Durante la noche veía a mis hijos dormir mientras yo permanecía sentada en el piso recargada en la puerta de la habitación, algunas lágrimas rodaron por mis ojos pensando en que haría ahora con mis pequeños, no tenía quien cuidara de ellos ¿acaso tenía que dejar mi trabajo?
Pasé una mala noche, pero no me rendiría tan fácil estaba dispuesta a luchar en contra de todo para sacar a mis dos pequeños adelante.
Temprano llamé a casa de mis padres esperando a que no respondiera mi mamá pero fue ella quien lo hizo.
—¿Si?
—Soy yo, mamá.
—Ya es tarde a qué hora llegarás, porque quiero hablar contigo.
—Ya voy para allá.
Ilusamente pensaba que mi madre había cambiado de forma de pensar y me apoyaría a mí.
—Ve a trabajar cuando regreses hablamos.
Pensando que ahora todo se resolvería, sólo estaba enfocada en encontrar otra casa para vivir. Durante la mañana el señor Federico Viera se dió cuenta de mi estado anímico y volvió a preguntar algunas cosas.
—Olga ¿todo bien? Desde el día de ayer te veo muy rara algo dispersa.
Decidí decirle mi problema ya que la situación me estaba rebasando.
—Busco una casa para mudarme jefe, pero en todos lados me piden un fiador con casa propia.
—¿Comprarás una casa?
—Por el momento solo será arrendada. Tuve un problema fuerte con el que será próximamente mi ex esposo y no quiero estar en esa casa.
—Pero es tu casa, te corresponde a ti y a tus hijos si es que los tienes.
—Fue algo muy grave señor Viera y no quiero estar en un lugar donde no me siento segura.
—Entiendo eso ¿Y no encuentras?
—¡No!
—Trae los documentos yo firmaré como fiador.
—¿Lo dice enserio?
—Si, yo no bromeo.
—¡Muchas gracias señor! No sabe lo mucho que me está ayudando en éste momento tan difícil para mí.
Quería llorar de la emoción, ahora me podría salir de esa casa y alejarme de Román. Durante mi hora de comida llamé a mi primera opción y concerte una cita para esa misma noche, no quería dejar pasar más tiempo.
El continuar con mi trabajo y saber que ya tenía casi seguro a dónde ir me había devuelto la seguridad y confianza en mí, había olvidado llamar a Angélica para contarle lo que estaba pasando le llamaría el fin de semana.
Llegué a casa de mis padres a recoger a mis hijos, mi mamá ya me esperaba sentada en la mesa del comedor con una cara larga la cuál demostraba su disgusto.
—Toma asiento.
—Mamá me tengo que ir, tengo cosas por hacer antes de ir a casa.
—¿Ya hablaste con Román? Espero que ya pudieran arreglar sus problemas.
—Ya te dije que entre él y yo no sé puede arreglar nada, está decidido que no regresaremos.
—Si no regresas con él ya no te cuidaré a los niños, Román ayer me dijo que estabas con un hombre, Olga no puedo creer que hagas algo así, no te puedes comportar como una cualquiera.
—No estoy haciendo nada malo y ya te dije que él no es un buen hombre ¿cómo no me puedes creer?
—Si no quieres regresar con él aquí déjame a Fátima ella es más mi hija que tuya.
—¡No mamá, no te dejaré a mi hija!
—Ya vete y no regreses, Fátima se queda conmigo.
—¡No te la dejaré!
El miedo me invadió al pensar que mi madre se quería quedar con mi hija y salí rápidamente de la casa con mis hijos, no volteé atrás ni una sola vez a pesar de que mi madre me llamaba con fuerza, sus gritos eran tan fuerte que los podía escuchar a pesar de haber caminado varios metros lejos de ahí.
—¿Mamá porque la abuela está enojada?
—Porque ya no regresaremos a vivir con Román hija. Recuerda que no es tu papá así que no puedes volver a llamarlo así.
Llegamos a la dirección que me habían dado por teléfono y era una casa pequeña pero linda, no tenía jardín como nuestra antigua casa pero si tenía un garaje cerrado en el cuál mis niños podrían jugar.
El alquiler era justo no era muy elevado así que podía pagarlo, cerramos el trato y me dieron los papeles para que los firmara mi fiador, después de entregarlos podía mudarme cuando yo quisiera.
Ahora la única dificultad sería ¿con quién dejaría a mis hijos? Ya no contaba con la ayuda de mi mamá.
Lo pensé mucho y decidí llamar a casa de mis padres hasta que Néstor me respondiera.
—¿Diga?
—Soy Olga Néstor, que bueno que eres tú quien me responde. Te llamo para pedirte un favor, ¿podrías venir y quedarte con mis niños por la tarde cuando salgas de la escuela? Sólo en lo que encuentro una guardería para ellos.
—¿Y en la mañana?
—No sé.
—¿Porque ya no los piensas traer a casa?
—Mi mamá dijo que si no vuelvo con Román ya no los cuidará y no pienso volver con el.
—¿Que fue lo que pasó Olga?
Le conté todo hasta el mínimo detalle, Néstor se quedó callado a través del teléfono podía escuchar como su respiración aumentaba gradualmente.
—Yo los cuido, pero debes buscar quien los cuide durante la mañana porque no se pueden quedar solos.
—Lo resuelvo hoy en la noche.
—¡Hermana yo sí te creo! No regreses con ese maldito.
Terminamos la llamada y fui a casa. Mientras hacía mis labores pensaba en con quién dejar a mis niños, al no tener más opción tuve que pedirle a mi vecina si los cuidaba durante el día mientras Néstor llegaba, aceptó a pesar de tener hijos más pequeños con una condición, que sólo iría a revisarlos durante la mañana.
Los días pasaron y todo seguía igual, ya no iba a casa de mis papás Néstor cuidaba a los niños mientras yo trabajaba y el momento de mudarnos llegó. Empacando todas nuestras cosas subimos todo a la camioneta de mudanza y nos fuimos al que sería nuestro nuevo hogar.
Como lo había pensado antes ahora estábamos solos y solo con la ayuda de mi hermano en una nueva etapa.