CAPÍTULO SEIS: URIEL BRAIS

2323 Words
La cabaña estaba perfectamente instalada en medio del bosque y él lo conocía al derecho y al revés, la mayor parte de su infancia la pasó en aquel lugar, escondido cuando las peleas con sus padres eran difíciles, en sus tiempos, su padre tuvo que casarse con una joven, que provenía de una familia con dinero y de alta sociedad, por supuesto, su padre no se quedaba atrás, con la notable diferencia que él no amaría a sus hijos, los entrenaría como máquinas para proteger los corazones. ¿Amó a su madre? Por su puesto que lo hizo, la amó mucho, porque fue quien curaba sus heridas de los latigazos que su padre solía darle, quien lo abrazó cuando el llanto era desbordante, así que, sí, amó a su madre, pero siempre tuvo claro que debía quedarse con su padre, era su deber, era un hombre, y había nacido para eso. Cuando su madre fue diagnosticada con una enfermedad, misteriosamente vinieron a vivir al bosque, para que su madre pasara sus últimos días en compañía de su familia, y que bien para su padre, sin criados. Nunca comprendió el susto en la mirada de su madre hasta que creció, y se dio cuenta que su padre fue quien mató a su madre, ya que esa sería la única manera de que pudiera criar a Uriel correctamente, y no ser aquel niño marica que lloraba. Las lágrimas dejaron de existir, se volvió alguien duro, aunque fue una de sus ventajas, porque todo lo que vio después, requería un corazón frío para situaciones tan fuertes, y ante eso su padre estaba orgulloso. Uriel Brais era todo lo que estaba correctamente bien en un soldado, eso era lo que su padre decía cuando tomó las riendas de todo. Su padre miró en un entrenamiento y ahí él recién pudo respirar tranquilamente. La pesadilla había acabado, a veces era bueno matar a los demonios que se esconden bajo tu cama, en este caso, el demonio que vivía en tu casa. Cuando llegó su hora, él fue práctico y tuvo una mujer de la noche, le pagó y tuvo a Héctor, y aunque buscó formas, aquel niño era bastante sensible, soñador y enamorador. Uriel lo había criado de una manera donde el golpe era el desayuno, almuerzo y cena, pero nada de eso había malogrado el espíritu de su hijo. Héctor nunca entendió correctamente el significado de ser un Brais, aunque siempre vio en él cualidades que ni si quiera Uriel tenía, era un gran guerrero, pero su corazón era demasiado débil para ese mundo. Cuando su hijo se enamoró, fue la perdición ¡Enamorarse! ¿Cómo es eso posible? Pero él llegó diciendo que la amaba, que no podía vivir sin ella, aún recuerda que ese día le había roto la nariz y unos cuantos huesos, cuando exigió que se separara de aquella mujer, soltó que esperaba un niño ¡Un Brais! Aceptó a Laura, pero siempre le pareció una mujer insípida y que tarde o temprano se irá dejando todo, ¿Quién sería tan fuerte para quedarse y ver el infierno que rodeaba a los Brais? Nadie. Y el tiempo le daría la razón. Zigor Brais, castigo, ¿Quién llamaría así un bebé? Laura, y es que esa mujer lloraba cada noche, diciendo que su hijo la odiaba, que la miraba muy mal, sí, era un niño con un mirada bastante dura, y supo ahí que sería un guerrero perfecto, tal como siempre había querido. A medida que crecía, demostraba cualidades que lo orgullecían y luego vino el embarazo de mellizos. ¡Mellizos! Eso desesperó a todos los Brais, a los que quedaban vivos, el rumor corrió rápido y esos niños fueron sometidos a pruebas para saber si realmente eran hijos de Héctor y lo eran, incluso esa niña que era tan blanca, con unos ojos grandes y cabello oscuro. Era bellísima, había una diosa, poco se sabía de ella, pero se parecía mucho a su nieta, una vez él había bromeado que tal vez había rencarnado en Agni, pero nadie parecía ponerle atención a lo que decía. Su hijo había tenido tres hijos especiales, marcados para la historia de los Brais, y Uriel tuvo celos, pero luego se esfumaron cuando Laura lo dejó e interrumpió el embarazó de otro Brais, que tiempo después se descubrió que serían mellizos. Aquello rompió a su hijo, estuvo por un año sin participar en los entrenamientos, y él aprovechó a moldear a sus nietos, y ellos terminaron siendo unas máquinas, sin corazón y tan inteligentes como si llevaran el mundo en la cabeza. Eran su orgullo, se golpeaba el pecho diciendo que esos tres eran sus nietos, eran impecables y mientras más crecían, más orgulloso lo hacían sentir. Por supuesto, hubo decisiones que no debió tomar respecto a Zigor, eso lo convirtió en una maquina perfecta, pero que parecía que en cualquier momento saltaría para matarlo. Uriel soltó una carcajada tomando el álbum de fotos que Laura había dejado, ahí donde estaban sus nietos, desde que eran pequeños niños sin dientes hasta siendo adultos, sin sonreír, salvo en una. Agni llevaba pocos tatuajes, pisaba los dieciséis e iría una fiesta, estaba sosteniendo el brazo de un amigo suyo, pero atrás Zigor y Enzo estaban molestos, pero en la siguiente foto, ella salía abrazándolos del cuello causando una pequeña sonrisa en sus hermanos. Agni era fuerte, no había conocido mujer más fuerte que ella, pero también era la debilidad de sus hermanos y de un dios. ¿Quién podría decir que su nieta era una piedra poderosa?                         —Estoy casi seguro que no ves esas fotos porque nos extrañes.             Uriel no se sorprendió al escuchar la voz, ya que, desde que se había instalado ahí; esperaba la visita de sus nietos, en todo caso, del mayor. Zigor se sentó en el sillón que estaba junto a la chimenea, llevaba armas, por supuesto, y una sonrisa amarga en la boca. Él estaba enterado de todo lo que sucedía alrededor de sus nietos, y también sabía de qué él sería padre, que había casi muerto y que una diosa tenía un ligero interés en él.             — ¿Te felicito por tu hijo o por el líder de La legión? —el rubio ni siquiera se sorprendió por las palabras de su abuelo, por supuesto que lo sabía todo.             —Creo que ambas son razones suficientes para que me felicites —Zigor contestó y Uriel sonrió cruzando sus piernas, dejó el álbum en su regazo y colocó toda su atención en su nieto mayor.             — ¿Qué es lo que te ha traído hasta aquí?             —Muchas preguntas sin resolver, eres un viejo que sabe demasiado, incluso más que yo, lo cual es raro, ya que yo siempre he sido superior en muchos campos.             —Tienes el ego muy grande, Zigor.             —Tú me enseñaste a que debía tenerlo. Fui obligado a saberlo todo, soy una perfecta máquina, ¿no lo crees?             —Ah, ¿por qué dices eso? Te veo bastante humado. —Uriel bromeó y Zigor alzó una ceja ante su tono de voz—. Que se reproduce, ¿Qué nombre tendrá ese niño? ¿La pequeña Bel sabe que le espera a mi bisnieto?             —No digas estupideces, ese niño no es nada tuyo.             — ¡No digas estupideces tú! —Siseó el viejo—. Puedes odiarme lo que tú quieras, pero sigo siendo un Brais y tú, aunque rubio, también lo eres.             —Nunca voy a dejar que ese niño se acerque a ti.             —Sabes, es curioso, no quieres que yo me acerque a Tormenta —murmuró y Zigor se sorprendió por saber el significado del nombre de su hijo—. Pero, cuando tú estabas en el vientre de Laura, Héctor no dejaba de decir que eras su vida, su bebé, ni niño dulce y sus ojos brillaban como si su esperanza estuviera en ti. Lo estaba, por supuesto.             >>Pero tú no, ni siquiera veo que sientas alegría por su llegada o su mención, tus ojos son tan fríos como estos inviernos. Me pregunto: ¿con quién sería feliz ese niño? ¿Con una madre amorosa o como un padre que es una piedra?             —Eso no es algo que te incumba —siseó el rubio, Uriel levantó las manos en forma de paz, sin dejar aquella estúpida sonrisa—. Tengo preguntas, como ya mencioné, quiero respuestas.             — ¿Por qué crees qué te las daré?             —Porque puedo matarte ahora mismo, así que habla.             Uriel pensó y pensó, soltó un suspiro, ¿matarlo? Por supuesto que aquel hombre de ojos azules podía hacerlo, ¿quería morir? Aun no, tenía mucho que ver, y vivir, aunque fuera un anciano, así que soltó el aire y se preparó para responder todas las interrogantes que su nieto tenía.             — ¿Por qué no hay actas sobre nacimiento de mellizos y mujeres en los Brais?             —Ah, empezamos con fáciles —contestó el anciano, guardó silencio y después de segundos habló: —. Porque nunca hubo nacimientos, siempre eran dos Brais con tres o cuatro años de diferencia, no más, ni menos. El nacimiento de tus hermanos fue una sorpresa, hasta el final creí que no eran hijos de Héctor, pero resultó que sí, y que era un milagro su llegada, así que no se habló más sobre aquella parte de nuestra familia.             >>Por supuesto, tu padre investigó, porque Elan nos maldijo, él creía que las mujeres eran débiles, y los mellizos peligrosos, pensaban igual y juntos eran poderosos. De hecho, siempre creí que Enzo y Agni juntos eran un peligro, por eso pedía entrenarlos por separados.             — ¿Un poder especial por ser mellizos?             —De hecho, hubo algo extraño —Uriel se recostó en el sillón porque sabía que aquella conversación sería larga—. El doctor dijo que eran gemelos, hombres, estaban en un mismo saco, pero cuando nacieron fue la sorpresa de todos, más mía. Ellos nacieron y ni bien los juntaron, se tomaron de la mano, fue como siempre hayan estado en un mismo saco, y se estaban haciendo promesas.             >>Enzo tiene un carácter que a veces Agni no tolera, pero, ¿te has dado cuenta que ellos siempre vuelven? Nunca pueden estar lo suficiente lejos, así que antes de los dieciocho, Héctor tenía cuidado con ellos, si uno moría, tal vez el otro lo seguiría. Ellos están así como, unidos.             —Pero ellos son mortales, como todos.             — ¿Cuándo te dije lo contrario? —Uriel colocó su mano en su quijada viendo fijamente a su nieto mayor—. Son mortales, pero especiales, seguramente algún dios menor sigue vivo, y bendijo a tu madre, pero eso ya es una investigación que debes hacer tú.             — ¿Por qué será que no te creo? Sé que sabes más, dilo ahora.             —Tus hermanos no deberían existir, pero están, y son buenos soldados. ¿Qué más quieres que te diga?             —Maua, ¿ella tuvo hijos?             — ¡Y cuántos de ellos! —dijo riendo Uriel—. Esa diosa gozó la vida y ante eso, hay muchos semidioses regados por el mundo, algunos buenos, otros como ella, por eso despertó mucho antes.             — ¿Por qué no la detuviste? ¡Era tu deber! —exclamó el rubio y Uriel hizo una mueca.              —No podía, lo intenté, pero Maua siempre iba un paso hacia adelante.             —Tengo dos preguntas más y me iré —habló después de largos minutos de silencio, Zigor tenía la grabadora encendida, todo había sido grabado—. ¿Liev puede ver el futuro?             Aquello si hizo que el anciano se confundiera.             — ¡Por supuesto que no! ¿Quién te dijo aquello tan absurdo? —Zigor miró su rostro, buscando algo de mentira, pero Uriel era experto mintiendo, tal vez lo estaba haciendo ahora.             —Curiosidad, quisiera saber más sobre los dioses.             —Tienes una pregunta más, suéltala.             — ¿Elan que tan malo es? —Uriel sonrió. Bingo, había llegado a la pregunta que había esperado desde que su nieto había llegado—. Por la sonrisa que traes…             —Hijo, nadie es tan bueno como dice, ni tan malo como se muestra —le contestó Uriel—. Elan es un dios, y para mí los dioses son seres que envidian su creación. ¿Qué podría envidiar él?             —Ya un Brais le quitó una mujer.             —Tal vez ahora quiera una Brais —susurró pensativo Uriel—. No sería el primer dios en sentirse atraído por Agni.             —Es todo, me voy. —Zigor se puso de pie y avanzó hacia la puerta, Uriel no se movió, pero habló:             — ¿Estás seguro de lo que pasó la noche de la creación de tu hijo? —Zigor no giró, pero se detuvo.             — ¿A qué te refieres?             —Averigua bien que hay tras ese bebé tuyo, digo, eres el líder, tienes dinero y un nombre que hasta en el infierno debe sonar. ¿No es mucha casualidad que vayas hacer padre, siendo tú tan calculador?             Zigor no dijo nada y salió de ahí, dio una última mirada a la casa del bosque, para después subirse a la todo terreno y manejar de regreso hacia La legión, más confundido que cuando llegó ahí. Uriel sonrió cuando escuchó pasos, luego la vio sentarse en el sillón donde su nieto había estado sentado.             —Siempre he creído que Zigor es muy atractivo, el protagonista de todo.             — ¿Qué te trae aquí, Maua? Aún más cuando La legión te busca con desesperación y créeme, tienen las armas para detenerte.             —Elan ha sido despertado.             —Lo sé.             —Quiero acabar con él, tú sabes más de lo que yo sé.             —Parece que muchos me consideran una biblioteca. —Uriel soltó una ronca carcajada, Maua sonrió falsamente—. ¿Qué obtendré a cambio? 
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