Lo observo ahí sentado en esa silla giratoria con esa sonrisa tan conquistadora como si esto fuera divertido, como si fuera un juego para él. No le preocupa nada, ni nadie, solo está pensando en lo que él quiere. Alguien tiene que ser la cabeza pensando de este equipo.
—. Dixon
—. ¡Te necesito, Bea! No sabes lo que tuve que aguantar este día. Necesito estar en paz unas horas entre tus brazos.
Sus palabras me hacen sonreír, y alimentan a mi corazón que se ha vuelvo incontrolable Me rindo, no quiero ser la cabeza pensante.
—. Bien. Y anota mi número, la próxima envíame un mensaje.
—. Te escribiré todo el tiempo. Me entrega su celular para que yo ponga mi número en él.
—. No lo hagas, podría estar Viktor.
—. Ponle contraseña al celular, Bea y ponle una que yo sepa. Se ríe—. Quiero aclararte algo, soy muy celoso y un poco toxico.
Levanto la ceja de manera divertida y me cruzo de brazos—. ¿A sí? ¿Y por qué me aclaras eso?
—. ¿Cómo que por qué?—da un giro completo en la silla y cuando vuelve a estar frente a mis ojos—. Por qué eres mi novia, Bea. El resto es solo pantalla.
Me acuerdo de Kayla y la cara me cambia completamente—. No puedo ser tu novia, ya tienes una.
Él se hunde de hombro—. Sí te molesta la palabra novia podría decir que eres mi amor.
Asiento—. Esa me gusta un poco más. La puerta se abre y saltamos de golpe, es Amy ¿Qué habrá escuchado? —. ¿Sucedió algo Amy?
—. No, solo que ya termino la película y ya me voy a acostar ¿mañana a qué hora salimos?
Me muestro confundida con su pregunta, no teníamos ningún plan—. ¿A dónde?
Dix si parece saberlo porque se levanta de la silla y lleva una mano a su corazón—. ¿Cómo lo olvidaste, madre? ¡Al almuerzo en la casa de campo que tú organizaste con los padres de Kay!
—. Creí que quedo en la nada—realmente yo no organice nada, quedo en un simple comentario—. Pero, tú padre volvió a viajar.
—. Es que…tu madre ya hizo todo, ellos estarán mañana temprano.
—. ¿Mi madre?
—. Sí, es que Kay esta ansiosa y llamó a preguntar, atendió Tristan y él y tu madre organizaron ¿pensé que lo sabía?
Oh—. No, pero…—miro a Amy—. Temprano, Amy. Ve descansa, yo te despierto si te quedas dormida.
—. Bien, tomaré mi pastilla para dormir. ¿Subes, Dix? —le dice indicando que suban juntos.
Él asiente y se despide de mí para caminar junto a Amy. Aprieto mi mano y revoleo los ojos, tengo que acostumbrarme a estas escenas, viven en la misma casa y tenemos que disimular. Si pudiera cambiar solo algo, mover alguna piedra en el tiempo. ¿Estaría en está casa de la forma en la que me gustaría?
La noche esta oscura en la pequeña habitación de Dix, hace una hora que todos se durmieron, corrí lo más que pude en silencio para lazarme entre sus brazos y acostarme en su cálida cama. Después de hacer el amor, nos quedamos acurrucados, acariciándonos.
—. ¿Por qué quieres que sea tu amor?—le pregunto intrigada.
—. Por que contigo siento tanta paz y tanto miedo. Algo cambió dentro mío el día que te conocí, llámalo amor a primera vista o como quieras, pero…desde entonces, no puedo dejar de pensar en ti. Y lo digo literal, a veces en el día mientras hago mis cosas me detengo porque me doy cuenta que estoy pensando que serás esas cosas que haces tú mientras yo hago las mías. Y me pregunto ¿podríamos estar haciendo lo mismo?
—. ¿En serio?—me enternezco.
—. Sí. Y cuando llega a casa y te veo después de todo el día lejos me pongo contento, aunque no hablemos ni unas palabras, a pesar de tener que mirarte de lejos y escuchar como tus palabras son dirigidas a otra dirección.
Muerdo mi labio intento que estas palabras no corrompan la dureza de mi corazón.—. Saber que estás en la casa es lo único que hace sentir en casa, cuando no estás aquí no se hacía donde correr—le confieso y cierro los ojos para tragar las palabras que no puedo decir porque tengo un nudo en la garganta.
—. Escuché lo que le prometiste a mi padre—me confiesa y acaricia mi cuello con el collar en él—. Sé que es una promesa vacía, igual que el te amo que dijiste antes que se vaya, pero necesito preguntar. ¿Lo amas?
—. No.
—. Gracias—me susurra. Después estira el collar de mi cuello hasta que este se rompe —. ¿Qué carajo haces?—me quejo del dolor que me causo.
—. No quiero que uses eso, menos cuando estés conmigo así.
—. ¿Y era necesario jalarlo así?—le pregunto ofendida.
Él que lo tiene extendido en su mano lo mira con determinación—. Sí se rompió tan fácil no es muy bueno ¿no?
Tiene una mirada ligeramente oscura, y fría mientras mira el collar con tanto desprecio como si lo odiará—. Es lindo, creo—le resto importancia.
—. Sé que te gustó—me dice aún si posar su vista en mí solo en el collar—. Pero, yo te daré mejor. Finalmente me mira para sonreírme, pero su sonrisa es de envidia, creo que está compitiendo en su mente con su padre y me preguntó ¿habrá sido así siempre?
—. ¿Cómo se llevaban tú y tu padre antes de mí?
—. Cuando volvía de Francia o donde estuviera, las primeras semanas éramos unidos y mientras más me quedaba en la casa, más nos distanciábamos, peleamos por todo y él decía ser el mejor. El mejor abogado, pobre hijo de Viktor Fitz, nunca será ni la mitad de buen abogado que su padre—dice con esa mirada nuevamente.
—. ¿Por eso dejaste la carrera?
—. ¿Y de qué me servía? ¡Si ya estaba condenado al fracaso! ¿Y con tu padre?
Suspiro y recuerdo a mi padre, su sonrisa, sus ojos azules como el cielo en un día de mucho calor—. Era un hombre grandioso, fue muy dedicado a mi hermana y a mí, ahora siento un resentimiento por todo lo que ocurrió, y por lo de aquella mujer, a pesar de eso…lo recuerdo con mucho cariño y recordarlo así me lastima, quisiera odiarlo para que sea fácil el saber que no está—y las lágrimas comienzan a salir—. ¡Es mi padre, Dix! Y… ya no puedo decirle papi. Sollozo. Él me abraza fuerte.
—. Así recuerdo a mi madre, amor—me dice suave y la forma de llamarme me tranquiliza—. Ella sí me quería, aunque fuera un fracaso.
—. No eres un fracaso, amor—le digo y me limpio las lágrimas—. Solo no eres lo ellos quieren que seas. Puedes intentar buscar quién eres.
—. ¿Y tú quien eres? ¿La esposa de el señor Fitz? ¿Mi amor? ¿La futura arquitecta? ¿La hermana dedicada? ¿La hija perfecta? ¿La señora de la casa gruñona? ¿Cuál de esas eres tú?
—. Todas y ninguna. Si pudiera cambiar algo, lo cambiaría todo. Me iría lejos y pondría un hotel—recuerdo mi sueño nuevamente, antes de conocer a Viktor, antes de lo de mi padre. Yo soñaba con la construcción de un hotel grande, que parezca una casa con muchas habitaciones donde las personas no solo pasen la noche, si no que pasen un cálido día también.
—. ¿Tu sueño es ser hotelera? Se ríe y me besa la frente—. ¡Qué tierna!
—. Es más digno que quedarme a recibir migajas. Él me suelta y se sienta en la cama mirándome fijo, no puedo tomármelo en serio
si está desnudo.
—. ¡Vámonos lejos y abramos ese hotel!—exclama con euforia.
Me carcajeo—. ¡Estás loco! ¿Dónde vamos a ir?
—. A cualquier lugar lejos donde podamos empezar de cero.
Continúo riendo—. Te aburrirías de mí en cinco minutos.
—. ¡Hablo en serio, amor! ¡Vámonos! Dejemos todo, no puedo darte la misma vida que mi padre o la vida que acostumbras, pero podemos poner ese maldito hotel.
Muerdo mi labio, emocionada porque me encanta escucharlo así—. Dixon, ese es mi sueño…pero no es el tuyo.
—. ¡Vámonos, Bea! Mi sueño es dejar de esperar esas migajas de las que hablas. ¡Ven conmigo! ¡Yo me iré...! ¿Vienes?
El pecho se me oprime, me siento en la punta de un acantilado donde las opciones sobre dar paso atrás y morir quemada en una hoguera por las personas que más te juzgan en mundo o saltar al vacío sin ninguna seguridad de sobrevivir. Lo observo con esa sonrisa y esa mirada llena de seguridad, pidiéndome que salte, asegurándome que voy a sobrevivir. Y es saltar o morir quemada y el segundo es el peor de mis miedos.