Liev abrió los ojos y luego se puso de pie con cuidado para no despertar a Helena, se puso encima una chaqueta porque ese día hacía más frío que nunca, tal vez era por el desequilibrio del mundo, tal vez porque Elan estaba tratando de arreglar todo y eso le preocupaba, al ser el dios principal, el mayor, tenía como ganar.
Se asomó y corrió las cortinas oscuras que él mismo había pedido para su habitación, echó un vistazo al lugar, todo seguía igual, la pobreza, sus hijos ordenando y luchando, y luego sus hermanos estaban sentados bajo un árbol, un Erein serio y con los ojos oscuros. Había utilizado una magia diferente, ya no el control, sino, oscurecer su corazón para que la maldad lo hiciera actuar acorde a los actos que harían.
—Vuelve a la cama, es temprano —la voz dulce de Helena lo hizo volver con ella, sonrió viéndola con su cabello esparcido en la cama, una sonrisa plasmada en el rostro, se preguntó si era real o tal solo el hechizo que él había puesto sobre el infierno—. Los niños no demoran en venir y ya no podremos dormir.
—Deben aprender que a la cama de sus padres no deben venir —susurró Liev acercándose a la cama, se sentó y Helena se giró para quedar en su campo de visión. Era tan hermosa—. Estás hermosas, Helena.
—No hay mañana que no me lo digas, pero hoy la forma en la que lo dices parece dura.
— ¿Dura?
—Pareces distante y tristes. ¿Tiene que ver con tus hermanos? —Liev se recostó en la cama y ella rápidamente pegó su cabeza en su pecho—. Erein se veía diferente, actúa diferente. ¿Qué le ocurre? ¿Lo has hechizado como…?
— ¿Cómo a quien, Helena? —la voz fría de Liev la hizo sobresaltar.
—Como nadie.
— ¡Mamá! —el grito de Leopoldo hizo que el momento tenso se esfumara, Liev sonrió al ver a sus tres hijos corriendo hacia donde estaban ellos, saltando en la cama y el dios del infierno sostuvo en sus brazos a Lin, su cabello rubio igual al de su madre, incluso su mayor parecido era hacía Helena, salvo por los ojos.
—Lin —llamó al niño que soltaba risotadas y luego se quedó en silencio viéndolo con aquellos oscuros—. Ve a buscar algo para hacerte una trenza, y a ustedes también.
Los niños salieron corriendo y él sonrió al escuchar sus pezuñas golpear el piso, al instante Helena se arrojó a sus brazos, dándole muchos besos.
—Gracias por amarlos —murmuró y enredó sus manos en el cuello de Liev—. Iré a preparar el desayuno.
Ella se puso de pie y se despojó de su ropa quedando desnuda, y él la admiró, llevaba mucho tiempo que no le ponía un dedo encima, tal vez ahora la culpa era lo que lo envolvía, luego la vio ponerse un vestido celeste y unas pequeñas sandalias, para después recoger su cabello rubio en una coleta alta, haciéndola ver más de bella de lo habitual.
Se despidió y el dios del infierno se puso de pie en busca de un asiento pequeño, lo colocó en medio de sus piernas y al instante sus hijos llegaron, peleándose por quien quería sentarse primero, y como siempre Leopoldo ganó y Lier molestó tiró de su cabello.
— ¡Lier! —Lo regañó Liev y el niño de cabello largo y oscuro cruzó los brazos—. Pídele disculpas.
—Disculpa, Leopoldo, ya no tiraré de tu cabello si dejas de ser un llorón —Liev iba a volver a regañarlos, pero los niños soltaron una carcajada en unísono y supo que los problemas se habían solucionado. Leopoldo también tenía el cabello oscuro, herencia a él, así que lentamente empezó a trenzarlo mientras sus otros dos hijos se quedaban sentados, viendo como la trenza quedaba perfecta, el siguiente fue Lier, quien pidió una coleta alta y luego ser trenzada.
Por último fue el rubio, quien le entregó una flor, con una flamante sonrisa se sentó, incluso era el más pequeño y delgado que sus hermanos, pero igual de fuerte o eso esperaba. A él le trenzó el cabello con dulzura, pero sin que sus hermanos se dieran cuenta, era rubio y medio rizado, así que, algunos rizos se escapaban causando la risa de los niños. Por último, acarició los cuernos pequeños, causando que el pequeño minotauro le diera una sonrisa.
— ¡Que hermosa familia! ¿Has visto la belleza de estos niños, Erein? —Maua preguntó a Erein que estaba recostado en el umbral de la puerta, sonrió burlón y los tres minotauros pequeños se escondieron en la espalda de su padre, porque ellos sabían que era el dios del infierno, que nadie podía contra ellos—. Pero, sobrinos míos, ¿por qué huyen de mí?
—Quedó muy claro que tú no podías venir a esta parte de las habitaciones, Maua —siseó Liev con sequedad, sintiendo como uno de sus hijos temblaba.
—Estoy muy segura que mi hermano menos no me está dando órdenes, ¿o sí?
—En mi reino sí. —Siseó, Maua levantó los brazos en señal de paz y Liev soltó el aire—. Leopoldo, lleva a tus hermanos y vayan con su madre.
— ¿Estarás seguro aquí, papá? —Lier inquirió saliendo de su escondite, Maua debía darle crédito a su hermano, sus intentos por tener un hijo estaban dando frutos, esos niños tenían muchas características de ser humanos—. Podemos echar a la bruja.
— ¿Me ha dicho bruja? —Maua se escuchó riendo al ver a la criatura retándola, ni siquiera le llegaba al abdomen, pero él estaba enfrentándola, y sus dos hermanos lo imitaron—. Definitivamente sus tus hijos, ¿los príncipes del infierno?
—Sí. —dijeron al unísono antes de salir de la habitación, después de unos segundos los tres hermanos soltaron una carcajada.
—Criaturas interesantes, y muy bien educados —Erein fue directo hacía un muñeco de tela que sostenía una espada—. Supongo que eso lo heredaron de su madre, ¿no?
—Lo son, son nutridos por todas las ciencias y el arte, serán niños inteligentes.
—Tienes fe en ellos.
—Si no estoy yo, ellos serán quienes cuidaran del infierno, Lier tiene el corazón para gobernar centenares de muertos, Leopoldo es fuerte e ingenioso, mientras que Lin tiene la pureza de su madre, y poder crear lo imposible.
—Parece que has visto el futuro, querido hermano —Erein señaló burlesco dejando el muñeco en el mismo lugar, Liev tuvo que relajarse para que notara las emociones que estaba teniendo en esos momentos.
—No sé ver el futuro. Solo, tengo planes grandes para mis hijos.
—Bien, entonces ahora hablemos de nuestros planes.
(***)
—Mi hermana debe ser despertada —Elan pidió, la voz fuerte y gruesa. Los hermanos Brais se miraron unos a otros, y es que, Enzo estaba custodiando el corazón y ya sabían dónde estaba su hermana, pero, ¿otra diosa despierta? No estaban seguros si eso era una buena idea.
—No creo que sea lo más adecuado, teniendo en cuenta que tres de sus hermanos están en modo ataque —señaló Agni y Elan dirigió sus ojos a ella—. ¿Qué nos asegura que Solda no elija a Erein sobre usted?
—Sé que Solda ha amado siempre a Erein, lo ha cuidado hasta el último momento, pero, ella estuvo a mi lado cuando esto se desató —explicó el dios con cautela—. Su despertar será lo mejor para poder pensar en un contrataque.
—Buenas tardes —Coll entró, traspirado y con el rostro serio—. La búsqueda nuevamente trae negativas. Los dioses no están por ningún lugar, incluso los tritones dicen que el tridente se ha mantenido en su lugar, sin moverse.
—Si no están en la tierra, deben estar en un solo lugar…
—El infierno —Enzo contestó mortificado—. Entonces debemos despertar a la diosa, no estamos hablando de Maua ¡Hablamos de Erein y Liev! Todos aquí sabemos lo poderosos y peligrosos que pueden llegar hacer.
—Mis hermanos han tomado malas decisiones pero al único que puedo sacar de aquella maldad es a Erein —explicó con dureza, Agni apretó los labios porque tenía razón, Erein no era malo, y aquel que había visto esa noche, solo era otro con su cuerpo.
—Entonces formemos equipo para ir a despertar a la diosa Solda, es mejor que usted, Elan, venga con nosotros —la voz de Zigor resonó en aquel lugar—. Ella debe saber qué es lo que sucede desde su propia boca.
—Iré a preparar el equipo —Enzo fue el primero en salir y luego Agni, seguida por Coll. Zigor fue el que se quedó, viendo al dios que no tenía intención de irse.
— ¿Hay algo que tenga que decirme, Elan?
—Zigor, serás padre, tu hijo será un instrumento de muchas cosas.
— ¿De esta maldad o de algo bueno? —Zigor masculló, porque había sido complicado hacer que Bell viviera con él, incluso que le hablara, ella estaba llena de resentimiento hacía él, y el rubio seguía sin entender el por qué.
—No lo sé, he querido saber más sobre tu hijo y sobre tu esposa, pero todo parece oscurecerse.
— ¿A qué te refieres?
—Tal vez Liev los ha marcado, tal vez solo está esperando que ella dé a luz para que mueran y llevárselo, sería una venganza…
—Tenía claro que ese niño no estaba seguro, pero no a ese punto. ¿Por qué no lo dijo antes? —inquirió molesto Zigor, no tenía sentimiento hacia el bebé, aun no, pero aquellas palabras del dios habían hecho eco en su cabeza.
—Porque recién me he dado cuenta. Deja que averigüe más, y también si Solda está cerca, ella podrá saber que le espera a tu hijo. ¿Cómo lo llamarás?
—Será un varón y lo llamaré Artaith.
—Tiene el mismo origen que el tuyo —el dios lo miró fijamente—. Significa tormenta, ¿por qué?
—Porque lo es. Ese niño es la tormenta que nadie se esperaba y ya está aquí.