Dificultades económicas

1419 Words
Mientras trabajaba en la bodega observaba con ansiedad el reloj de la pared el cómo sus pequeñas avanzaban lentamente pareciendo lo hacían en cámara lenta, sentía y escuchaba cada segundo golpear con lentitud mientras mi mente se llenaba de angustia. Angélica se había enfermado así que ese día no asistió al trabajo no tenía con quién desahogar mis penas en ese momento. Una opresión en mi pecho me inundaba no tenía idea de que hacer, no me podía concentrar no estaba rindiendo en el trabajo así que tomé una decisión en ese momento. Llamé a la señora Vera para mencionarle que me sentía un poco mal que necesitaba salir temprano para descansar. Aceptó sin preguntar más, dejé sola a la joven que cubría a mi amiga y me fui directo a la casa de la madre de Román, llegué y estaba sentada en su silla mecedora en el pequeño jardín. —¿Que haces aquí Olga? ¿Deberías estar trabajando? —¡Señora, dígame dónde vive su hija Julieta por favor! —¿Para que quieres saber la dirección de su casa? Tú jamás has ido a visitarla. —¡Sólo dígame dónde vive! —Quieres ir a recoger a mis nietos verdad. —¿Lo sabe? —Yo lo sé todo Olga, mi hijo no me oculta nada se los llevó a su hermana para poder hablar contigo anoche, deja de comportarte cómo una loca histérica y espera a que él los lleve a casa. —Señora necesito ver a mis hijos por favor. —Dije que te esperes, Román tenía razón te comportas de una manera extraña, los niños están bien conviven con su primo y su tía ya que tú no los traes seguido. Estaba por volver a implorar para que me dijera dónde estaban mis hijos pero llegó su hijo menor, no hablaba mucho con él ya que tenía sólo 14 años pero era muy cordial conmigo y en su momento algo considerado. Siguió sin decir nada y al estar detrás de su mamá me hizo señales para que saliera, entendí lo que me pedía y sólo me despedí. —Si no me quiere decir nada, entonces me voy señora. —Eso es lo mejor que esperes en tu casa. Caminé por la calle y no ví al chico al llegar a la esquina ahí estaba esperándome. —Olga, Román vino anoche y le dijo a mi mamá que había dejado a los niños con Julieta, dijo que si venías o hacías un drama le diría que se los llevara, será mejor que te vayas a casa y ahí lo esperes, si se entera que estuviste aquí se llevarán a los niños a otra ciudad. Mi corazón se hundió en ese momento, quería gritarle y reclamar algo pero él era un niño y no tenía la culpa de nada al contrario me estaba divirtiendo lo que Román pensaba hacer. —Me voy a casa pero por favor podrías informarme si él hace alguna otra cosa. Le dí una pequeña tarjeta de mi trabajo ahí venía la dirección y el número telefónico del lugar. —Yo te aviso, pero ahora vete yo me encargo de convencer a mi mamá que no diga que estuviste aquí. Llegué a casa y era lo mismo, ver cómo el tiempo avanzaba muy lentamente sólo suspiraba y trataba de limpiar para cuando llegaran mis hijos la casa estuviera impecable, también me servía para no pensar tanto y volverme loca en la espera. Por fin se escuchó la puerta y corrí a ella, los ví entrar y fui directo a abrazarlos los observaba con detenimiento pide percatarme que los habían aseado y no se veían con ningún signo de que algo les hubieran hecho. —¿Cómo estás mi niña? Los extrañé demasiado. —Bien mami, la tía Julieta es muy buena nos dio de comer y nos compró unos juguetes ¡mira! —¿No te hicieron nada? ¿Con quién dormiste? —¿Cómo les harían algo? No seas ridícula. —Dormimos en la cama con la tía Julieta y el tío Martín durmió en el sofá. Julieta y su esposo sólo tenían un hijo, era un bebé de meses y por lo poco que los había visto era una buena mujer cuidaba muy bien a su bebé y se llevaba muy bien con su esposo. —¡Vamos! Los llevaré a su habitación. —Con ésto debe quedarte muy claro que debes comportarte Olga, o los niños pasarán más tiempo con su tía y menos tiempo contigo. Quería gritarle y golpearlo con l o primero que mis manos tomaran pero no quería asustar a mis hijos en ese momento, sin verlo llevé a mis hijos a su habitación. Con los días Román era diferente dejó de ayudarme económicamente, yo tenía que solventar todos los gastos y mi sueldo apenas alcanzaba, veía como el gastaba su dinero en él y sus gustos mientras la despensa en la cocina disminuía y yo sólo compraba lo poco que podía. —Román se terminó el cereal y algunas cosas de la despensa, necesito hacer el supermercado. —¿Y luego? —Necesito dinero. —¿Necesitas? Dime algo Olga ¿Que haces con tu sueldo? —¿Que hago? Román pago la hipoteca, el transporte para llevar a mis hijos, pago el agua, la luz y ahora la comida porque dejaste de darme dinero. —No puedo darte dinero, estoy ayudando a mi mamá ella necesita dinero, le dejaron de dar la pensión de mi papá asi que no puedo dejarla sola. Se levantó del sofá y salió de la casa sin decir nada más, ví mi bolso y tenía muy poco dinero aparté el dinero para los autobuses de toda la semana y un poco para el pago del agua que sería en tres días. Quedó muy poco dinero y fuimos al mercado, estaba algo retirado pero tenía un plan para ahorrar un poco de dinero. —Vamos al mercado pequeños y nos iremos caminando para que vean por dónde es el camino a casa y lo puedan reconocer ¿entienden? —¡Si mami! Llene sus pequeños botes de agua y los puse en mi bolso, era mejor cargar y no gastar ese dinero por ahora. Durante el camino jugábamos a ver cosas raras o encontrar los colores de algunos autos al llegar al mercado compré lo necesario, era más barato que asistir al centro comercial así que fue un buen ahorro con el dinero que me ahorre del transporte les pude comprar un helado a mis hijos ya que querían regresar caminando, les había gustado la experiencia. Estábamos por llegar a casa y Ulises ya estaba muy cansado me decía que no quería caminar más, lo cargue en brazos el bolso de las compras en un hombro en el otro mi bolso y con la otra mano agarraba a Fátima llegamos a casa y después de ducharlos se durmieron estaban muy agotados, mis brazos tenían marcas por la carga pero no me quejaba ahora tenía lo necesario para alimentar a mis hijos. Me sobraron unos cuántos pesos y los guardé en un bote de café el cuál escondí muy bien sabía que el dinero lo necesitaría para rehacer mi vida con mis hijos y cada peso contaba. Los días pasaban y mientras trabajaba mi rostro denotaba más y más cansancio, daba todo de mi misma para salir adelante, los pocos ahorros subían lentamente a decir verdad demasiado lento. Dejaba a mis hijos más temprano en casa de mis padres y me iba caminando al trabajo para no gastar en un pasaje de autobús. —¿Amiga estás bien? —No Angélica. Le conté todo lo que había pasado y ella mostró una molestia en su rostro. —No me digas más ¿cómo no me dijiste nada? No puedes venir caminando y cuando llueva. —Usaré un paraguas. —Toma ésto, y no digas que no. Angélica me dio algo de dinero y no pude decirle que no, mis lágrimas sólo cayeron sin más. —Gracias amiga, pero no puedo. —Claro que puedes y como se que no aceptarás que te esté dando dinero haremos un trato, tú trae la comida y yo te pago por ella, es como si la comprara aquí. Acepté de inmediato y la abracé, eso sí era una ayuda y no sólo el recibir dinero, mi plan seguía y si todo salía bien en un par de semanas corría a Román a la fuerza.
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