En el estudio que Zigor tenía en la casa, solo sus hermanos y él tenían acceso, nadie más, ni siquiera Bel que en varias ocasiones había querido entrar. Tenía razones suficientes para detenerla, para ponerle un pare pero ella siempre salía con nuevas excusas, ni siquiera quería estar cerca de Agni, y eso que ellas eran mejores amigas. ¿Qué había sucedido con ella? No era la mujer que se fue, no era la Bel que ellos conocían.
El rubio volvió a escuchar las grabaciones mientras iba pasando las fotos que había vuelto a tomar, la tumba ya estaba disposición de ellos y ese mismo día se haría una conferencia sobre los restos encontrados, sobre el oro y todo lo que estaba en la tumba, todo, por supuesto, estaba siendo curado a cargo de su hermana, mientras que Enzo estaba haciendo el estudio y comparación de lo que estaba escrito y lo que por años sus antepasados habían dicho.
Soltó un largo suspiro al ver la última foto, ahí donde estaba la escultura de la diosa, tan diferente a como lucia ahora mismo, el cabello largo siempre le dio ese aire de inocencia, pero ahora, se veía ruda, y tenía la pinta de ser la mala del cuento. ¿Y si realmente ella lo era?
—Ya es hora de irnos, ¿sigues aquí? —Agni entró al estudio, llevaba un vestido largo de color verde oscuro, su cabello n***o cayendo en sus hombros con gracia, se veía muy hermosa, como siempre—. ¿Hay algo más que has encontrado? Has estado muy callado.
Agni con dulzura pasó sus manos por su rostro, acariciando, incluso hasta su cabello tocó, una acción muy tierna que hizo que el corazón de piedra de Zigor, vibrara. Era la debilidad de los hermanos Brais, Agni lo era.
—Uriel estaba seguro que Liev no veía el futuro, he estado investigando sobre él, pero… su nacimiento ya lo sabemos, ¿Qué se nos está escapando?
—Hay un mito, un solo mito que se olvidó por el hecho de no haber pruebas —la joven se acercó a la biblioteca y tomó un viejo libro que hablaba sobre las deidades menores, para después colocarlo en el escritorio—. En unas líneas se menciona, pero está ahí, tal vez sea nuestra pista.
— ¿Qué dice? —inquirió Zigor y Agni se inclinó para leer:
—“Y los dioses tuvieron una abuela que veía el futuro, que vio venir al de ojos rasgados. O tal vez solo son cuentos de los mortales” —citó la joven—. Cuando estaba haciendo mi tesis, lo encontré, investigué más, pero no hay nada que nos hable de ella, pensé realmente que era algo que los mortales decían, tal vez vieron su magia y creyeron que sus abuelos tenían el don de ver el futuro.
— ¿No dice el nombre de la abuela?
—No.
— ¿Quién escribió ese libro? —preguntó y Agni vio la fecha de publicación junto con el nombre del autor: Martin Day.
—Martin Day, Akino. Debe vivir aquí, su familia al menos.
—Dame unos momentos y buscaré.
Su hermano empezó a teclear en la computadora, en poco tiempo, ya estaba toda la familia de Day, e incluso sus obras publicadas y sus nietos, que curiosamente, eran también escritores. Al final, salía la dirección, pero eso fue ya una maña de Zigor.
—Podemos ir a verlo, buscar más información.
—Tenemos la conferencia, hoy no puede ser.
—Entonces hay que invitarlo a una exposición, la próxima que haya, a los nietos, seguro estarán encantados —Zigor la miró, Agni sabía que algo más estaba ocultando—. Tenemos que saber todo sobre los dioses, para saber también sus debilidades.
—Bien, haremos lo siguiente. Ahora iremos a la conferencia, luego, en la siguiente semana que hay exposición sobre las primeras piezas encontradas, se les enviará una invitación, y ahí, podremos acceder a más información.
—Es hora de irnos, entonces.
Zigor se puso de pie, le dio un largo beso en su frente y luego ambos salieron. Enzo recién salía de su habitación, iba tenso, mientras que Bel hablaba con el padre de los Brais, animadamente y se tocaba el vientre. No quería exponerla a ningún peligro, ni siquiera se sabía que él sería padre.
—Es hora de irnos. Bel, tú irás con mi padre —ordenó Zigor, la muchacha apretó los labios y asintió, Héctor frunció el ceño, ya luego tendría una conversación seria con su hijo.
Cuando llegaron al museo, se sorprendieron por la cantidad de gente que había en ese lugar, incluso estaban los periódicos más prestigiosos de la isla, reporteros, alumnos. La cantidad era algo que no se esperaban.
El estrado estaba listo, incluso la exposición con grandes fotos donde se podría mostrar las esculturas encontradas, algunas pinturas y lecturas en aquella lengua muerta. Zigor hizo que su hermana subiera primero, luego él y después su hermano Enzo. Sonrieron, saludaron y el rubio tomó el micrófono.
—Buenas tardes, y bienvenidos al museo Brais. Es una sorpresa ver que hay más gente de lo que se ve en el año —dijo con seriedad causando risas en el público—. Pero, como es algo importante, me alegra que los medios estén aquí, así podrán conocer un poco más de la investigación que he hecho con mis hermanos y todos los profesionales que nos acompañaron. Esto es un mérito para todos los trabajadores del museo, una investigación larga con resultados que nos llenaron de sorpresa.
>>Nuestra investigación más reciente nos llevó a la tumba perdida de Maua, la diosa de la tierra y también quien provocó el caos hace miles de años, la diosa que aparece en nuestros libros de historia, la diosa que hizo que Akino, nuestra tierra, se dividiera y muchos inocentes muriera. Esa es la historia que a lo largo de los años se encontró, se descubrió y escribió, mi familia es parte de aquella investigación, y por años estuvimos seguros de eso.
>>La tumba siempre estuvo perdida, sabíamos que estaba en esta isla, pero nunca se halló, muchos arqueólogos aseguraban que la tumba no se encontraba, ni siquiera cerca de las tumbas de sus hermanos, algunas ni siquiera fueron tocadas porque era imposible acceder a ellas, pero, hace poco se accedió a la tumba del dios Erein y ahora de Maua.
— ¿Por qué hasta ahora revelan lo de la tumba del dios Erein? —preguntó un reportero. Zigor apretó los labios y con la amabilidad que no poseía, respondió.
—Queríamos estar seguros de lo que mostraríamos al mundo, ya que en poco tiempo, Akino será punto de investigación por el mundo entero. No podríamos decir que encontramos su tumba, que también pudo ser alguna hecha por algún humano devoto de los dioses.
— ¿Qué les garantizó que estás tumbas pertenecían a los dioses? —preguntó otro reportero y esta vez fue Agni quien contestó.
—Los dibujos, las pinturas, y las muestras que encontramos. Tanto Zigor y como yo, fuimos los que nos encargamos de aquella investigación —explicó la curadora—. Ahora, también podemos asegurar que la tumba perdida de la diosa que más muertes causó, fue encontrada y estudiada.
>>Se encuentra lo bastante oculta para no verla, pero a la vista, como una broma. Tenemos en cuenta que, Elan junto a los primeros Brais, fueron quienes crearon aquellas tumbas y durmieron a sus hermanos —explicó la muchacha—. Pero, al abrir la tumba de Maua, pudimos darnos cuenta que ella no fue dormida, le arrancaron el corazón estando aun despierta y suplicando por su vida.
—Ella fue encerrada ahí, la única manera que se encontró para contener su ira —Enzo habló, todas las miradas cayeron en él—. Así que ella llenó aquella cueva con relatos, sus días, y todo lo que vivió, incluso porque hizo todo lo que hizo. Por supuesto, en su lengua, para eso, mi hermana Agni Brais junto con su grupo, han estado traduciendo todo.
—Han pasado siglos, ¿Por qué encontrar la tumba ahora? ¿Qué podría esconder?
—Tal vez la razón de que fue Elan quien la enterró ahí de una manera injusta —Zigor no podía creer lo que había salido de su boca, trató de mantener la compostura cuando todas las miradas cayeron en él—. Ente lo encontrado, ella pide ayuda y dice que la razón de todo el mal que hizo fue el dios principal, Elan.
— ¿Qué más se ha encontrado ahí, señor Brais? —preguntó una estudiante, lo sabía por el uniforme que llevaba.
—Algunas pinturas, esculturas, altares y dibujos en piedras que están siendo analizados.
—Ustedes dijeron que la diosa había sido puesta en aquella tumba despierta y luego arrancado el corazón. ¿De qué se valen para decir eso? —otro reportero pregunto, esta vez fue Agni quien respondió.
—La tumba estaba con arañazos e incluso restos de uñas y lo que podría ser sangre —explicó la joven con seriedad—. A los costados tenía escrito: “Sálvame, por favor, sálvame”
Las personas se quedaron sorprendidas ante esto, todo estaba siendo grabado y estaba seguro que todo estaba siendo pasando por televisión y no solamente en Akino, en varias partes del mundo, y Héctor lo comprobó cuando revisó r************* , se llevó con la sorpresa, que ya estaban subtitulando la entrevista a sus hijos, con la palabra en grande “GRAN HALLAZGO EN AKINO”
Aquello era muy bueno para la isla, para el museo y el reconocimiento de sus hijos, pero también temía por todos los inocentes que podrían morir por querer saber la verdad. El padre vio como sus hijos seguían respondiendo y luego vio a la madre de su nieto estar ansiosa, Bel siempre fue una niña dulce, amigable que hacía todo por ver sonreír a Agni, pero ahora parecía estar enfermando, y aunque le habían sacado análisis, él no la veía bien.
Había estado pensando mucho en el hecho de que, ella pudiera tener depresión, Zigor como profesional era increíble, como líder, nadie podría superarlo, pero, como padre o pareja, era un punto débil, podría decirse que alguien que carecía de empatía hacia los demás, y si quería destruirte, lo haría, y si quería decirte que no te amaba, lo diría sin parpadear.
Después de saber el abuso que de niño había sufrido, él le rogó para que fuera a sesiones con terapeutas, pero su hijo solo asistió a una y ya no quiso ir más, le rogó, pero Zigor se negó. Nunca pudo dominarlo, o tratar de darle ordenes, siempre fue un muchacho con un carácter difícil y un espíritu intocable.
Una hora después, ya había terminado todo, pero muchos se habían quedado para visitas guiadas por otros historiadores que ahora trabajaban para el museo, vio a sus hijos ser perseguidos por la prensa, y ellos contestaron amablemente, todavía no podían revelar todo, en dos semanas se sabría la verdad, esa que Zigor tanto había buscado.
—A veces creo que Zigor se enamoró de Maua —la voz de Bel lo hizo salir de sus pensamientos, Héctor la miró fijamente. ¿A qué venía eso?—. Desde joven la idolatraba, y ahora defiende su honor, olvidándose que mató a muchas personas.
—Bel, no creo que eso sea amor, es más ser profesional —Héctor le regaló una sonrisa—. Mi hijo es un gran estudiante, un gran profesor y profesional, quiere la verdad, es solo eso.
—Todas estas noches ha preferido estudiar la verdad, que sentir a su hijo.
—Cariño —llamó a la muchacha con dulzura—. Debes tener algo claro, mi hijo no está enamorado de ti, él quiere al bebé, no te hagas expectativas.
—Creo que debí elegir al hijo correcto, Enzo parece mejor opción.
—Bel, te quiero muchísimo, pero no digas eso. Mis hijos no son opciones, ninguno, cada uno tiene su valor.
La muchacha calló y Héctor sabía que debía tener ya una conversación seria con él.
Después de unos minutos, sus hijos se acercaron y él le pidió que lo acompañara a su oficina, Zigor asintió siguiéndolo, en el camino hablaron sobre la entrevista, y Héctor le dijo que ya estaba a nivel mundial, un gran logro. Cuando llegaron, el rubio no pudo evitar notar las fotografías en todo el lugar, y todas, cada una, eran de ellos tres; desde que estaban chicos hasta ahora, siendo adultos. Algunos eran recortes, otras fotos que él había tomado. Su padre los amaba muchísimo.
—Siéntate, Zigor.
La seriedad de su padre solo le señaló que tenía que ver con Bel, otra vez.
— ¿Qué ocurre papá?
— ¿Qué ocurre contigo, hijo? Serás padre y no veo preocupándote por esa muchacha y esa criatura.
—Claro que me preocupo, está yendo al médico, tiene comodidades y todo lo que una embarazada puede desear.
—Ella está enamorada de ti. —señaló el hombre.
— ¡Yo no le di esperanzas! ¡Nunca!
—Pues lo está y que no la ames está haciendo que enferme.
— ¡Ni siquiera quiero a ese niño! —exclamó el rubio—. No quería hijos, quiero detener eso, quiero que los Brais sean liberados. ¡No quería hijos, todos sabían eso, hasta ella!
— ¡Debiste de pensar en eso antes de tener sexo!
— ¡Fui drogado! ¡No fue consensuado! —Gritó y Héctor se sorprendió ante las palabras—. Me hice análisis y me encontraron restos de alguna droga en mi organismo, por eso no recuerdo nada, ni siquiera una caricia. Yo no la deseaba.