SINOPSIS/ CAPÍTULO ANTERIOR
SINOPSIS
Una leyenda ha permanecido intacta desde hace muchos siglos atrás, una familia se encargó de eso, como también se encomendó de proteger los corazones de los dioses. ¿Se puede resguardar los corazones y así mismo querer destruirlos? Es lo que en un punto los hermanos se preguntaron.
Ahora los cinco dioses están despiertos, nuevamente hay una guerra de por medio, una donde la maldad lleva la delantera, pero, ¿Quiénes son los malos realmente? Los Brais han matado por proteger, eso no los hace inocente, y los dioses solo han querido conocer de cerca la vida que ellos crearon, solo quisieron amar, ¿es ese su mayor pecado?
Con el despertar del hermano mayor, Akino se volvió un lugar peligroso, el mal contra el mal, pero tal vez entre tanta oscuridad alguna luz este por encenderse en esta tierra de nadie.
¿Es posible matar un dios?
CAPÍTULO ANTERIOR DEL PRIMER LIBRO:
Agni aprovechó el tiempo para volver a tomar otra flecha y soltarla directamente al pecho de la mujer, quien se la sacó y tropezó, ella pudo escuchar el gemido de dolor de Erein, porque ella aun sabía que le dolía eso, esa situación, ¿pero qué podía hacer?
Eran situaciones que no se podían evitar, como estás.
Liev molestó abrió la tierra, esta se sacudió como violencia y Erein golpeó con fuerza el tridente en el suelo y en poco tiempo atrás de ellos se llenó de tritones listos para pelear, y así fue, en un ratito, cuando su patio estaba calmado, ahora era una batalla entre los buenos y malos.
Agni cuando iba a soltar otra flecha, fue jalada al pecho de Erein, quien la miró con esperanza, sentimientos y ella negó repetidas veces, porque sabía lo que le diría.
—Tienes que ir a despertar a mi hermano, tienes que hacerlo y buscar su tumba.
— ¡No! Mi deber es protegerte.
—Lo hiciste muy bien, Brais, ahora yo protejo a mi rey —dijo un tridente con seriedad y los ojos de la muchacha fueron directamente hacia el dios que la veía con tristeza.
—¡Agni! —el grito de Zigor la hizo girar, vio bajar de las camionetas a sus hermanos junto con su padre, y el resto del equipo de reconocimiento y ataque. El rubio por un instante se quedó detenido en la tierra, en silencio y sus ojos fueron hacia la diosa que lentamente se estaba recuperando mientras era rodeada por varios minotauros.
El rubio avanzó, sacando la espada y Enzo hizo lo mismo pero con escudo en mano. Héctor no le importó y se detuvo frente a su hija, revisándola desde la cabeza a los pies, pero su hija no le estaba prestando atención, ella estaba viendo al dios del mar, ambos se veían, como si estuvieran diciendo muchas cosas en aquella mirada.
— ¡Castigo! —gritó Maua y Zigor se fijó en sus ojos, luego en los tatuajes que poseía. Maldijo internamente y avanzó con seguridad, y atrás de él Enzo que iba rodeado de tridentes por orden del dios del mar—. Por fin estamos en el plano terrenal.
—Estos meses, ¿has sido tú?
— ¿Quién más? He sido yo quien ha estado muy cerca del líder, del ser humano más poderoso —el cambio de la diosa era radical, y aunque aún tenía algunas facciones pasadas, ya no quedaba mucho. El cabello corto, bastante, pintado de un n***o ceniza, los tatuajes en su piel y la vestimenta de hombre, un aire de guerrera y ahí dos de sus preguntas que se había hecho siempre tuvo las respuestas.
¿La diosa Maua siempre quiso ser mejor que sus hermanos? ¿La diosa quería superarlos y demostrarles que por ser mujer, no la detenía en nada?
Sí, ella siempre se sintió subestimada por sus hermanas por ser mujer, así que hizo todo para sobrepasarlo sin importarle todas las muertes que dejaba en su camino. Una mujer peligrosa que se había calado entre sus sueños, que conocía sus debilidades y algo le decía que también tenía más secretos que revelar pero que todavía no lo haría.
—Al final has demostrado de lo que estabas hecha, al igual que tu hermano —siseó y Liev levantó las manos con una sonrisa en la boca, llevaba un traje oscuro, adaptado a esa sociedad como si hubiese caminado por muchos años más que él, pero no era así—. ¿Qué quieren?
—Castigo, de ti, yo quiero todo; pero será en otro momento —contestó y los ojos de Maua buscaron los de su hermano Erein, encontrándolo haciéndole frente, con el tridente brillando, lo quería a él, ya en el pasado había sido quien le había dado la fuerza para poder atacar y casi vencer a Elan—. Prometo no matar a los Brais si se van de aquí.
—Si me conoces, si todo este tiempo has estado en mi cabeza, sabrás que no me iré, y mucho menos dejaré de proteger al dios del mar —Agni soltó un suspiro, porque sabía que hasta el final su familia podría proteger al dios.
—Zigor se quedará, iremos los dos —Enzo tiró de ella con suavidad y Agni reaccionó—. Te acompañaré a la Legión e ir por el corazón de los Dioses para poder despertarlos.
— ¡No puedo irme, tengo que luchar y protegerlo! —Enzo ahí cayó en cuenta de lo que estaba sucediendo.
—Me protegerás si despiertas a mi hermano, hazlo Agni —el dios tomó la mano de la joven y le dio un fuerte apretón, ella asintió con algunas lágrimas en los ojos, y aunque confiaba en su gente y en la de su hermano, Erein ya iba derrotado a la guerra.
— ¡Vámonos!
Agni corrió hacia el carro y una vez más miró hacia atrás viendo al dios del mar despedirse con la mirada y con una sonrisa en la boca. Enzo la empujó y ambos se embarcaron en la camioneta. El camino fue rápido, sin tiempo a pensar tanto, pero su objetivo sería robar el corazón, ese sería y luego buscar el corazón, aunque para eso Enzo tenía muchos lugares en mente, exactamente tres de ellos, y quedaban muy cerca.
Cuando lograron entrar a la legión fueron recibidos de la misma manera, ambos corrieron y fueron directamente a la habitación donde estaban los corazones.
— ¿Qué están haciendo? —La voz de Coll los hizo sobresaltar, los hermanos ya habían ingresado a la habitación y estaban yendo directamente por los corazones—. ¿Agni?
—Debo llevarme los corazones.
Ante eso el moreno soltó una carcajada, pensando que era una broma, pero ella negó y él se puso serio.
—Los corazones de aquí no pueden salir.
—Zigor ha dado la orden.
— ¡Que venga él a darla! —La mujer siseó y los hermanos soltaron un gruñido ante su voz—. El corazón de aquí no saldrá.
—No eres la dueña, y la orden está por Zigor Brais —masculló Agni y Enzo aprovechó a sacar los corazones, cada uno los colocó en dos mochilas negras—. Deben ir a mi casa, Maua está despierta y quiere controlar todo.
—Alertaré a toda la legión sobre esto —Coll salió de ahí presionando el botón de seguridad y al instante su voz hizo eco en todo el lugar subterráneo.
Los hermanos pasaron de la mujer y salieron de ahí corriendo, Agni vio como Coll se ponía el uniforme, y como le daba una mirada significativa, y luego como daba órdenes para que todos avanzaran lo más rápido posible.
Cuando subieron al carro, Enzo le pasó el mapa, ella lo sujetó y vio tres lugares marcados, todos muy cerca del volcán y uno en el cerro que estaba atrás, el congelado.
—Debemos elegir uno, que sea el inicio, así podremos despertar a Elan.
— ¡No sabemos cómo va a despertar! —gritó la muchacha cuando su hermano ya había tomado la pista que iba directamente al bosque, ahí casi ya no se escuchaban sus voces por el ruido fuerte del golpe de la parabrisas contra las hojas de los árboles.
— ¡Elige, Agni!
— ¡El cerro congelado!
Después de eso ya no hablaron, el viaje duró alrededor de treinta minutos y los nervios de la muchacha crecieron considerablemente. La camioneta ya no pudo avanzar, así que se detuvieron, se colgaron las mochilas y Enzo tomó el mapa.
En el camino la joven había aprovechado para cambiarse, para poder alistarse, llevar la ropa que usaban para combate. El escalar se hizo más difícil, así que Enzo cada tanto tenía que sostenerse con fuerza, para su hermana fue más fácil, ya que era algo que hacía habitualmente en vacaciones, escalar.
Los guantes dejaron de proteger sus manos y el frío se hizo presente, si no avanzaban lo suficiente, se quemarían sus manos y para eso tenían que encontrar la entrada de inmediato.
— ¡Aquí está! —gritó Agni empujando y entrando de golpe. Se quejó por el dolor, pero le restó importancia. Su hermano También entró, quitándose un guante y viendo como estaban de rojas sus manos, así que solo se miraron.
Esa tumba estaba más protegida que las anteriores, sabían que el dios sería difícil de encontrar, pero no tanto. El lugar estaba envuelto por hielo, todo ahí, y había un pequeño altar de hielo rocoso, la joven tuvo cuidado al caminar, hacía demasiado frío y ambos notaron las altas temperaturas. Agní sintió el corazón estremecer en su espalda, así que lentamente lo sacó, avanzó y Enzo la fue guiando. El corazón brilló e incluso relámpagos resonaron.
Todo quedó en silencio cuando una imagen se presentó frente a ellos, era Elan, llevando su armadura dorada y el cabello recogido por una corona de laureles. Ojos grandes, un rostro que llenó el corazón de la muchacha de miedo, retrocedió asustada por sus facciones tan duras.
— ¿Qué hacen aquí? ¿Por qué han traído mi corazón?
—Porque debe despertar, Maua ha despertado y quiere destruir todo lo que usted ha querido mantener intacto —dijo con rapidez Agni y levantó el corazón—. Ahora quiere ir por Erein, fue él quien me mandó.
— ¿El dios del mar?
—Sí, él me envió.
—Entonces es porque algo fuerte está sucediendo —murmuró el dios en un susurró—. Ve y coloca el corazón, cuando abra los ojos di que eres una Brais, la única mujer.
Ella obedeció y avanzó a pasos largos, la tumba estaba ahí, hecha de oro y lo vio descansar, como si durmiera con una tranquilidad única. Era hermoso, a su manera lo era, por la medida pudo ver que era más alto que Erein.
Agni sacó el corazón y con cuidado lo colocó en su pecho. Alrededor todo tembló y se escucharon rayos y relámpagos, Enzo sujetó a su hermana cuando la tumba se movió con violencia, ambos se miraron y al instante los ojos del dios de los cielos se abrieron, oscuros como la noche y los vieron.
—Soy Agni Brais, la única mujer del legado Brais y el Enzo Brais —dijo con firmeza y el dios los miró por largo rato hasta que lentamente la ira se fue de su mirar. Lentamente se sentó, y tal como la imagen que vieron, así mismo estaba vestido, con su armadura dorada y corta, como si siempre haya estado preparado para la guerra—. ¡Debe detenerla!
—Y lo haré.
—Debe salvar a Erein, su hermana quiere controlar su corazón —ella habló con rapidez siguiendo al dios, al que ellos protegían con más recelo. Él se quedó en su lugar, fueron largos minutos y luego se giró mirándola, la tristeza estaba escrita en su rostro, ¿Qué estaba pasando?
—Erein, dios del mar, ya no está.