Cameron Montalvo Sus labios danzan con los míos y me encuentro un poco desesperado por lo que mis besos se vuelven salvajes, rudos y bruscos, pero ella los recibe gustosa jadeando y abriendo su boquita para que me explaye a gusto con su lengua. Muerdo tirando de su labio mientras la guío a una de las columnas de la cama algo antigua de la era victoriana, tallada para el Rey Carlo Montalvo IV donde tuvo un sinfín de mujeres y falleció de amor por una amante que lo desquició. Por suerte solo es la estructura de la cama y no el colchón. Empujo su espalda de la columna y ella se arquea botando un quejido que electrifica mi piel. Me aparto un centímetro de su boca para poder admirar su belleza, sus ojos cafés y rasgados, tez oliva, cabello azabache, pequeña nariz y pequeños labios, pero muy

