Capítulo 19:Un día de campo.

1690 Words
Lo observo con esa sonrisa y esa mirada llena de seguridad, pidiéndome que salte, asegurándome que voy a sobrevivir. Aunque odio profundamente el fuego y mi mayor temor es morir quemada, acepto saltar al vacío. —¿Cuándo? —pregunto con una mezcla de anticipación y nerviosismo. Él sonríe como un niño chiquito cuando le has cumplido un capricho. —Deja organizar todo, sigamos con esto de Kayla y su familia, y cuando tenga todo lo necesario, nos vamos. —Bueno, dejaré todo esto en tus manos —respondo, acercándome para besar sus labios—. Me iré contigo donde sea. Con una sonrisa en el rostro y un nuevo sueño en mente, cerramos los ojos y quedamos sumidos en un sueño profundo. Mi alarma suena, la apago rápidamente y me levanto para cambiarme. Él da vueltas en la cama hasta que no me siente. Abre los ojos. —¿Ya te vas? —pregunta con voz adormilada. —Sí, no quiero sorpresas —respondo con firmeza. —Será así hasta que nos vayamos de aquí —murmura antes de volver a cerrar los ojos y dejarse llevar por el sueño. Salgo sigilosamente de la habitación. Una vez en la mía, me dejo caer en la cama y cierro los ojos por un momento más de descanso. Golpean a mi puerta con insistencia, me levanto y abro. Es mi madre, la miro con fastidio. —¿Qué? —pregunto con impaciencia. —Kayla y sus padres ya están aquí, y tú no estás lista aún, ni tú ni Dixon —me informa con un tono de urgencia. Suspiro resignada. —Estaré lista en cinco minutos. Cierro la puerta y me dirijo rápidamente al baño para ducharme rápidamente y no hacer esperar a esas personas. En el camino hacia la casa de campo, yo conduzco mi auto llevando a mi madre, su novio y Amy, mientras que Dixon lleva a sus “suegros” y a Kayla en el suyo, también a su hermana. Vamos escuchando música en la radio y siento la tentación de cantar, pero me abstengo. Me prometí nunca volver a hacerlo. —¡Kayla vino muy bonita hoy! —comenta mi madre, tratando de romper el incómodo silencio. Veo que Amy hace un gesto de desaprobación desde el asiento trasero. ¿Desde cuándo la atracción que tiene por Dixon se volvió tan grande? —¿Le avisaron a mi esposo? —pregunto, olvidando por completo que pudiera llegar y no encontrarnos. —Yo lo llamé —responde Tristan—. Supuse que te habrías olvidado, con lo rápido que salimos de casa. —Bien —murmuro. Cuando estacionamos en la entrada, los cuidadores de la casa nos reciben. Hasta ese momento, ellos solo sabían que el Señor Fitz se había vuelto a casar, pero no sabían con quién. Nos saludan con amabilidad, pensando que mi madre es la dueña de la casa. Me divierto con la confusión. —Soy yo la señora Fitz —les aclaro, extendiéndoles la mano—. Ella es mi madre, la suegra de Viktor. —Así es —confirma Dixon, poniendo su brazo alrededor de mis hombros—. Ella es mi horrible madrastra. Río y lo miro, percatándome de que nuestra mirada puede ser muy comprometedora. Me alejo de él rápidamente. —¡Mil disculpas! —se apresura a decir la señora, avergonzada—. Le preparamos la mesa afuera, pero si tienen frío podríamos… —No, está bien. Me gustaría montar a caballo un rato ¿se puede? —interrumpo, deseando hacerlo con urgencia. —Son suyos, señora —responde el cuidador, ofreciéndome llevarme al establo. Me volteo hacia el grupo. —¡Están en su casa! —exclamo, emocionada—. ¡Diviértanse! ¡Conozcan! ¡Dixon, cuida a tus suegros! Miro a los caballos, uno por uno. —¿Le gustaría uno en particular? —me pregunta el cuidador. —Sí, el del señorito Dix. Asiente y me lleva hasta él. Al final del establo, lejos de los demás, se encuentra aquel caballo majestuoso de pelaje castaño, reluciendo bajo la luz tenue. Su mirada avellana brilla con curiosidad mientras me acerco a él. Sus músculos tensos sugieren una fuerza serena, lista para responder a mis indicaciones. Bajo mi mano, su crin suave y suave cede con gracia, revelando una confianza profunda en nuestra conexión. Una vez que ha aceptado mi cercanía, Humbert me ayuda a colocar cuidadosamente la silla sobre su lomo, asegurándome de que esté bien ajustada antes de montar. Con un movimiento fluido, me elevo sobre su espalda, sintiendo el calor de su cuerpo debajo de mí. Mis piernas se ajustan a sus costados, comunicándole mis instrucciones a medida que nos preparamos para salir juntos. Al dar la señal, el caballo me responde avanzando con paso decidido. Nos movemos despacio, como si fuéramos uno solo, nos vamos a dar paseo por la zona. Cada movimiento del caballo es una extensión de mí. —. Bien, Big—le susurro al viento. Así se llama—. Iremos a ver a papá. Cabalgamos juntos hacia donde se encuentran todos, listos para preparar el almuerzo. Al detenernos, encuentro la mirada de Dixon, iluminada por una sonrisa que refleja el entendimiento mutuo. Él sabe por qué elegí a su caballo entre todos los demás en el lugar, y es tan simple como con Big, porque la conexión es inmediata y la confianza en mutua. Él se aproxima a nosotros y con gestos cuidadosos, acaricia a su caballo, sus dedos rozando el pelaje con una ternura que refleja el amor que compartimos. —Hola, pequeño—susurra en un tono apenas perceptible—. ¡Cuida mucho a mamá!—dice solo para que nosotros podamos escuchar. Una sonrisa se intenta forma en mis labios, pero mi corazón late con fuerza y la descarto lo más rápido posible. —Enseguida vuelvo—respondo con voz alta para que todos. Con un suspiro contenido y un ligero toque de los talones, guío a mi caballo hacia adelante, apartándonos del lugar. Cabalgamos hasta el final del terreno de los Fitz y entonces nos detenemos. Admiro la vista de los árboles y las flores que crecen sobre el pasto. Me siento a esperar las ganas para querer volver. Recuerdo con nostalgia la última vez que cabalgué a mi caballo, Pompón, antes de perderla en esa maldita subasta debido a una deuda millonaria provocada por mi padre. El eco de nuestros galopes aún resuena en mi mente, como un susurro de tiempos pasados llenos de inocencia y libertad. Me pongo de pie y acaricio a Big, buscando consuelo en su presencia. —Seré una buena madre —le confieso en un susurro, como si él pudiera entender mis palabras y mi dolor—. No nos iremos sin ti, lo prometo. Después de una hora, dejo a Big en su lugar y regreso con el resto. Están sentados alrededor de la enorme mesa, Viktor ya está aquí. Me acerco a él con una sonrisa forzada y le doy un beso seco en los labios, apenas rozándolos, como un gesto mecánico más que una muestra genuina de afecto, para evitar que Dixon sienta incomodidad. —¿Pudiste solucionar el problema? —le pregunto, intentando sonar interesada en ese tema, aunque en realidad mi mente está en otro lado. —Sí, ya está resuelto. Ahora podemos disfrutar de este almuerzo —responde Viktor con una sonrisa que no alcanza a llegar a sus ojos. Aparto mi mirada y diviso a Tristan, solo. Tengo una charla pendiente con él, algo más urgente y personal que las trivialidades que suelen ocupar mi tiempo junto a Viktor. Me acerco rápidamente sin darle explicaciones a mi marido. Él me ve llegar y pone esa cara de idiota que no sabe nada, como si nunca pudiera entender lo que realmente está pasando en mi cabeza. —Quería hablar contigo sobre algo que me comentó Dix —suelto inmediatamente, sin preámbulos. Tristan finge sorpresa ante mi ataque, pero sé que en el fondo sabe perfecto de que le voy a hablar. —¿Por qué insististe en que Dix saliera con Amy? ¡Yo había sido clara contigo sobre eso! ¿no? —mi tono es agudo, cargado de tensión reprimida. —No, de hecho, solo dijiste que te alejarías de él porque te chantajee —responde Tristan, manteniendo la calma. —Tristan, por favor —rio sarcástica—, ¡tú no tienes el poder ni la inteligencia para chantajearme! —Otra vez me estás menospreciando, linda. Revoleo los ojos, no quiero prolongar esta discusión. Quiero saber por qué quiere que mi hermana esté con Dixon. —¿Cuál es el motivo de esa unión? ¡Por qué tú nunca sales sin un as bajo la manga, Tristan! —Cuido tu matrimonio, mi querida hija —responde con una sonrisa tan interesada que me pone la piel de gallina—. Y también el futuro de Amy. Si tú aburres a Viktor, si lo cansas con esos planteos estúpidos de "niña pura", quiero asegurar nuestra pertenencia en esta casa. —¿Quieres que Amy se case con Dix? Tristan duda un momento y luego asiente. —Básicamente. —¡Estás loco! ¡Eso no va a pasar! —exclamo, furiosa—. ¡Y creo que eres consciente del por qué! —Sí, aunque no lo creas, soy bastante observador. Puedo notar la tensión que existe entre tú y el "pequeño niño guapo". Pero también he notado la guerra de Viktor con Dixon, un hombre que siempre se ha destacado en todo, que ha sido el mejor. No puede permitir que su hijo le quite el puesto, ¿verdad? —me pregunta con ironía, sabiendo que también lo he notado—. Y un hijo que solo quiere que su padre lo ame y lo acepte. Yo voy a arreglar eso. Esa unión será mi punto de partida. Y cuando Dixon se lleve tan bien con su padre, no le quedará otra opción que dejarte en el pasado y enamorarse de nuevo, de Amy específicamente—termina con una sonrisa maliciosa.
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