Samuelle
– ¿Queda claro?.. ¿Adali?.. ¿Qué sucede, no piensa responderme?
Tiene su vista fija en mi, no parpadea, esta sudando, pues una gota baja desde su frente a su mejilla, se ve hermosa completamente sonrojada.
La he llamado desde hace unos minutos, sigue en la misma posición ¿Sufrirá de alguna enfermedad? Me levanto de mi escritorio y llego hasta donde esta parada, jamás tomó asiento.
Pensé que era por la emoción que ella misma manifestó hace unos instantes, yo di media vuelta para empezar a pasarle toda la información y así poder trabajar a la par conmigo.
De echo hasta la sobre cargue de datos que ella no debería manejar, pues son de manejo exclusivo del presidente y vicepresidente de la compañía, y claro que fue intencional, la necesito con exceso de trabajo, tenerla aquí, aferrada a mi.
El aferrado es otro.
Por más que quiera seguir con la espectacular vista, la necesito despierta, acerco mi rostro al suyo y subiendo mi mano a la altura de su mejilla, la cual quisiera acariciar, chasqueo los dedos para que vuelva en sí.
Sacude un poco su cabeza y sus ojos parpadean, esta descolocada, como si no supiera donde esta, si estaba sonrojada, ahora está totalmente roja.
Me ve y sus hermosos ojos se abren sobremanera, intenta hacerse hacia atrás, creo que estoy demasiado cerca, tropieza con sus pies y si no la tomo por la cintura, la caída hubiera abollado ese hermoso y jugoso trasero, y como no puedo tocarla...
Aún...
Exacto, aún no puedo tocarla, sería demasiado desperdicio dejar que se golpeara contra el piso, la ayudo a colocarse en pie de manera correcta, y cuando siento que ya esta de lo más bien la suelto lentamente, delineando delicadamente su cintura.
– Disculpe señor...
– Samuelle.
– Disculpe Samuelle, me quedé perdida nuevamente.
– Le recuerdo que a pesar de que hoy aún no inicia como tal su trabajo, lo mínimo que puedo pedir es su total y completa atención, en su CV no menciona nada acerca de alguna enfermedad que tenga, si es ese el caso le agradecería lo mencionara en este momento.
– No, no, no para nada, disculpe de verdad, jamás me había pasado algo así, en verdad lo lamento.
– Con sus disculpas no arregla nada, es tiempo perdido, tendré que explicar nuevamente, mi tiempo vale demasiado, y si, me refiero a dinero, si así es como piensa comprometerse con el empleo lamento decirle...
– NOOOOOO...
Me sorprendió su grito, me gusta que cuando tiene algo que decir no mide frente a quien este, además de sus credenciales en su CV, lo que más me sorprendió fue su sinceridad, se que necesita el empleo.
Obviamente nos aprovecharemos de eso.
Había dado la vuelta para caminar de vuelta a mi asiento tras el escritorio, pero imaginar ese grito en otras circunstancias me hizo detenerme y regresar en dos zancadas hasta donde está.
– No vuelva a levantarme la voz - Digo en modo amenazante, con el rostro más serio de lo que normalmente está, la veo casi con enojo, se hace pequeña y me encanta que se ponga asi, a mi merced.
Tranquila fiera, aún no.
– Lo... Lo lamento, no fue mi... Mi intención, le juro que estoy comprometida a quedarme y aprender, solo que jamás había tenido la oportunidad...
– No me interesa si ha tenido o no oportunidad, le exijo respeto por el área en la que se desenvolverá laboralmente – Creo que la sorprendí pues mi postura intimidante y mis dientes apretados cuando hablé, la hicieron dar un pequeño salto, el cual hizo que ese hermoso par de montes se movieran, acto que no pasó desapercibido de mi parte.
– No volverá a pasar - Responde con los ojos cerrados, inhalando profundamente antes de levantar la vista y poner una linda sonrisa en sus jugosos labios.
¿Acaso esta mujer no es consciente de todo lo que despierta en mi?
Al parecer no, o solo nos pone a prueba.
–Basta de tanta charla innecesaria, ahora en lo que damos el recorrido tendré que explicarle nuevamente lo que tendrá que hacer.
Oye ¿Tú quieres acercarla o alejarla?
Quiero que me necesite.
Pues no vas por muy bien camino amigo.
Mi conciencia dando consejos, sé que tal vez no es la mejor manera, pero el fin justifica los medios.
Y gritarla parece la mejor opción, estas mal, muy mal.
Cállate de una vez por favor.
Me separó a regañadientes de ella y acomodo el saco y corbata, estar así, tan cerca de ella solo hace estragos en mi.
En tu amigo querrás decir.
También.
Le hago una señal con la mano para que salga de la oficina, y poder ver nuevamente ese gran trasero mientras camina frente a mi.
Sin que lo note acomodo el bulto qué ya está más que despierto entre mis piernas, y continuó el camino en su dirección.
Salimos de la oficina y nos dirigimos en primera instancia al sótano 1, donde se encuentran todos los equipos de cómputo centrales.
Estar en un espacio tan reducido como lo es el elevador con ella, de lo único que me dan ganas en este instante, es de parar la caja y...
Suena el bendito aparato indicando que hemos llegado, es la primera vez que se me hace tan corto llegar acá, desde mi oficina son 32 pisos ¿Cómo es que no duro nada?
– ¡Hay pero por Dios! – Su ojos y su boca están tan abiertos que...
Dilo puerco, no te mides.
La que quiero que me mida es ella, se verá hermosa a mis pies y con esa misma expresión.
Amigo a la vista, amigo a la vista.
¡Demonios!
Trato de acomodar a la más que visible erección que ya resulta hasta dolorosa, tenemos que salir rápido de aquí o no respondo.
– Este es el piso dedicado al área de cómputo central, al fondo podrá encontrar la oficina del jefe de sistemas, quien se encarga del mantenimiento y coordinar cualquier emergencia con las diferentes áreas, a pesar de tener un equipo de última generación, no estamos exentos de en algún momento, tener una caída de sistema.
– ¿Podemos dar un rápido recorrido?
–Claro, en lo que usted revisa el área, yo iré a buscar al encargado para presentárselo.
– Gracias Samuelle, verá que aprenderé todo, lo prometo.
Mi mirada se hace oscura ante aquella promesa y mi cabeza ya empieza a imaginar todo lo que quiere que aprenda, ella no solo será mi empleada, será todo y cuando digo todo, significa que la silla a lado de la cabecera del comedor qué está vacía, será su lugar muy pronto.
Así de seguro estas he.
Yo no hago afirmaciones al viento, es un hecho que en menos de lo que imagino ella será mi...
– Samuelle, que gusto verte por acá.
El jefe del área llega con una sonrisa de oreja a oreja, me tiende la mano, la cual recibo y me da un abrazo.
– Fede vengo a presentarte a Adali, quien desde mañana será mi asistente, Adali, él es Federico, el jefe de área.
– Un placer señorita – contesta el muy cara dura viendo de manera coqueta a mi mujer.
No vayas por ahí, sabes que no es tuya.
Pero lo será, y muy pronto.
– El gusto es mio – Responde ella con una brillante sonrisa, que me hace tensar, esas sonrisas solo deberían ser mías.
Hay no, ni que hacer contigo, sabes a la perfección que entre Fede y Adali jamás podría haber algo, pero te gusta hacerte el imbécil.
Oye espera, hay pero si soy...
Y vaya que lo eres.
Mientras yo me hacia un ocho pensando estupideces, ambos estaban en un pequeño recorrido por el lugar, al cabo de unos minutos regresan, ambos se despiden con un beso en la mejilla, y salimos para terminar el recorrido por cada piso.
El recorrido más tortuoso de mi vida, soy consciente de que este día no fue como lo esperaba, a los únicos que les puedo pasar por alto que la vean es a Fede y a Dante, pero aguantar que por lo menos tres tipejos por piso la quisieran devorar, fue más de lo que pude soportar.
Mi cara era fiel prueba de ello, pues mientras ella sonreía asombrada por todo con lo que podría trabajar, yo estaba qué moría por taparles los ojos a todos.
Y esto a penas comienza...