Capítulo 23

1329 Words
Haga lo que haga, o el sitio en el que esté, a la cabeza no para de venirme Mateo. Cuatro meses han pasado desde su promesa, demasiado poco, porque todavía faltan ocho para poder irnos, ¡ocho! ¿Cuántos días son esos? Pues no me apetece ponerme a calcular, pero muchísimos. No veo la hora de que llegue el día, pero parece que no lo hará nunca, lo veo tan lejano... — Oye, Ra. ¿Vienes hoy a tocar un rato a casa? — Le pregunto a mi mejor amigo. Es viernes y esos días casi siempre son para nosotros. — Claro, Ale. Espero que tu hombre no se ponga celoso... — Guiña un ojo, divertido. — ¡Tonto! ¿Cuándo vas a parar de hablar de él? Desde que te lo dije, no hay ni un solo día que no lo nombres. — Lo sé, es que aún no me creo que vayáis a estar juntos. O sea, entiendo que tú te hayas enamorado de él, el amor adolescente es así, pero Mateo... parece un hombre serio, quiero decir, de esos que se casan, tienen hijos y demás. — Es pronto para ser madre — Bromeo, riendo — Pero, ¿por qué dices eso? La nuestra puede ser como una relación cualquiera. — Si en cualquier relación el chico le lleva a la chica varios años, si. Podéis ser una pareja normal y corriente. — Vamos, Ra. — Le pego en el hombro — Los sentimientos son los mismos, pero con esa pequeña diferencia, la edad. — No sé, Ale. No os termino de ver juntos. No quiero decir que no lo estaréis, pero es raro. — ¡Cállate y vamos! — Me tiro a su espalda para que me coja — Santiago nos espera ya. Llegamos y comemos en casa en compañía de toda la familia. Raúl está de muy buen humor y me lo contagia sin parar, no para de hacer bromas y así hacerme reír. Pasamos la tarde viendo una película, elijo yo, así que obligatoriamente y debido a cómo me siento ahora mismo, es de amor. — Oye, Ale — Me dice mi mejor amigo cuando termina la película — ¿Has pensado alguna vez en lo felices que podríamos ser juntos? — Pues... para qué te lo voy a negar, Ra. Sí, muchas veces sí, hasta que me enamoré de Mateo. — ¿Qué tiene él que no tenga yo? — Alza ambas cejas, aunque no parece molesto. — Nada, Raúl. Tú lo tienes todo, eres perfecto. Pero Mat es al hombre que veo y... sé que es él. — ¿Y ya está? Asiento, sonriente. Si, es sencillo, pero a veces las cosas más sencillas son las más especiales. Raúl se va a las ocho, para llegar a cenar a su casa. No podré verlo al menos hasta el domingo, ya que mañana hay una nueva y aburrida cena de las que papá organiza. ¿No se cansan nunca de hacer negocios? Creo que tienen adicción al trabajo. Tanto él como Mateo. — A ver, papá — Protesto — ¿Cuándo tenga treinta años, también vas a obligarme a asistir a esas cenas? — Claro que sí, cariño. Vendrás con tu marido y tus hijos — Ríe. — Eso sí que no, no obligaré a mis hijos a torturas como éstas. Les crearía un trauma como el que yo tengo ahora. — Eso hace que ría todavía más, teniendo que parar de comer para no atragantarse. — Créeme, cariño. A mí tampoco me hace demasiada gracia... — Suelta ahora mamá, sorprendiéndonos a todos. — ¿Ah, no? — Papá ha dejado de reír de golpe — ¿Desde cuándo? — Desde nunca, mi amor — Sonríe mi madre, achinando los ojos — Pero a veces hay que hacer pequeños esfuerzos para complacer a la persona que quieres, ¿no? Mis padres se miran cómplices, es increíble que después de tantos años, se note el amor que se tienen el uno por el otro, como el primer día. Al mirarlos quiero algo así, sin lugar a dudas. Ojalá pasen los años y Mateo y yo nos queramos de esa manera. — ¡Eh, eh, eh! Tortolitos — Los interrumpo moviendo la mano arriba y abajo para interrumpir esa mirada cargada de cariño, pero a la vez, incómoda para mí — Aquí no, por favor. Me alegro mucho que os queráis y todas esas cosas, pero mejor en la intimidad. Mateo me mira con una sonrisa, moviendo la cabeza a ambos lados. Papá y mamá también sonríen. — ¿No te gusta que tus padres se quieran? — Pregunta mamá, todavía divertida. — Creedme que me encanta... pero para una hija adolescente es incómodo. — Está bien, está bien... — Le quita importancia papá. — Pero recuerda esas palabras, un día tendrás novio y te diremos lo mismo. Como ese amigo tuyo, Raúl. — ¿Qué pasa con Ra? — Pregunto extrañada cuando mi amigo sale en la conversación. — Bueno... ese chico te mira de una manera, Ale... ¿no te has dado cuenta? — No, papá. Es mi mejor amigo. — Me gusta para ti, cielo. Es un buen muchacho. ¿No será tu querido enamorado él? En la comida de hoy se os veía muy bien juntos. Con ese comentario, noto la tensión aumentar en la cocina. Mamá y Milagros se lanzan miradas rápidas, Mateo ni siquiera levanta la vista del plato y yo me quedo muda. Pobre papá... es el único que no se entera de nada. — Déjalo, papá. — Me siento para seguir cenando. Pero mi padre busca a alguien para seguir con su juego, pero claro, nadie está por la labor, ya que saben perfectamente quien es el enamorado del que habla papá. Y está sentado ahora a su lado. — ¿Qué pasa aquí? — Mira uno a uno, extrañado. — Parece que todos sabéis algo que yo desconozco... Vale, si antes era incómodo, ahora es insoportable, hay un largo silencio hasta que mamá suelta una carcajada, aliviándonos a todos. — Ay, Jesús, cariño. Deja a tu adolescente hija... ya es mayorcita para saber lo que hace. Miro a mamá con los ojos como platos y sin emitir ningún sonido, le doy las gracias por sacarme de este apuro. ¿Vamos a poder seguir con esto ocho meses más? *** Últimamente, Mateo y yo nos reunimos antes de irnos a la cama, solo tenemos esos minutos diarios cada día, por lo que no perdemos el tiempo. — Vaya con papá hoy, eh... — Si, Alejandra. Un día de éstos van a descubrirlo todo. — Resopla, recostado en el sillón. — Podíamos hacer una locura, Mat — Le digo, seria. — ¿Qué clase de locura, pequeña? — Coge mi mano, besándola con dulzura. — Pues ahora mismo, cogemos cuatro cosas necesarias... y nos vamos. Donde sea, y sin decírselo a nadie. — Pequeña, eso haremos, pero con la diferencia de que tus padres no llamen a la policía por que tú eres menor de edad y al final yo acabe en la cárcel. Entonces sí que no íbamos a estar juntos nunca. — ¡Yo quiero estar contigo ya! Abrir los ojos por las mañanas y verte a mi lado, desayunar mirándote sin parar, con el olor a café por toda la cocina. Esperar a que llegues de trabajar y recibirte con un abrazo y miles de besos. Y que me digas que me quieres, cada día. — ¿Solo quieres eso? — Bromea, sonriendo. — No, tengo miles de ideas sobre tú y yo. Nunca se me agotan, ¿y sabes por qué? Porque te quiero por encima de todas las cosas. — ¿Por encima de todas las cosas? — Sonríe, menos mal que hace tiempo dejaron de sorprenderle mis locuras — ¿Por qué me quieres de esa manera, mi niña? — Porque ésa es de la única manera que se puede querer.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD