Capítulo seis

1505 Words
-Y no quiero verte fuera de la cama -le dijo su madre. Charlie puso los ojos en blanco mientras entraba en su habitación y dejaba caer su mochila sin preocupación. Lanzó un suspiró y se dejó caer contra su cama. había sido un día de mierda y ahora su mamá lo enviaba a la cama como si fuera un niño pequeño. Él ya no se sentía como un niño pequeño, y pensaba que era hora de hacérselo saber a su madre. Ya había crecido, era un adolescente y pronto se convertiría en hombre, así que ya debía dejar de tratarlo como si fuera a romperse. Sin embargo, cuando se giró en la cama, el dolor en su costilla casi lo hace chillar. -Supongo que mi emancipación puede esperar un día más -murmuró con los dientes apretados mientras se acomodaba sobre el edredón. Recogió su celular y deslizó su dedo índice en el sensor para desbloquear la pantalla. Se detuvo por unos segundos antes de pulsar el pulgar en el icono de i********:, mientras pensaba que parecía un psicópata y deslizaba su dedo por la pantalla hasta encontrar la última publicación de Brenda. A veces se sentía fatal por hacer esto de stalkear a la porrista constantemente, sabía que no era sano y lo hacía ver cómo un total idiota, pero no podía evitarlo. Stalkear el i********: de Brenda era lo más cerca que podría estar de la porrista, y Charlie tomaría todo lo que pudiera tomar. * -¿Puedes dejar de manosearte viendo a Brenda en i********:, y bajar a comer? -gruñó Sara cuando entró en su habitación-. Mamá no servirá la comida hasta que estes en la mesa. Charlie puso los ojos en blanco y se alzó sobre sus codos. -No tengo hambre. Lean apareció detrás de Sara. -No negaste el manosearte viendo fotos de Brenda. -No fastidies, Lean -le gruñó Sara empujándolo fuera de la habitación. Antes de salir echó la cabeza hacia atrás y le lanzó una mirada afilada a Charlie-. Y tú, será mejor que bajes pronto. Charlie soltó un suspiro exasperado y se deslizó fuera de la cama. -Ahí voy, mamá. Bajó las escaleras y se movió lentamente hasta llegar al comedor donde estaba toda su familia sentados a la mesa esperando por él. Rápidamente se dejó caer en su lugar habitual junto a Amelia. -¿Te sientes mejor, cariño? -preguntó su madre mirándolo con ojos preocupados mientras su padre cortaba el pollo. Charlie miró a su padre que parecía estar muy concentrado en rebanar el pollo. -Si, mamá -respondió-. Ya casi no me duele. -¿Te lastimaron, Charlie? -preguntó Amelia con su suave vocecita. Charlie le sonrió y le revolvió el cabello. -No te preocupes, Ames, estoy bien. La pequeña asintió y volvió su mirada a su plato mientras Sara le servía el puré de papas. -Charlie -susurró su hermana llamando su atención. Él parpadeo distraído y miró en su dirección, notando que le extendía el bowl de puré. Charlie asintió y tomó el bowl para poder servirse y luego pasarlo a Henry. Tenía los ojos pegados al plato, mientras jugueteaba con los trozos de pollo sin haber probado un solo bocado. Se perdió la forma en que sus hermanos lo miraban, y la forma en que sus padres se miraban entre ellos con preocupación. Amelia habló animadamente sobre su nueva mejor amiga de la escuela, con quien compartió la comida durante el receso, y Sara les contó sobre su nuevo profesor de Química. Luego los gemelos hablaron acerca de la próxima gran fiesta de la universidad, a la cual definitivamente no piensan faltar. No prestó mucha atención a lo que dijeron después de eso, ni siquiera está seguro de haber escuchado correctamente alguna cosa, porque su cabeza divagaba una y otra vez en lo mismo. Las frases de Jacob se reproducían en su cabeza como un bucle y no podía pensar en nada más que eso. Se preguntaba cómo era posible que supiera sobre él, sobre su secreto. Sobre su verdad. Nadie más que su familia, su doctor y su psicólogo conocían acerca de su condición, así que no era posible. -¿Charlie? No fue hasta ese momento que notó como todos en la mesa lo miraban con gestos de preocupación y curiosidad. -¿Qué? -parpadeó desconcertado-. Lo siento, estaba un poco pensativo. Regresó la mirada a su comida. -No tengo mucha hambre ¿puedo volver a mi habitación? -Cariño, no has comido nada -dijo su madre. -Puedes irte -asintió su padre. -Richard -chilló su esposa. -Tranquila, mujer -dijo con serenidad mientras cortaba un trozo de pollo-. El chico está bien, solo necesita tiempo. Hablará con nosotros cuando esté listo ¿verdad, Charlie? -Si, papá. -¿Ya ves? Déjalo volver a su habitación, cuando tenga hambre buscará algo de comida -murmuró-. Es un adolescente, estos tienen hambre a cada momento, no va a morir porque un día no comió a tiempo. Charlie agachó la mirada, una sonrisa divertida tirando de sus labios cuando escuchó el suspiro de su madre. -Está bien -dijo la mujer-, puedes ir a tu habitación. Levantó la mirada y le lanzó una sonrisa. -Gracias, mamá -respondió y deslizó su silla hacia atrás para poder salir-. Gracias, papá. Estaré bien, solo necesito pensar. -Bien, ve a descansar entonces -lo despidió su papá sin mirarlo. Charlie asintió y volvió a su habitación. Sabía que su padre iría después a buscarlo para hablar y debía estar listo para entonces. Se dejó caer sobre su cama y cerró los ojos. * Se despertó por el toque en la puerta de su habitación. Revisó la hora en su celular y se dio cuenta que terminó durmiendo dos horas. Se alzó sobre sus codos, y parpadeó en dirección a la puerta a la vez que su padre entraba con una funda de papel de McDonald’s en la mano. No fue hasta ese momento que sintió como su estómago rugía, y su papá lo notó porque le dio una sonrisa divertida. -Supuse que tendrías hambre -dijo el hombre sentándose al borde de la cama. -Eres el mejor -respondió Charlie. -Si, bueno, tu madre estaba preocupada porque apenas tocaste tu comida y ya estaba estresándose porque no bajabas. -Si, gracias por eso -dijo, sentándose contra el respaldar de la cama. Tomó la funda de papel y extrajo de su interior una enorme big mac. -¿Quieres hablar? -preguntó después de darle un enorme mordisco a la hamburguesa. -Vamos, come primero. Charlie devoró la hamburguesa en unas pocas mordidas y bebió de su soda muy lentamente, queriendo alargar el tiempo antes de tener que hablar con su padre. -Se lo que estás haciendo -dijo él. Charlie alejó el vaso de sus labios y lo dejó sobre su mesita junto a la cama, entonces tomó una papa frita y se la llevó a la boca. -Está todo bien, papá -dijo Charlie-. Lo prometo. -Tuviste una pelea en la escuela, Charlie. -Lo sé, y lo lamento. -Está bien -asintió su padre-. Estabas defendiéndote, eso es todo. La directora dijo que no tendrías ningún problema, pero no puedo decir lo mismo por los otros chicos. -Yo no quise responder, pero me han molestado los últimos cuatro años y creo que me siento un poco harto de todo. -Lo entiendo, hijo, no debes disculparte conmigo por eso -aclaró-. Sin embargo, siento que hay algo que te preocupa y me lo estás ocultando. Ahí está, tan perceptivo como siempre. Su padre siempre parecía saber cuándo algo andaba mal con alguno de ellos. -Jacob… -murmuró-… él dijo algo. Su padre asintió- ¿Qué dijo Jacob, Charlie? Charlie suspiró y deslizó su mirada a un punto en la habitación. -Él me llamó fenómeno -respondió-. Él dijo que lo sabía todo. Escuchó el fuerte suspiro de su padre y lo vio asentir. -Sabes que él no tiene razón, ¿verdad? Charlie respondió con un encogimiento de hombros. -No eres un fenómeno. -A veces pienso que sí -susurró-. Que otro chico tiene que tomar testosterona para evitar menstruar ¿eh? -Eres diferente -asintió-, eso lo sabemos. Pero eso también te hace único… -Que cliché -bufó interrumpiéndolo. Su padre soltó una suave carcajada. -Quizá -dijo-, pero no lo hace menos cierto. Eres como muy pocos, Charlie, y no me refiero a tu condición. Eres un joven sensible pero también un protector con todos los que amas. Eres tan maduro para tu edad y a la vez tienes esa sonrisa juvenil que te hace parecer un niño travieso. Si, tienes una condición que te hace diferente a todos los chicos de tu edad, pero no te hace menos que ellos. Y tampoco te hace un fenómeno ¿de acuerdo? Charlie suspiro y asintió. -Quiero escucharte decirlo, Charlie. -De acuerdo, papá. -Bien -asintió-, porque eres un Loyer y los Loyer no nos dejamos amedrentar. Siempre mantenemos nuestra frente en alto y -una sonrisa divertida se desliza por su rostro- siempre obtenemos a la chica. Charlie bufó y negó con una sonrisa divertida naciendo en su rostro. -Lo entiendo.
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