CAPÍTULO CUATRO: ¿QUIÉN FUE MAUA?

1814 Words
  Cuando llegaron a la base, todos estaban demasiado callados y Zigor lo entendió. Con toda la información en sus manos, se dirigió al salón principal donde conectó la cámara a la laptop para que se pudieran reproducir las fotos, y también conectó grabadora en los parlantes. Andrea se encargó de llamar a sus hermanos, y a los guerreros más cercanos, y él mismo se encargaría de ir por Elan, hoy aquel dios tenía mucho que decir. Por alguna razón no sana, el recuerdo de Maua se había quedado en su cabeza, haciendo eco, incluso hubo un momento donde su corazón latió de una manera que nunca lo hubiese hecho, quería creer que había puesto algún tipo de hechizo, algo para causar aquella emoción desconocida. Coll entró al salón, ambos estrecharon sus manos, el moreno vio todo lo que Zigor había preparado, en ese tiempo se habían vuelto amigos, sí, el primer amigo que Zigor tenía.             —Parece que la navidad llegó antes —murmuró viendo la primera fotografía que se mostraba, los dibujos en la piedra, estaba casi seguro que eso era sangre, pero la única que podría estudiar más a fondo sería Agni—. ¿Me trajiste algo?             — ¿Te sirve unas piedras que levanté en el camino? —bromeó Zigor y Coll sonrió, pero después la sonrisa se esfumó para dar paso a la seriedad.             —Me dijiste que estuviera pendiente de una llamada en especial, te comento que ya llamó.             — ¿Laura?             —Sí, dijo que estaba en la ciudad y quiere verlos. A ti y a tus hermanos —murmuró bajo al ver que algunos guardianes llegaban—. Anoté la dirección, dijo que si no los llevaba, se presentaría en el museo.             —Esa mujer no entiende —siseó cansado Zigor.             —Amigo, es tu madre, sobre todo. —Coll dio unas palmadas en la espalda de Zigor y fue a sentarse, curiosamente al lado del asiento que siempre ocupaba Agni, el rubio se había dado cuenta de los sentimientos que tenía el moreno hacia su hermana.             Zigor pidió unos minutos y luego fue directo hacia la habitación que había sido entregada para él, amplia y que en sus días iba conociendo sobre esa época, aunque le costaba adaptarse, tal como sus hermanos: superaría a todos. Golpeó la puerta y a los segundos apareció el dios vestido de blanco, esbozó una sonrisa, Zigor estaba tentado a decirle que no sonriera mucho, la forma en la que lo hacía seguía provocando escalofríos. Tenía un pensamiento claro, Zigor, ni el bueno es tan bueno, y ni el malo es tan malo. Así que Elan tenía maldad en toda esa bondad que mostraba y vendía.             —Zigor Brais, ¿iremos a despertar a Solda?             —Por supuesto, pero primero se hará una reunión sobre la investigación que hice con mi equipo —contestó con seriedad el rubio, Elan eliminó la sonrisa y asintió. Cerró la puerta tras de él y ambos avanzaron en silencio, altos como ninguno otro en esa base, pero Elan siendo más delgado, con aires de ser un inglés, opuesto a la caminada bruta de Zigor.             Cuando llegaron al salón principal, vieron que todos los asientos estaban llenos, menos uno, que sería para el dios. Vio a sus hermanos ya cambiados, y a su padre, quien le regaló una sonrisa a la distancia. Podía notar la incomodidad en el rostro de los demás, seguían sin acostumbrarse a la presencia del dios, ni siquiera él lo hacía, pero debería mostrar que sí, ya que era el líder, no iba a flaquear. Aclaró su garganta y se inclinó, tecleando en la laptop para que se reprodujera las fotos, una por una, todos se inclinaron viéndolas, perplejos.             —El día de hoy, fui con el equipo beta acompañado de la líder, Andrea —señaló a la mujer quien inclinó su rostro—. En nuestras investigaciones, había cinco puntos donde podían ubicar la tumba de la diosa, fuimos a las cuatro, lastimosamente no encontramos ni siquiera rastros, pero en la última sí, la de hoy, aunque yo no iba confiando, mayor fue mi sorpresa.             >>Lo curioso de esto, es que, cuando los Brais quedaron en custodia de los dioses, nunca se les dijo que los dioses podían cambiar la ubicación de su tumba o peor, que se les enterró vivos y luego les arrancaron los corazones.             Todos comenzaron a murmurar, Elan vio las fotos, justo una donde se veía como habían arañado la tapa de la tumba, era cemento, así que aquellos rastros eran sangre. El dios apretó los labios varias veces, estaba nervioso, y Zigor aprovechó para reproducir el audio donde ella respondía las preguntas. Todos los que no habían estado en aquel descubrimiento se sorprendieron al escuchar las conversaciones. Él las volvió a poner, dos veces hasta que todos les queden claro.             —Yo voy a investigar todo cuidadosamente, historia, ciencia y arte, todo para mostrar quien era realmente Maua.             — ¿Dudas de lo que tus antepasados escribieron? —el dios Elan se puso de pie, molesto, ofendido.             —Dudo de todo ahora —contestó el rubio con firmeza—. Haré mi propia investigación, y expondré todo cuando llegue su debido tiempo.             — ¡Sobre lo que tus antepasados vieron!             —No me importa quien escribió y quien vio, quiero la verdad. —contestó—. Armaré un grupo de investigación especialmente para saber la historia completa de Maua, tenemos la tumba, ahí encontraremos mucho más, quiero una verdad limpia. No a medias.             >>Bueno, habiendo culminado esto, debemos ir a lo que nos importa: ir a despertar a la diosa Solda. Grupo Alfa y Omega irán con nosotros. Alfa irán a cargo de Agni y Omega con Enzo, mientras los demás vienen conmigo.             Coll, Andrea y su padre Héctor asintieron ante lo que dijo, incluso el dios que no estaba completamente feliz por lo que Zigor había dicho. En una hora estaban listos, subieron a las camionetas, todos encontrándose en el punto pactado, el recorrido duró cuarenta y cinco minutos, Agni lo sabía porque Coll no había dejado de hablar en el radio y cada tanto iba diciendo cuanto duraba el viaje. Era irritante, pero sabía que hacia eso para hacer que los demás no estuvieran nerviosos.             — ¿Agni Brais está escuchándome? —la joven miró hacia el radio de uno de los muchachos, quienes soltaron una risita porque ya sabían lo que se venía—. Agni, el viernes tenemos libre, ¿Qué te parece ir a comer?             —Claro, tú en tu casa y yo en la mía. —respondió y todos soltaron una carcajada burlona, la joven sonrió por el ¿Qué intento era ese? ¿Mil uno? Tal vez, Coll era demasiado perseverante para su gusto.             —Coll, creo que no cuentas el hecho de que Agni tiene dos hermanos fuertes y un padre que sabe cómo usar con catana —la voz ronca de Enzo resonó y las carcajadas explotaron, Agni sonrió divertida por ese momento.             —Soy buen tipo, ¿verdad, Zigor?                   —Ahora no me pareces tan buen tipo —contestó el rubio y hubo más risas hasta que llegaron al lugar pactado, cada camioneta se estacionó y en los capos fueron colocados los mapas, mientras su padre Héctor repartía las armas y les explicaba sobre el lugar, sus llanuras y las trampas, ya que esas tierras eran custodiadas por cazadores por los animales salvajes que se encontraban en esa parte, era una selva, y peligrosa.             Agni se preguntó si debía protegerse de los animales o de los dioses, aún no había contado que Erein se había presentado en dos oportunidades en su habitación y más de una, la había estado espiando. La guerrera tomó el arco y se colgó las flechas, fue hacía su padre para decirle que se cuidara.             —A veces olvidas que soy un guerrero y mejor que ustedes.             —No lo olvido. ¿Cómo podría? —ella se dejó dar un beso en la frente, mantuvo por segundos los ojos cerrados por aquella suave caricia. Luego se separó cuando Zigor pidió las formaciones y ella se fue con el equipo en dirección contraria, sería un ataque de direcciones diferentes por si los dioses estaban en algún lugar.             Enzo vio la espalda de su hermana perderse entre los árboles, pidió que la cuidaran y luego él avanzó siendo seguido por el grupo Omega, la mayoría sostenía armas cargadas, otros llevaban espadas y tres arco, caminaban con cuidado, un silencio que lo ponía nervioso. Él llevaba una espada, la había sacado de la vaina, la movía creando un sonido particular en el aire, pero seguía siendo cuidadoso. Él escuchó un silbido, suavecito que lo hizo girar, vio a sus hombres avanzar y Enzo pidió que avanzaran, que ya los alcanzaba. ¿Por qué no pidió que lo siguieran? ¿Por qué siempre tenía que hacer eso? Volvió a escuchar el silbido, suavecito, como el del muerto y luego lo vio ahí, caminando entre los árboles y soltando risitas. Giró, pero no lo veía, ¿Qué era eso? Él avanzó, incluso estuvo a metros del dios, pero éste nunca lo miró. Era Liev, con el cabello largo, aquellos particulares ojos rasgados y sonrisa inocente.             — ¿Vienes a robarme conejos, Liev?             —Verlos, Solda, yo no robo —mintió descaradamente poniéndose a la altura del conejo, quiso tocarlo pero la mano de su hermana lo detuvo,  apretó la mano y negó—. ¿Qué?             —No los toques, sabes lo que causas.             —Es un conejo…             —Es una vida y yo cuido de ellas —contestó Solda con seriedad, el dios refunfuñó pero no dijo nada. Ambos hermanos avanzaron, y Enzo los siguió, pasaron varios minutos hasta que ambos se detuvieron frente a un árbol viejo y enorme, tenía una pequeña puerta.             El guerrero se sorprendió cuando por primera vez, Liev lo miró a los ojos, como si realmente lo estuviera viendo. Enzo retrocedió y el dios del infierno soltó una risita, burlona, admirándola.             — ¿Liev, vas a entrar? ¿De qué te ríes? —preguntó Solda girándose, su cabello rubio trenzado y sus ojos color agua brillando. Era hermosa, mucho más de lo que se veía en las pinturas.             —Entremos hermanita.             Contestó, Liev avanzó pero antes de seguir a su hermana, se giró, viendo a Enzo.             —A veces veo el futuro, debes ser un Brais.             — ¿De qué tiempo eres tú? —tartamudeó Enzo y Liev se sorprendió. Negó y entró, al instante aquella imagen desapareció, pero el lugar estaba ahí. ¿Qué diablos estaba pasando? No pensó mucho cuando sacó el arma con color verde, apunto al cielo y disparó, para que todos se reunieran ahí para despertar a Solda, ahora, había algo que debían investigar.                 ¿Liev veía el futuro? ¿Ya los había visto venir?
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