Él me está mirando mientras niega con la cabeza, su mirada desconcertada me indica que estoy haciendo algo mal. Yo continuo con la mirada decidida, sé que quizás los métodos no son muy buenos, quizás lastimé un poco a mi hermana en el camino, pero quiero que se alejé de Dixon porque él es mío. Esa es la única verdad.
—. ¿Qué le dijiste?
—. Le dije que yo te había pedido salir con ella. La pobre se estaba haciendo falsas ilusiones, solo le ahorre tiempo.
—. Y ahora cree que salí obligado con ella y que me aburría —bufa—. Yo soy el malo de la película.
Me pongo sería, la sonrisa se me borra, que fácil que es molestarme con él.
—. No hubiera tenido que recurrir a eso sí me hubieras hecho caso desde un principio —me quejo. Y me pongo de pie—. Pero si tanto quieres salir con ella, ve y convéncela de que lo que yo dije es mentira. Le apunto en dirección a la puerta.
Él se pone de pie y se acerca a mí—. No quiero pelear, amor. Lo que pasamos anoche fue increíble, no dejemos que nada dañe eso.
Sigo molesta—. Alguien puede oírnos. Me aparto, pero me agarra del brazo.
—. ¿Estamos bien?
—. Sí—me suelto.
—. Veámonos esta noche en el jardín, en la casita abandonada.
Hablando de la casita abandonada, es la casa que le prometí a Tristan para que se mantengan lejos de la casa grande. Es hora de que comienza con esos arreglos.
—. No sé si pueda está noche, tu padre ya
está aquí.
Escuchamos pasos, es Viktor que entra en la habitación, la tensión se siente tanto que se puede cortar con un cuchillo. Él se arremanga la camisa y se sienta en el sillón.
—. Necesito hablar contigo, Dixon—dice.
—. Me retiro entonces—digo para zafar de toda esta situación.
—. No, está bien…también quiero hablar contigo.
Miro a Dixon en un segundo y él evita mi mirada, puedo notar que la mano le tiembla, nos sentamos en el sillón. Viktor es de esos hombres serios que asustan, incluso cuando le pidió mi mano a mi madre como acto de cordialidad lo hizo parecer una amenaza.
—. Hoy a la mañana, Bea me hizo ver un error en mí. Frunzo el ceño confundida—. Que quizás soy yo quien te atrasa, Dix. Como padre siempre te he menospreciado porque de alentarte se encargaba tu madre. Dix asiente y solo agacha la cabeza. —. Y el no creer en ti puede estar causando este comportamiento irresponsable, así que decidí creer en ti. Recíbete, hijo porque todo lo que tengo te pertenece.
—. Wow, yo no me esperaba estas palabras de tu parte—le confiesa, realmente sorprendido—. Esta vez no voy a fallarte, padre.
Aprieto con fuerza la tela del sillón cuando escucho eso último.
Viktor le brinda una sonrisa y luego, posa su mirada en mí—. A ti te debo una disculpa, amor. ¿Me aceptarías una cena? ¡Solo tú y yo!
—. Sí—respondo. Él se levanta del sillón y me pide la mano, se la doy y deposita un beso en ella.
—. Tengo preparado algo especial para ti.
—. Mejor me voy a preparar.
—. Yo a mi habitación—habla Dixon
Me meto en la habitación, me siento en la cama y me quedo mirando el enorme placar blanco. Él no quiere fallarle a su padre, pero quiere estar conmigo y esas opciones no van de la mano. Y yo adoro a Viktor, pero no logró amarlo. Y mientras más tiempo pasa, comienzo a sentir siento resentimiento con su presencia. Es que, aunque pidiera el divorcio ahora mismo, Dixon correría hacía mí y todos quedaríamos de nuevo en puta calle.
Camino al armario y saco un vestido largo de color claro, me siento frente a mi mesa de maquillaje. Me comienzo a maquillar para esta noche, cuando termino Viktor entra en la habitación.
—. Me bañaré y estoy.
—. Sí, iré al comedor.
Salgo de la habitación y escucho voces en
la sala, mi madre con su novio, Amy, Grace y Dixon están sentados conversando. Se voltean a verme.
Mi hermana sonríe amplio y se acerca—. Estás hermosa.
—. ¿Saldrás con tu esposo, hija?
Asiento—. Tiene algo especial preparado para mí.
—. ¡Qué envidia!—se queja Amy y me abraza
—. De la buena, obvio.
—. Cenaremos solitos esta noche entonces—aporta mi madre.
Dixon me hace ceña con la mirada para que salga del lugar,
—. Sí, ¿aún no le sirvieron?—pregunto.
—. No.
—. Iré a ver.
—. Mi celular—dice Dixon buscando en sus bolsillos—. Iré por él a mi habitación, usaré el ascensor de servicio ¿puedes usar las
escaleras?
Asiento y camino hasta las escaleras que están solo un pie de distancia de las escaleras. Él me hace ceña con la cabeza de que me dirija hacía abajo. Cuando se sube al ascensor, bajo las escaleras lo más rápido que me permiten mis tacones, cuando me meto en la cocina, Teresa me saluda.
—. ¿Señora? ¿Se le ofrece algo?
—. Sí, saber si la comida ya está lista.
—. Sí, de hecho iba a poner la mesa ahora mismo.
—. Dile a Selene que te ayude, así lo hacen más rápido.
—. Claro, dejaré estos vasos en la mesa y ya le digo—me dice con una bandeja llena de vasos, camina hasta el ascensor.
—. ¡Teresa!—le grito—. Ve por las escaleras, los vasos se pueden romper—le ordeno.
—. Pero, si siempre los he llevado…
—. ¿Por qué siempre me cuestionas?—le digo enojada—. Acabo de decirte que no vayas por el ascensor, Teresa.
Ella agacha la cabeza—. Lo siento. Camina directo a las escaleras, analizo que nadie me ve y corro, abro el ascensor y él este ahí parado frente a mí. Me agarra del brazo y me jala hasta él.
—. Eres hermosa.
Intento apartarme—. Dixon, no. Lo siento, le dijiste a tu padre que no le fallarías.
—. Lo sé, y mi mente se siente culpable, pero mi alma no para de llamarte. Y verte así con ese vestido que te queda…¡Joder! Eres sexy, Bea. Te deseo con locura.
Muerdo mi labio al escuchar sus palabras y mi corazón no deja de dar saltos en mi pecho—. No puedes decirme todo esto, no aquí encerrados en este ascensor tan cerca el uno del otro.
—. Mi amor, mi Bea…dime que solo serás mías hasta el día que me muera.
Acaricio su mejilla y el besa mi mano—. Lo soy. Soy tuya, Dixon.
Sus labios se estrechan contra los míos, correspondo su beso y me dejo llevar por lo que siento hasta que entró en consciencia, estoy muy expuesto a lo que nos puedan ver. Me arto y salgo del ascensor. Viktor aparece y me estrello contra su cuerpo. Miro de nuevo al ascensor que permanece
cercado y oscuro.
—. ¿Estás lista? —me pregunta. Asiente—.
Tienes un poco de labial ahí. Me limpia la comisura del labio.
—. Ah sí, comí algo, se me habrá corrido.
—. Seguro.
Noto que mira hacia a ascensor y siento una presión en el pecho. Después hace un gesto con la cabeza que quizás solo él entiende. Y me da su brazo para que nos vayamos.
Pongo mi brazo alrededor del suyo y en un momento me suelta. Me quedo helada.
—. Tengo algo para ti, quería dártelo en la cena, pero creo que luciría tan bien en tu cuello con ese vestido. Saca de su chaqueta una cajita y de ella un hermoso collar de oro con un dije de incrustaciones de diamante.
Me volteo para que me lo coloque en el cuello, miro de reojo al ascensor—. Me encanta, Vik—le confieso. Lo toco con suavidad. Y me volteo para sonreírle.
—. Promete que siempre me vas a sonreír así.
—. No es para tanto, Viktor.
—. Claro que lo es, eres la única mujer que me ha traído paz desde la muerte de mi esposa.
Trago saliva y lo abrazo. Me siento culpable y solo espero que Dixok no esté escuchando esto—. Te lo prometo.