Conocer a Fátima

1141 Words
Volví a ver a ese chico extraño hoy me sonrió y guiñó un ojo, sólo rodé los ojos y me dediqué a ver por la ventanilla del autobús, al bajarme en la zona de mi trabajo él bajó detrás de mí, eso me dió un poco de miedo y caminé más aprisa. —¡Oye espera, sólo quiero saber tu nombre! Seguí caminado sin voltear a verlo, llegué a la tienda y suspiré aliviada al ver qué lo había perdido. Llegó la señora Vera después de algunos minutos y pudo notar que respiraba con algo de dificultad, mientras abría la puerta del lugar me preguntaba con algo de inquietud. —¿Que te sucedió Olga? Pareciera que has visto un fantasma. —Un chico me seguía, quiere saber mi nombre pero yo no quiero decirlo y por eso huí. —Olga aún eres muy joven y podrías encontrar a un buen tipo. —No señora Vera, quiero ahorrar dinero y estudiar, sueño con darle a mi hija una vida excelente. —Eso es un buen propósito hija, pero no debes cerrar las puertas al amor. Comenzamos a trabajar, mientras mi jefa la señora Vera se dedicaba a reacomodar yo limpiaba el lugar. No podía sacar de mi cabeza a ese chico tan raro ¿porque me guiñó el ojo? Y ¿porque decidió hablarme? Sentí recorrer un escalofrío en mí y deje de pensar esas cosas. Era viernes y Juan Pablo llegó a dejar mercancía a la tienda, yo atendía a un cliente mientras él metía la mercancía a la bodega por la puerta trasera. —Gracias señorita, es muy amable. —Estoy para servirle. —Eres buena en tu trabajo, muy amable con las personas. Juan Pablo me hablaba recargado desde la puerta de la pequeña bodega. —¡Gracias, es mi trabajo! —¡No! Tu trabajo es atender pero tú eres amable por naturaleza, dejo mercancía en otras tiendas y créeme las chicas que atienden no son como tú. —Me gusta ayudar a las personas a encontrar lo que buscan, me pongo en su lugar. —Me tengo que ir, después seguimos nuestra plática. Juan Pablo salía del lugar cuándo volteó y con una sonrisa fingida me habló apuntando me con el dedo. —¿Aceptarías salir conmigo algún día? No me respondas ahora piénsalo. Salió casi corriendo dejándome estupefacta, sólo abrí mis ojos con una enorme sorpresa, moví la cabeza de lado a lado y seguí con mi trabajo. Llegó mi hora de salida y fui directo a mi casa, quería pasar tiempo con mi pequeña. —Llegué mamá. —Que bien porque ya hay mucha ropa de la bebé por lavar, ven a cenar para que lo hagas. Sólo pide tener en mis brazos a mi niña menos de una hora mientras cenaban porque tenía que hacer quehaceres. Cuando regresé al trabajo pensé que mi mamá me ayudaría en todo pero no fue así, al llegar yo tenía que lavar ropa y limpiar mi cuarto, en ocasiones terminaba casi a media noche y muy cansada. Pronto llegó diciembre mi pequeña Fátima tenía cuatro meses y seguía siendo muy bonita, su cabello rizado llamaba la atención de todo mundo cuando la llevaba a dar un paseo por la calle. —Olga, tendremos fiesta por fin de año como siempre, trae a tu pequeña así la conozco. —¿De verdad puedo llevarla señora Vera? El año pasado sólo fue para los trabajadores. —Decidimos hacerla familiar, sólo somos tres tiendas y un total de diez trabajadores. —¡Gracias señora Vera. Durante el mes no había visto a Juan pablo ya que estaba cubriendo a un compañero en otra ruta. El día de la fiesta de fin de año llegó y yo llegué con mi pequeña Fátima, Juan Pablo ya había llegado y cuando me vió entrar se acercó a mí con una mirada confundida, mientras la señora Vera y yo hablábamos en la entrada. —Olga tu bebé es tan hermosa, no puedo creer que su cabello sea así de lindo. —Gracias señora Vera. —Tengo un regalo para ti pequeña, te lo daré para que no se me olvide. —¡Que nena tan más hermosa! ¿Es tu hermanita? Presentó Juan Pablo con una sonrisa muy cálida y un brillo en sus ojos que jamás olvidaré —No, es mi hija. —¿¡Tú hija!? —¡Ajá! —¡Cielos! Eso sí es una sorpresa. Ven siéntate conmigo y mi mamá. —Mira mamá, ella es Olga la chica de la que tanto te he hablado. —Mucho gusto Olga, que bonita niña ¿es tu hija? —Si señora, es mía. —Se ve muy pequeña¿cuántos meses tiene? —Cuatro meses, bueno el 7 de enero ya cumple los cinco meses. —Es muy bonita, pero toma asiento Olga. La mamá de Juan pablo era muy agradable cómo él, su papá había fallecido hace un buen tiempo así que sólo eran Juan Pablo y su mamá. Durante la fiesta no me preguntó ni mencionó el tema, cuándo Fátima despertaba le hacía voces graciosas y jugaba con ella, mi bebé le sonreía y lo tomaba de las manos esa escena era muy linda pero no me causaba nada en absoluto. La fiesta terminó y nos despedimos, yo podía notar en el rostro de Juan Pablo que tenía ganas de preguntar algo pero no lo hizo sólo nos despedimos y me fui a mi casa. En los siguientes días volví a ver a Juan Pablo y me saludó como si nada pasara. —¡Hola Olga! Tenía mucho tiempo sin verte, toma es un regalo de navidad para Fátima, lo guardé hasta poder verte y darlo en persona. Era un oso de peluche color blanco, la nariz le encendía si presionabas su mano. —¡Es muy lindo! Gracias Juan Pablo no debiste molestarte. —No es ninguna molestia, puedo preguntar algo —Adelante, pregunta. —¿Aún sigues viendo al padre de tu bebé? Nunca lo mencionas. —No ya no lo veo, nos dejó solas cuando tenía cuatro meses de embarazo. —Que poco hombre el tipo, mejor para mí. —¿Mejor para ti? —Si, porque puedo tratar de conquistarte. —Juan Pablo no quiero sonar grosera pero, mi prioridad es mi niña no quiero salir con nadie. —Yo esperaré a que quieras salir conmigo. A parte mi mamá se encariño con Fátima dice que es una bebé preciosa. Terminé de contarle mi triste historia y mientras lo hacía la cara de Juan Pablo cambiaba en cada parte del relato, para ser sincera a mí también me costaba escuchar el relato, no podía creer que había sido tan tonta y lo peor que hubo un tiempo que me dolía que Adal se hubiera marchado.
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