Vislumbro los ojos oscurecidos de Sebastian y quedo inestable por sus palabras que suenan amenazantes para mis sentidos. Doy un paso atrás apartándome de él y giro sobre mis tobillos inclinándome hacia la cama y con mis dedos acaricio la barra. ─Es una barra separadora ─susurra detrás de mí provocando que muerda mi labio inferior. ─¿Y qué separa? ─Pregunto curiosa. Él la toma en sus manos. ─Tus piernas e inmoviliza tus brazos ─acota mostrándome cómo la expande a su antojo unos cuantos centímetros y luego la vuelve a colocar en su posición natural─. Veo que atrapó tu atención ─añade jugando con un mechón de mi cabello─. ¿Quieres probarla? Pensaba iniciarte con algo más fuerte… ─Si eso no me hará daño ─intervengo, tensa su mandíbula y entorna sus ojos en mí para botar el aire. ─No u

