A la mañana siguiente del incidente en el campo de futbol, parecía ir todo bien hasta que Charlie y Jacob, junto a sus dos acompañantes de siempre, fueron llamados a la oficina de la directora donde tuvieron una larga charla acerca del video que circulaba en internet.
-Puedes volver a clases, Charlie -dijo después de un rato-. Solo quería que quedara registrado que todos fueron convocados para tratar el tema y ahora los culpables serán castigados.
-Pero señora directora -chilló Jacob-, él nos golpeó.
-En defensa propia, señor Anderson -dijo la mujer-. Hemos hablado ya con sus padres y los padres del señor Loyer y después de una exhaustiva revisión, todos han declarado que Charlie se ha defendido de su agresión, así que ahora debemos aclarar su castigo.
-¿Puedo volver a clases, señora directora? -preguntó Charlie.
-Por supuesto, puedes marcharte.
-Cuídate la espalda, Loyer -gruñó Jacob.
-Señor Anderson ¿quiere que registre una amenaza a su compañero y empeorar su castigo?
-No señora -respondió con los dientes apretados-, solo le daba un consejo a mi compañero.
Charlie se levantó de su silla y asintió a la mujer, para luego hacer el mismo gesto hacia Jacob.
-Gracias por el consejo -respondió-, lo tomaré en cuenta.
No supo más de Jacob después de eso, y para la hora del almuerzo, se enteró a través de Tyler que los tres habían sido suspendidos por una semana entera y tenían prohibido asistir al baile de bienvenida.
-No es un alivio -dijo Stefan dejando caer su almuerzo sobre la mesa redonda y sentándose.
-¿Qué cosa? -preguntó Paul.
-No tener que verle la cara a Anderson por toda una semana y saber que el entrenador lo tendrá castigado en la banca el próximo juego.
-Y, además, será el chico de las toallas durante su castigo de una semana.
-Podremos disfrutar de una noche de fiesta sin su presencia -dijo Jane.
-Si, será la mejor fiesta de bienvenido -asintió Stefan-. Me está agradando mucho como va este último año -sus ojos recayeron en Charlie y encogió un hombro-. Obviando el hecho de que te volvieron a golpear.
-Ya, pero esta vez sí se defendió.
-Yo digo que va siendo un bueno año -dijo Sara.
-Por supuesto, chicos -dijo Charlie con una sonrisa divertida-. Lo que digan.
Se levantó de la mesa y recogió su bandeja.
-¿Ya te vas? -preguntó Tyler.
-Tengo que hacer algunas cosas -respondió alejándose-, los veré luego.
Caminó distraído hacia el bote de basura más cercano, y no notó la sonrisa maliciosa que le lanzó Sofia cuando se acercaba a la mesa en la que estaba sentada junto a sus dos amigas. Tampoco notó el pie que le puso para hacerlo tropezar, hasta que estuvo de cara en el suelo de la cafetería de la escuela y con pizcas de jugo salpicando su camisa.
-Ups -murmuró con fingida inocencia-, no te vi ahí Loyer.
Charlie suspiró y se levantó de su lugar. Sabía que tarde o temprano, Sofía estaría haciendo de las suyas, y estaba seguro que ahora que Jacob no andaría cerca, entonces ella tomaría el relevo.
-Deberías tener más cuidado por donde andas, fenómeno -se burló Martha.
Aurora señaló un punto en su camisa donde Charlie era consciente que tenía una gran mancha de jugo. La chica le dio una mirada apenada.
-Se manchó tu linda camisa -le dijo con voz suave, y Charlie supo que no estaba fingiendo. Conocía a Aurora desde el jardín, después de todo, era una chica libre de maldad, solo que no había escogido a las mejores amigas para unirse.
-No te preocupes -le dijo a Aurora, ignorando a las otras dos chicas, y le dio una suave sonrisa mientras recogía la basura en su bandeja y calmaba a sus amigos y hermana con una mirada-. Se podrá quitar la mancha.
Aurora pareció lanzar un suspiro agradecido.
-Genial, porque te queda muy bien.
-Gracias -respondió y se alejó.
*
Cuando Charlie salió de la cafetería, presumiblemente por otra camisa, Brenda le lanzó una rápida mirada a sus amigas.
Maya enarcó una ceja y la miró con cautela.
-¿Qué estás tramando en esa cabeza rubia tuya?
Brenda sonrió.
-Solo una manera de hacer sufrir a esa perra -respondió.
Una sonrisa maliciosa se abrió paso en el rostro de Maya.
-Entonces cuenta conmigo.
Lexa y Andrea suspiraron a sabiendas.
-Espero que esta idea tuya no nos valga una semana de castigo y ser vetadas al baile de bienvenida.
-Tranquilas chicas, nadie se enterará.
*
El silbato resonó en el gimnasio, y Charlie se enderezó después de revisar que los cordones de sus zapatos deportivos estuvieran bien atados. Se acercó a Sean y Paul, y el maestro de gimnasia se detuvo en medio de la habitación con una pelota debajo de cada brazo.
Sus ojos viajaron por todo el gimnasio hasta tropezarse con Brenda que se encontraba al otro extremo, pero también se encontró con la sonrisa divertida de Maya. Volvió enseguida la mirada a su maestro y sintió que sus mejillas se sonrojaban al verse atrapado por la mejor amiga de la porrista.
-Vamos a empezar con unas vueltas al gimnasio ¡ya! ¡ya! -ordenó.
Sean suspiró y empezó a trotar, seguido de Charlie y Paul.
-Oye, Charles -dijo Sean ralentizando su trote-. Tu chica no para de mirar para esta dirección.
-¿Qué? -Charlie preguntó, confundido.
Giró la cabeza para mirar hacia la rubia y se tropezó con el par de ojos verdes de la porrista mirándolo fijamente.
-Que tu chica te está observando -repitió Paul- ¿no lo notas?
-Debe estar mirándote a ti -le dijo a Sean.
-¿Por qué se te hace tan difícil creer que a la chica que te gusta también le gustas? -gruñó Paul.
-Si, a veces eres tan cabeza dura -asintió Sean.
-Disculpa, solo soy realista.
-Pero para ser un tipo tan optimista, puedes ser tan negativo cuando se trata de Brenda.
El silbato sonó cerca de su oído y Charlie giró la cabeza para encontrarse al maestro trotando junto a ellos.
-Lo siento, señoritas ¿es que acaso interrumpo su conversación? ¡Corran más rápido! ¡muévanse! ¡muévanse!
Sean apresuró el paso al igual que Charlie y Paul.
-Veo ojos de corazones salir de Hastings.
-Si, pero seguro no es a mí.
-¿Y si lo es?
-Chicos, seamos realistas, Brenda jamás se fijaría en mí.
-¿Por qué? ¿Por qué Jacob lo dice?
Charlie negó.
Porque soy un fenómeno, pensó.
-Porque es la realidad -terminó diciendo.
-Bueno, y si es así significa que ella no es la indicada.
-Ya, pero como le digo eso a mi corazón.
-Ay, que poeta nos salió -bufó Sean.
El silbato volvió a sonar.
-Bien, bien. Todos deténganse -dijo el maestro volviendo con las dos pelotas bajo su brazo.
Charlie suspiró.
-Ay, no.
El silbato volvió a resonar una última vez, antes de que resbalara de los labios del maestro y rebotara contra su pecho. Él les lanzó una sonrisa que aparentaba ser siniestra.
-Bueno, ya que seguramente no nos hemos ejercitado adecuadamente durante todo el verano, vamos a iniciar con un juego fácil -dijo y tomó uno de los balones con una de sus manos-. Miller -llamó y lanzó el balón con fuerza a Paul- y Sanders -luego envió el balón hacia otro chico que Charlie reconoció enseguida-. Serán los capitanes, ahora vengan al centro y escojan a los miembros de sus equipos.
-Odio a McKinney -gruñó Paul con los dientes apretados antes de dirigirse al centro junto al maestro de gimnasia y Michael Sanders.
Tanto Michael como Paul se tomaron un tiempo para observar a todos en el gimnasio antes de empezar a llamarlos. Paul llamó a Sean y luego Michael escogió a un chico que reconoció de su clase de algebra.
-Loyer -gritó Paul y Charlie trotó hasta llegar a su amigo.
-Jackson -dijo Michael.
-Vásquez.
-Queen.
-Moore.
-Chávez.
Poco a poco, los dos equipos iban incrementando sus miembros, hasta que quedaron tres de ellos a la espera. Brenda y Maya estaban de pie cruzadas de brazos y con los ceños fruncidos por quedar de ultimas, y Charlie suplicaba silenciosamente que Paul vaya por Maya. El otro que quedaba era un chico con anteojos, alto y muy flaco, de cabello rubio y ruloso con unos shorts deportivos y una camisa sin mangas que lo hacen ver gracioso.
-Hastings -llamó Paul y le lanzó una disimulada sonrisa maliciosa a Charlie.
-Yo me llevo a Santos -dijo Michael, señalando a Maya.
-Bueno, veo que estamos parejos en ambos equipos, así que -se dirigió al rubio y ruloso- Cross, parece que tú y yo quedamos juntos otra vez entonces me ayudarás. Ahora ve por los balones y pásalos -ordenó.
Rápidamente el chico corrió por los balones, lanzándolos a los demás estudiantes, quienes enseguida los tomaron y empezaron a colocarse tras la línea ya listos para comenzar el juego.
-Este va a ser un grandioso juego -bromeó Paul.
El silbato sonó una vez más y el maestro gritó- ¡Ahora!
*
Los minutos pasaron y los balones volaban de un extremo a otro mientras todos trataban de esquivar los golpes. Una de las compañeras de equipo de Maya fue golpeada por un balón lanzado por un chico del equipo de básquet, y Maya enseguida lanzó un balonazo al deportista, dándole de lleno en la cara.
-Ja. Ja -vitoreó la porrista cuando vio al deportista salir de la cancha con la nariz roja.
Charlie esquivó sin problemas un balón y lo recogió enseguida. Saltó de un lado a otro, alerta, hasta que chocó de espaldas con alguien.
-Lo siento -dijo exaltado cuando se dio cuenta que era Brenda.
-No, fue mi culpa -dijo ella-. Yo lo siento.
-Está bien -respondió Charlie.
-Oigan, pueden hablar después -llamó Paul-. Ahora terminemos con esto porque definitivamente no quiero tener que limpiar la mugrosa oficina de McKinney.
Charlie asintió y se alejó de Brenda para lanzar un balón directo al estómago de uno de sus contrincantes. Un balón voló hacia ellos y Sean no tuvo tiempo de moverse rápido, provocando que el balón de un rozón en su brazo y mandándolo a la banca. Paul tomó el balón y lo lanzó directo a la cara del que había hecho descalificar a Sean.
-Así jugamos en casa -gritó Paul, balanceándose por otro balón.
-Él es muy bueno -escuchó Charlie y se giró para ver a Brenda a su lado dándole una rápida sonrisa-. Parece bastante metido en el juego.
-Si, es un poco engreído a veces.
Brenda soltó una risita que provocó que Charlie se perdiera por unos instantes debido a los fuertes aleteos en su estómago y corazón. Sin embargo, volvió a tiempo para esquivar un balón y derribar al que intentó sacarlo del juego.
-También eres bastante bueno -dijo Brenda.
-Bueno, he aprendido a esquivar muchos golpes -respondió Charlie.
-Lamento lo de Jacob -dijo Brenda-. Es un total idiota.
-Eso no es tu culpa -dijo Charlie.
-Ya, pero salía con él y me siento un poco responsable.
Charlie notó que un balón iba directo a Brenda, entonces estiró la mano y la agarró de la cintura pegándola contra su pecho y salvándola del balonazo. Enseguida se separó de la porrista para regresar el golpe.
Brenda sabía que debido al ejercicio se encontraba sonrojada y sudorosa, pero también era consciente de que, si no fuera así, ahora mismo tendría las mejillas tan rojas como un camión de bomberos.
Volvió en si enseguida para continuar con el juego.
*
-Chase, ¡fuera! -gritó el entrenador-. Bien jugado Loyer. Ahora, todos a ducharse que apestan.
Todos recogieron sus pertenencias y caminaron hacia los vestidores.
Brenda tenía esa sonrisa tonta en su rostro cuando vio a Charlie salir por delante de ella y su amiga.
-¿Sabes que Charlie le dio ese balonazo a Mike porque casi te golpea? -dijo Maya con un tono burlón.
Brenda puso los ojos en blanco y se alejó de Maya.
-¿Qué? -rio Maya-. Solo digo la verdad.
-Ven, vamos, aún tenemos una venganza que preparar -dijo Brenda con una sonrisa maliciosa.