CAPÍTULO CINCO: HEY, SOLDA

2567 Words
  En minutos se encontraban todos rodeando aquel árbol, Elan se sorprendió por segunda vez ese día y Enzo no tuvo que ser adivino para saber que aquella tumba también había estado en otro lado. Él fue directo hacia sus hermanos, pero de eso no podía platicar en ese lugar, ni siquiera en casa porque Bel estaba demasiado cerca, ya los invitaré a comer o a otro lugar donde los tres pudieran conectar notas, porque estaba seguro que sus hermanos tenían mucho que decir, pero las circunstancias los detenía a hablar. Él levantó la mano para que su grupo se detuviera y sus hermanos hicieron lo mismo. Zigor le dio la señal, él había encontrado la tumba, sería él quien dirigiera aquella operación, debía decir que su hermano como líder era de los más justos y pensantes, el poder no se le había subido a la cabeza, al contrario, cedía mucho el poder a ellos, incluso a Coll quien se había vuelto su amigo y Andrea, que parecía que en cualquier momento ella saltaría a sus brazos por sexo o por amor, pero eso a Zigor parecía poco importarle. De hecho, nunca se vio involucrado con una mujer, seguía siendo una sorpresa el embarazo, que no lo malinterpretaran, él adoraba ya a su sobrino, pero seguía siendo un enigma. Enzo se concentró en la misión, Levantó la mano y uno de los guardianes abrió la puerta con sumo cuidado, todos encendieron las linternas de su cabeza, iban con guantes y el uniforme que llevaban estaba protegido y aparte llevaban implementado mascaras por si existía alguna toxina, al final, era la diosa del bosque, la naturaleza y algunas culturas decían que de la hechicería. Así que debían ir con cuidado. El primero en ingresar fue él, iluminó el lugar, esta vez había otra puerta adentro, pintada de blanca y esta vez la abrió él, con sumo cuidado. Sabía que el grupo de Agni estaba haciendo la vigilancia afuera, mientras adentro iba el equipo Omega, él, sus hermanos y el dios. Enzo cuando cruzó se sorprendió y pidió que todos se quedaran en silencio, quietos al ver aquella escena.             —Nadie toca nada, salvo si es para analizar —habló deseando que todos hayan escuchado.             Había un banquete rodeado por ramas llenas de flores, tan vivas como si a ese lugar le diera el sol, pero no, todo estaba cubierto. Había mucha fruta, comida como si hubiese sido hecha hace minutos, incluso servido estaba en varias copas vino.             —Estos banquetes, Solda los hacía cuando nos reuníamos —murmuró Elan atrás de Enzo, quien apretó los labios al escuchar su voz demasiada cerca. Zigor ya se encontraba adentro, admiró todo y luego empezó a tomar fotografías, ahora su hermano no iba a ningún lugar sin su canon, parecía que estaba más que dispuesto a una investigación exhaustivita.             —Tomen pruebas de las ramas, las flores y la comida —Ordenó Agni a dos que habían venido de su equipo, luego ella misma empezó a recorrer el lugar, pero sin alejarse tanto, viendo los dibujos en la pared, sacó pinzas y sacó los residuos que aún estaban ahí, metiendo todo eso en pequeños tubos que portaba.             Zigor siguió tomando fotos, a los dibujos, a las oraciones en la lengua muerta pero que él dominaba a la perfección. Luego se detuvo frente a una enorme y hermosa rosa roja que contenía algunas gotas de agua, sorprendentemente. Él miró hacia arriba, buscando una manera de que la lluvia se filtrara, y luego, descubrió también que las paredes estaban completamente secas, como el lugar. Era un lugar seco. Enzo avanzó, se detuvo en el banquete, todo se veía demasiado delicioso, podía pecar. Incluso, levantó la mano pero fue detenido por Elan.             —Solda podía crear alucinaciones, así que yo te recomiendo no comer nada.             —No pensaba hacerlo.             —Por  supuesto.             — ¡Aquí está! —Dijo uno de los guardianes, el más grande y rudo de su equipo, tenía una media sonrisa—. Me atrevería a decir que es Blanca nieves.             Ante eso, todos se acercaron con curiosidad y lo confirmaron, parecía blanca nieves. Ella estaba acostada sobre un largo tronco de madera y envuelta con raíces que tenían espinas como también flores hermosas que ninguno había visto antes, luego estaba ella, tan hermosa como se decía. Su cabello rubio estaba esparcido en la almohada que en su momento había dejado de ser blanca, llevaba una diadema de flores, unos pendientes de oro y los labios al color de la fresa.             —Es muy hermosa —dijeron varios hombres al verla. Sí, todos estuvieron de acuerdo, era sumamente hermosa.             —No se parece a Maua, es lo opuesto —dijo Agni viéndola—. Su hermana por supuesto tiene una belleza sin igual, pero Solda es parecida a la revelación de un ángel.             —Era considerada una ninfa por su belleza —Elan susurró viendo a su pequeña hermana—. Por favor, despiértenla ya.             Zigor dudó pero luego dio la señal y uno de los guerreros sacó de su mochila la caja de cristal donde estaba el último corazón. Zigor lo tomó antes que el dios, quien forzó una sonrisa y Enzo quiso reír, porque aunque el dios le tuviera un respeto único a su hermano, no ocultaba que lo detestaba por estar siempre un paso adelante, de hecho todos tenían esos sentimientos hacía su hermano. El rubio tomó la caja de cristal con sumo cuidado, luego la abrió y sacó el corazón, éste brillaba y latía con fuerza, reconociendo que estaba a centímetros del cuerpo. Zigor sostuvo el corazón muy cerca, los minutos pasaban y él seguía pensándola, cuando Elan iba a reclamar, introdujo el corazón y los ojos agua de la diosa se abrieron.             — ¡Erein! —su grito desgarrador los hizo a todos taparse los oídos, pero en Agni sentir su corazón doler, tuvo que sostenerse de su hermano mellizo para no flaquear, quien entendiéndola, la sujetó con fuerza.             La diosa se sacudió, las espinas y las rosas cayeron al suelo y ella con el rostro rojo, los ojos llenos de lágrimas se sentó, sin entender lo que estaba pasando. Ella tampoco había sido despertada como los otros tres.             —Cariño, soy yo, soy yo —en el campo de visión entró Elan y Solda se lanzó a sus brazos llorando desesperadamente, pero ante aquel arranque, la ropa que llevaba cayó al suelo, y ella quedó desnuda. Todos se sorprendieron y miraron alrededor, Agni buscó en su mochila una de las casacas que llevaba extras, y la colocó con cuidado en sus hombros, la diosa la miró y le agradeció con una linda sonrisa. Hasta ahora, era la única diosa que le agradaba, tal vez porque su despertar fue menos tormentoso. Elan subió el cierre de la casaca y su hermana lo miró, viendo como vestía, y luego volvió abrazarlo, rompiendo en llanto, uno que conmovió a todos, porque era como ver un ángel llorar. Ese sentimiento de protegerla y tratar de calmar su llanto era un hechizo, o realmente ellos se sentían afligidos.             — ¿Dónde están mis hermanos?             —Cariño —le habló con ternura el dios, una que nunca había mostrado. Agni regresó y se colocó en medio de sus hermanos, quienes seguían mirando la escena—. Está sucediendo lo mismo que la última vez.             — ¡Oh, no! ¡No! —Ella limpió sus lágrimas y bajó con cuidado, con ayuda de su hermano—. ¡Por qué está sucediendo otra vez! ¡Tú nos dormiste para acabar con la maldad!             —Maua despertó a los otros y luego los Brais me despertaron a mí —la diosa se giró viendo a todos los hombres y mujeres que la veían, con curiosidad y la gran mayoría sonriendo. Pero sus ojos se detuvieron en quien parecía el líder, estaba al frente y serio, sin lugar a duda él era Brais—. Ellos son los hermanos Brais, liderados por el mayor, Zigor.             —Castigo —exclamó con tristeza y Zigor apretó los labios porque por alguna razón, la tristeza de ella, era de todos. ¿Qué pasaba?—. Te pareces mucho a uno de los Brais.             —No lo creo, soy muy parecido a mi madre biológica.             —Eres idéntico a Merie Brais, el segundo hermano y que era uno de los guerreros más sensibles.             — ¡Pues no sacó lo sensible! —gritaron atrás causando risa, Zigor giró y todos se pusieron serios e incluso con algo de miedo. Agni sonrió y dio un paso hacia adelante, estirando la mano.             —Soy Agni Brais.             —Elan, ¿la has visto? ¡Parece una ninfa! ¡Que hermosa eres! ¿Qué son esos símbolos?             —Créeme, no solo yo la he visto —contestó por lo bajo el dios viendo a Agni de reojo.             —Son tatuajes, es tinta…para toda la vida —explicó Agni incomoda al ver como la diosa toqueteaba los tatuajes que se notaban, incluso había hecho que la joven levantara el cuello, para uno que se asomaba, y más descubría, más se asombraba.             —Yo soy Enzo Brais —su mellizo la salvó y los ojos de Solda fueron directo hacía el delgado y atractivo, los tres hermanos no se parecían, al menos, los mellizos con el mayor.                    — ¡Son mellizos! Los Brais no podían tener ni mujeres, ni mellizos —ante esa confesión, todos se quedaron sorprendidos—. Elan puso esa maldición, que solo serían hombres y lo máximo, dos varones de diferentes edades por si uno moría.             Todas las miradas recayeron en el dios mayor, quien apretó los labios y enfrentó la mirada de Zigor, severa.             —Solda…             — ¿Qué estás diciendo? —Enzo dio un paso hacia adelante para mirar a la diosa, quien parecía soltar todo sin darse cuenta lo que estaba diciendo.             —Los Brais solo pueden tener hijos varones, y nunca gemelos o mellizos. ¿Por qué se sorprenden por lo que digo? Deberían sorprenderse porque ellos estén aquí, y vivos.             —Nuestra sangre, es ¿Brais, verdad? —inquirió Enzo tartamudeando y sus hermanos lo miraron.             — ¡Enzo! ¿Qué cosas estás diciendo? —siseó Héctor con vos fuerte y ahí la diosa vio el parecido de los mellizos en él.             —Los tres son Brais, su aroma es tan conocida, en todo caso; los cuatro —le sonrió a Héctor pero él no le devolvió la sonrisa.             —Parece que hay una reunión muy interesante aquí, pero, debemos salir de aquí. —Coll dijo en voz alta y todos empezaron a salir, hasta que el lugar quedó vacío. Enzo se quedó en la puerta, sería el último en salir porque él los había guiado.             — ¿Y ese banquete, lo preparaste tú? —Zigor inquirió y Solda avanzó viendo la comida, la confusión se plasmó en su rostro.             —Por supuesto que no, de hecho, hay granadas —murmuró viendo a Elan—. Esas solo son cosechadas en el infierno.             — ¿Por qué no me sorprende? Liev estuvo aquí, sabía que vendríamos por su hermana.                Zigor salió para cerciorarse de que nadie hubiese comida algo de aquel banquete. Los dos hermanos se quedaron con los dioses y ella miró la ropa de Agni, se le acercó con una sonrisa en la boca.             — ¿Puedo vestir como tú?             —Yo…—miró a Enzo avergonzada y Elan soltó una risa suave tirando de su hermana para abrazarla, darle un beso en su frente con dulzura. Los mellizos salieron de ahí, sin antes dar una mirada a ese lugar, se veía demasiado hermoso, salido de un cuento, pero había tanta oscuridad, tanto veneno, que después de eso, todos serían puestos para sacarles sangre y ser analizada.             Salieron de ahí, y vieron a todos los hombres ver con curiosidad a la diosa, quien en cada paso, hacía que la naturaleza brillara aún más, parecía un hada, tal como se decía de ella, pero tanta dulzura no fue escrita.               —Tal como vinimos, nos vamos. Sin perder tiempo ¡Hay que darse prisa!             La voz de Zigor resonó y en un dos por tres todos estaban en la camioneta en camino hacia el subterráneo de La legión.             — ¿Crees que nos hechizó? —preguntaban los guerreros y Agni esbozó una sonrisa.             —Es muy hermosa.             —Hay mitos que dicen que así era como detenía a los que querían dañar su naturaleza, incluso hubo una guerra por ella, porque los mortales la vieron y se enamoraron.             — ¿El mito verde? —Agni inquirió y uno de los guerreros asintió en repetidas ocasiones—. Ah, sí, dicen que la vieron desnuda bañándose y el rey la pidió como esposa, pero en otro pueblo, había un rey mayor, que también quería casarse con ella, se fueron a guerra y de ahí viene la historia de: El manto de Solda.             — ¿Ella nos hechiza, Agni?             —No creo que lo haga voluntariamente, es más bien parte de su poder, el proteger a la naturaleza y que esta le obedezca, lamentablemente, el ser humano es bastante débil ante ese tipo de poderes —murmuró—. Pediré una muestra de sangre de ella, e incluso algo de su poder en algún ser vivo, así podríamos crear una muestra que nos proteja de su magia.             —Piensas en todo, Agni —la alabaron.             —Solo quiero que no haya otra guerra, no más. Quiero calma —murmuró bajo.   (***) Las expresionista ya habían sacado las muestras de sangre a todos, y por ese día los habían mandado a descansar, mientras Agni había pedido analizar bien algunas muestras que había traído de aquel lugar. Después pediría una muestra de ella y de su poder, así se podría crear algo que fuera una defensa para los mortales. Se había dicho que ella estaría durmiendo en la habitación más alejada, junto a su hermano, lo suficiente lejos de los hombres, para que ellos no estuvieran envueltos en su nube, y por ahora, las que andaban en movimiento eran las mujeres, ya que eran las únicas que podían soportar un poco el poder de Solda. Agni, Enzo y Zigor se habían ido de La legión temprano, a un campo, había hecho algo estilo picnic, sabiendo que era un tapadera para lo que debían hablar. Cuando aseguraron el lugar, los hermanos suspiraron y Enzo contó lo que vio antes de mandar la señal, tanto Agni como Zigor se quedaron sorprendidos.             — ¿Él te vio llegar hace siglos atrás? —inquirió confundido Zigor.             —Estuve leyendo lo que escribiste sobre Liev, en ningún momento mencionas que tiene el poder de ver el futuro, de la manera en la que lo ve él.             —Porque se desconocía ese poder, porque no lo tiene.             —Ha ocultado muy bien, lo malo de su poder, es que él nos verá venir en cualquier emboscada que hagamos ¡Por eso no hemos podido hallarlos!             — ¡Eso lo complica todo! —Murmuró Agni pasando sus manos por su cabello—. ¿Qué más viste?             —Él estaba con Solda, ella le prohibía tocar a los animales, incluso por segundos creí ver algo de miedo cuando ella lo tocó.             —Técnicamente Solda es la vida y Liev es la muerte, debe haber un poder sobre él. 
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