Me levanto de la cama en un salto, y comienzo a vestirme. Dixon se aproxima a mirar por la ventana y escuchar todo. Entra a la habitación nuevamente y me hace seña para que me dé prisa.
—. Mi padre se entretuvo hablando con tu madre—abre la puerta y ve si no hay nadie, me hace seña.—. Ve por el ascensor—me indica.
Asiento y salgo corriendo al ascensor con el corazón en la boca, me subo. Él a pesar de su preocupación me tira un beso, este va cerrando y solo logro decirle adiós con las manos. Cuando salgo de la habitación entro corriendo al mía, me quito la ropa inmediatamente colocándola en el cesto de basura y me pongo la bata de baño. La puerta se abre y doy un salto del susto.
—. Soy yo, amor—me dice Viktor entrando en la habitación.
—. Amor—me acerco y dejo que me de un beso en la mejilla.
—. ¿Recién te despiertas?
—. No, solo estuve haciendo ejercicio y escondiéndome de mi madre, ahora me bañaré.
—. Sí, me dijo que habías salido.
—. No, solo me escondí.
—. Espera y me baño contigo.
Me apresuro a hablar casi en un grito—. No. Él se queda perplejo—. Es que haré mi baño, ya sabes cuanto puedo tardar.
—. Claro, querida. Iré a despertar a Grace y a Dixon, intenta no tardar tanto así desayunamos todos juntos
Asiento. Me meto al baño; me quito la bata, lleno la bañadera y luego me meto en ella. Me quedo ahí sumergida en el agua caliente repasando en mi mente la noche. Fue un peligro, fuimos demasiado lejos y casi nos descubren. Lo que ocurrió anoche tiene que ser el final de lo nuestro.
Me termino de bañar, me cambio y me dirijo al comedor. Veo a los tres sentados esperándome para desayunar, me siento en mi lugar e intento evitar las miradas de Dixon quien evita las de su padre.
—. Pensé que llegabas a la tarde—le dice Dix nervioso. Me imagino de imaginar porque su padre está aquí a esta hora.
—. Sí, pero terminé antes, además me preocupaba dejar todo en tus manos.
Mi visión enfoca a Viktor inmediatamente y frunzo el ceño—. ¿Por qué Viktor?
—. Dixon no es alguien a quien le confiaría mis asuntos de trabajo—explica—. No a esta a la altura, me ha demostrado que no es alguien que pueda si quiera cuidar de sí mismo. Me encantaría que sea él quien manejé la empresa que mi padre me dejó, pero aún no está preparado—aclara.
Dixon juega con su cabello y la mirada se le oscurece. Esta enfadado. Se ríe sarcástico, pero decide sellar sus labios y no discutir.
—. ¿Qué te da risa, Dix? ¿Ser tan irresponsable?—tantea Vik.
—. ¡Pueden evitar pelear en mi mesa!—exclamo—. No me interesa estos asuntos empresariales, aquí en la casa somos una familia. Y yo confío en Dixon, sé que es responsable y autentico.
Dixon sonríe por lo bajo. Viktor bebe su café en silencio y la conversación termina ahí, pero sé que seguirá, pero conmigo como protagonista. Unas horas después me arreglo para salir a caminar con mi hermana un rato, me pongo mis tenis deportivos. Viktor entra en la habitación y pone sus manos en mis hombros, se inclina para besarme y me pongo de pie.
—. Se me hace tarde—le digo.
—. Puedes decirle que te esperé unos minutos. Se acerca mí e intenta darme un beso. Le corro la cara—. ¿Qué sucede?
—. Nada, te dije que se me hace tarde.
—. Esto no es de ahora, Bea. Hace tiempo vienes evitándome.
—. Lo hicimos antes de te vayas de viaje.
—. Sí, pero acabo de venir, quiero un poco de intimidad con mi esposa.
—. ¡No todo es sexo, Viktor!—bufo—. A mí no me da ganas, no soy esa clase de mujer y lo sabes, me conociste así o es que acaso cuando me conociste te provoqué o algo. ¡No! Yo no soy así y punto. Si te molesta ¿para qué te cásate conmigo?
Viktor bufa—. ¡No puedo creer lo que estoy escuchando! ¿No quieres tener sexo con tu esposo? ¡Estamos recién casado, Bea! Se supone que ni salgamos de la cama.
—. ¡No quiero tener sexo, ahora! ¿A caso me vas a obligar? Él da un paso hacía adelante y luego, retrocede y no dice más nada—. Se me hace tarde, me voy.
Salgo de la habitación y veo a Amy parada al costado de la escalera con un gesto de preocupación. Salimos de la casa en silencio y caminamos hasta una plaza cerca de la casa donde decidimos dar unas vueltas.
—. Llegué a escuchar tu conversación con Viktor—revela.
—. ¿Qué piensas?
—. Bueno, no lo sé. Se encoge de hombros—. Creí que eran felices.
—. ¿La felicidad se mide por la cantidad de veces que tengamos sexo?—pregunto, aunque solo me intento escusar.
—. No—aclara—. Pero ¿y el deseo? ¿el amor?
—. Sigue intacto, solo no quiero estar tirada en una cama y sudada.
Ella se comienza a reír—. ¡Esta bien! Pero deberías hablar con Viktor decirle que no eres una persona muy s****l.
—. Lo sabe. Ella asiente—. ¿Qué tal tu noche con Viktor?
—. Encantadora—alardea— Bailamos, nos reímos, me regalo una rosa.
Aprieto mi mandíbula—. Que tierno de su parte.
—. Sí, en un momento sonó una canción viejísima, que me dio nostalgia y la bailamos lento. Puede decir como su corazón latía.
—. Bueno ¡basta!—exploto y luego, me doy cuenta— ¡Recuerda que tiene novia! Y está muy enamorado de ella.
—. La verdad dudo que sea así, quizás yo podría…
—. ¡No!—exclamo—. No te acerques a Dixon…
—. ¿Por qué? Yo noto cierto interés de su parte en…
—. Porque yo le dije—invento—. Yo le dije que se acerque a ti.
Ella se detiene y me mira con el ceño fruncido—. ¿Qué hiciste qué?
—. Mi plan era que tú salieras más, que volvieras a adaptarte a la ciudad, pero ahora que notó que tus metas están puestas en otro lado, tengo que confesarte—le explico.
—. ¿Tú le pediste a Dix que se hiciera mi amigo? Asiento—. ¿Él sabe lo…
Niego con la cabeza—. No, solo le dije que estuviste mucho encerrada en la casa de los abuelos.
Noto que se le asoma una lagrima. Mierda, la estoy hiriendo.—. Entonces no es genuino ningún acercamiento hacía mí—se queja ahogando sus palabras.
Perdón Amy, no entiendo porque hago esto, pero sé que es por tu bien, hermanita—. No, él no es completamente genuino contigo o no lo sé, quizás ahora sí quiere ser tu amigo de verdad, pero…no tiene ese interés que te estás creando en tu cabecita.
Ella ahora me observa sorprendida—. ¿Desde cuándo me hablas así?
—. Después de todo lo que ocurrió quiero ser dura contigo y que tengas los pies en la tierra. ¿Sabes que lo hago por ti?
Ella finalmente asiente y me abraza—. Sí, lo sé—se separa—. Pero ya no te metas en mi vida, Bea. Yo puedo hacer mis propios amigos, no te olvides ¡Que yo soy la mayor!
Asiento y siento un poco de alivio, aunque debería sentirme mal, cuando regresamos a la casa en la sala esta Dixon mirando televisión.
—. ¿Cómo les fue a las mujeres más hermosa de la casa?—dice y sé que me lo pregunta a mí. Su falso plural me encanta.
—. Bien—respondo sonriendo.
—. Bien—responde desganada Amy.
—. ¿Harán algo esta noche?—pregunto cínica.
Amy me mira frunciendo el ceño. Me encojo de hombros restándole importancia al asunto, Dixon me mira como si no creyera lo que estoy pregunta.
—. ¡No sé! Si Amy quiere…
—. Claro, si Amy quiere…porque a ti te llevo obligado ¿no?—bufa Amy.
Y yo me aguanto las ganas de reír.
—. ¿De qué hablas?
—. Ya no hace falta que finjas que la pasas bien conmigo, ni que te diviertes. No es necesario ni que hables conmigo. Me voy a bañar.
Sale de la sala y me comienzo a reír.
—. ¿Qué fue eso?—me reclama Dixon.
—. Te lo dije, si tú no te alejabas de ella, yo haría algo al respecto.