Los rayos de sol comenzaron a abrirse paso, iluminando la habitación y no me despertaron solo a mi, sino también a Simon. El pelirrojo dejó escapar un bostezo, y después de luchar mucho consigo mismo, abrió los ojos. Yo me senté en la cama y le dediqué una sonrisa. Simon también sonrió, pero su expresión cambió de un minuto a otro. De manera nerviosa se pasó la mano por el pelo y permaneció unos segundos en el silencio. —Esto... ¿Qué haces aquí? —Preguntó con la voz ronca. —Tuve una especie de sueño en el que salíamos nosotros dos. Vine para contártelo, pero me quedé dormida. —En su mirada apareció una pequeña chispa de emoción, pero de manera casi inmediata volvió la expresión indiferente. —Déjame adivinar y tu crees que fue un recuerdo. —¿Por qué te lo tomas así? Creía que quería

