Reencuentro y adiós.

1109 Words
Lleve a mis hijos a casa de mi madre como de costumbre fui a trabajar y continué con mi día, no me tiré estaba nerviosa y sentía una opresión en el estómago y el pecho como si algo fuera a suceder. Deje de hacerme historias en la cabeza y continué con mis labores. Durante la hora de comida tome el periódico y buscaba opciones de casas, sin ahorros por el momento era imposible dar el enganche para poder comprar una así que opté por loas fácil en ese momento, buscar una en arrendamiento. Suspiraba al ver qué pedían un fiador con casa propia para realizar el contrato de arrendamiento, a la única que conocía con casa propia era a mi madre ¿ella me ayudaría, cierto? Anoté los números telefónicos de algunas viviendas y fui a continuar con mi trabajo. El señor Federico Viera llegó de su viaje y me acerqué a él para darle los pormenores de lo que había sucedido durante su ausencia. —¡Bienvenido jefe! Aquí están todos los reportes de compras, no sucedió nada extraordinario mientras usted no estaba. —¡Excelente Olga! Hiciste un buen trabajo, todo está en orden y sin ninguna falla. Lo decía con un tono dulce y tranquilo mientras revisaba cada documento en sus manos. —¡Vamos a trabajar! ¿Te sucede algo Olga? Te veo un poco extraña, como si te preocupara algo. —¡A mí! Pregunté sorprendida, no esperaba que se diera cuenta de mi estado de ánimo. —Estoy bien jefe. —Siempre puedes confiar en mí, si ustedes que son mis trabajadores están bien, la empresa estará bien. —Gracias jefe, lo tendré en cuenta. Eran las seis de la tarde y por fin la hora de salida, agarré mis cosas y salí directo por mis hijos. Estaba a dos calles de la casa de mis padres cuando alguien hizo sonar el claxon de un vehículo, giré mi cabeza asustada pues yo caminaba por la acera así que ese no era algún motivo para hacerla sonar. Un vehículo de carga se detuvo y bajó Juan Pablo, su rostro se veía un poco más maduro después de no verlo por más de tres años. —¡Olga! Que gusto volver a verte. —¡Hola Juan Pablo! —¿Cómo estás? Bueno, puedo ver qué está muy bien, sigues igual de guapa como te vi la última vez. —No digas eso, haces que me dé pena. —Es la verdad. —Yo estoy muy bien, pero dime ¿tú cómo estás? ¿Que has hecho? —Acabo de regresar, me transfirieron nuevamente aquí. Me casé pero nunca te olvidé. No sabía que responder a eso, así que sólo sonreí y continué con el tema principal. —¿Sigues trabajando para la misma empresa? —Si y supe que tú ya no trabajas con la señora Vera. —Cambie por mi bien y el de mis hijos obvio. —¿Tienes más hijos? Que tonto eso es casi obvio. —Solo uno más, un niño se llama Ulises. Nuestra charla fue muy amena estábamos por despedirnos cuando una voz furiosa se escuchó detrás de mí. —Así que por andar de zorra fue por la que hiciste todo tu drama. Sentí de inmediato un fuerte jalón en mi brazo derecho y al girarme la persona que habló, lo ví con los ojos muy abiertos ya conocía esa voz muy bien pero no esperaba verlo de nuevo tan pronto. —¿Quién eres tú? Suelta a Olga te lo advierto. —¡Yo soy su esposo! Y no la soltaré. —¡Basta Román! Quiero que me sueltes, te corrí de la casa ya te dije que quiero el divorcio. —Para que puedas andar de zorra con éste tipo. —Dije que la soltaras. Juan Pablo golpeó a Román en el rostro y comenzaron a pelear, a pesar que Román se defendía y lanzaba algunos golpes, Juan Pablo lo hacía primero sólo podía ver cómo le propinaba una golpiza. Yo no hacía nada para detenerlos en el fondo quería que Juan Pablo lo golpeara mucho más. —Quiero que te quede muy claro lo siguiente, no sé quién eres pero Olga no es mi amante no mucho menos es una cualquiera. Si te atreves a faltarle el respeto de nuevo te pesará. —Sigues defendiendo a ésta zorra, no creo eso de que no son amantes. Estaban por comenzar a pelear de nueva cuenta, pero mi papá pasaba en ese momento. —¿Que sucede aquí? —Nada señor, le enseñaba un poco de modales a este hombre. —No pasa nada papá, vamos a casa. ¡Adiós Juan Pablo! Todo estará bien puedes irte. Juan Pablo dudó un poco pero se subió a su vehículo y se fue, esa fue la última vez que lo ví. —Vamos a casa Román. —No papá, Román y yo terminamos. —Dile la verdad, dile que ese hombre era tu amante. —¿Que cosas estás diciendo Román? —Eso es mentira papá, hablemos en casa. Mi papá se veía confundido pero siguió caminando, no dijo nada durante todo el camino y al llegar por fin habló. —¿Ahora sí me dirás qué está pasando? —¿Que pasa? —Papá, mamá, deje a Román lo corrí de la casa me voy a divorciar de él. —¿De que estás hablando Olga? —Este matrimonio estuvo destinado al fracaso mamá y que esperabas que hiciera Román nos golpea, no me da dinero, tu hermana era su amante y el muy idiota pensaba hacerle algo horrible a Fátima. —Tu deber es con tu esposo. —Mi deber es proteger a mis hijos y no voy a estar con un enfermo. —No digas estupideces Olga, yo no lo hice nada a Fátima, inventas cosas sólo para regresar con tu amante. —Tu cállate, eres una basura humana, no vales más que una rata. —¡Basta! Ve a casa con tu esposo Olga y arreglen su discusión. —No hay arreglo, no volveré con alguien que se revuelca con la tía de su esposa, que me golpea y me limita económicamente y mucho menos un monstruo que quería dañar a una niña. La discusión seguía y no se llegaba a nada, estaba furiosa porque mi mamá seguís sin comprender lo grave de la situación, salí de ahí con mis hijos y no miré atrás. Tomé un taxi para irme lo más rápido posible no quería que Román me siguiera. Mi vida daría un vuelco desde ese día, ahora estaría sola y sin ayuda.
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