El lunes amaneció con un nudo en el estómago que no se me deshizo ni con café. Jared me pasó a buscar como siempre, pero el trayecto fue distinto: hablábamos poco, y cuando lo hacíamos, las palabras caían pesadas, como si tuvieran filo. Él intentaba bromear, contarme cosas del equipo, pero yo apenas podía sostenerle la mirada. Cada vez que me rozaba la mano, una parte de mí se tensaba. No sabía si era miedo, incomodidad o simple confusión. Tenía que reconocer que el hacer el amor con él, lejos de unirnos estaba creando una brecha de inseguridad. Una parte de mí se murió de vergüenza porque me había visto desnuda y vulnerable y la otra estaba aterrada porque no había dicho nada, que no sabía si estaba satisfecho con la intimidad que compartimos, o se sentía igual que yo fuera de lugar. Ade

