Los días han pasado, parece mentira, una semana después de haber nacido Nico, cumplí los veintiún años. No he dejado de recibir elogios de Edmund, la vida de un momento a otro volvió tener luz, aunque él era la iluminación. Nico como lo apodó su padre, era un bebé fuerte y lleno de vida. Tenía mucho de su padre biológico, la gente que lo visitaba no dejaba de halagar a Edmund diciéndole lo iguales que son. —No nos miramos cuando la gente dice eso. Solo era palabrería para hacerle un cumplido. De todas formas, estamos felices, a él se le nota cada vez más. Al llegar a casa, lo primero que hacía era besar la frente del bebé, he visto como le brillan los ojos al cargarlo. No ha vuelto a dormir conmigo desde la tarde del nacimiento de Nicolás. Mi hijo se ha convertido en el ser más fotogra

