haga junto a un psicólogo, así tendrá mayor validez ya que está respaldada por la valoración de un profesional. La llevaron a una pequeña oficina dónde una psicóloga esperaba, después de más de dos horas salieron y le dió una hoja al oficial. —Le tengo dos noticias, la primera es que no procederá la denuncia por intento de abuso ya que no se encontró nada que hubiera dañado a la niña. —¡Pero lo pensaba hacer, me lo dijo mi hija! —El problema aquí es que no se llegó a efectuar y no lo tomarán en cuenta. —¿Entonces? —Lo pondré para que quede un presendente y roguemos para que lo pasen a una juez y ella si lo investigue. Fue una mañana difícil, salí de la estación con mis hijos tenía dos sensaciones diferentes, una de alegría porque el maldito no le había hecho nada a mi hija y la segunda de frustración ya que el juez podría desestimar la denuncia. Traté de no pensar mucho en ello y mejor llevé a mis hijos a casa, necesitaban descansar había sido una mañana larga y muy cansada, había pensado que cambiar las cerraduras sería una buena opción para evitar que ingresara. Lo hice para una mayor seguridad no quería que volviera a entrar a mi casa. Volví a tener una conversación con Fátima, debía dejarle claro que no podía volverse a acercar a ese hombre. —Fátima si Román se llegara acercar a ti algún día y yo no estoy, debes evitarlo, el es un hombre malo y no debe estar cerca de ti —Pero es mi papi. —Ven hija. La senté a mi lado y comenzamos a charlar de nuevo, quería que le quedara claro que no debía estar con ese maldito. —El no es tu papá verdadero, tú tienes otro papá, cuando seas un poco más grande te hablaré de él por el momento no te acerques a Román. —Entiendo mami, yo tengo otro papá y mi papi es malo. Sentía que mi hija había comprendido un poco, pero no sabía que tanto. Esa noche Román llegó a mi casa, se podía escuchar como intentaba abrir con la llave y al no poder comenzó a gritar. Fátima lo escuchó y se asustó, se fue corriendo a su habitación gritando que había llegado el hombre malo. —¡Ábreme Olga! ¿Porque cambiaste las cerraduras? Salí al jardín cerrando la puerta detrás de mí y ahí estaba él tratando de abrir la reja para entrar. —¿Que haces aquí maldito? —Es mi casa y ya volví, sólo te di tiempo para que te calmaras. —Eres una escoria despreciable, quisiste hacerle daño a mi hija eres un enfermo. —¿De que hablas? No entiendo nada. —¿Eres idiota o sólo finges? Fátima me contó lo que pensabas hacerle ¡eres un maldito enfermo! —Esa niña miente, no pensaba hacerle nada es solo su imaginación. —¡Lárgate de aquí! No podía detenerme más y mejor entré, tampoco quería ponerlo sobre aviso con la denuncia, era difícil verle su maldita cara sin querer golpearlo hasta cansarme. Nuestra casa ya no era segura, el podía venir así que durante toda la noche medité cuál sería la mejor opción y fue irme de ahí lo más rápido posible. Ahora tengo que buscar un nuevo hogar para mis hijos, lejos de ahí para que no nos encuentre en mucho tiempo.
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