Enfrentamiento

934 Words
¿Que cómo es que Emilio y yo terminamos en este hotel? Mentiría si dijera que no lo sé. Mentiría aún más si dijera que no fui yo quien se lo propuso. Y, por supuesto, sería la reina de las mentirosas si dijera que no estoy ansiosa por él. Recuerdo que, cuando éramos estudiantes, la cercanía con la escuela me parecía algo demasiado inadecuado. Pero ahora me parece que está demasiado lejos, incluso en coche. De ser por mí, habríamos ido al que está inmediatamente al lado de la preparatoria, pero no, Emilio decidió que sería mejor venir a este que está junto al deportivo. -Más discreto.- fue lo único que dijo cuando le pregunté. Ahora estamos aquí, enredados en el otro mientras esperamos el elevador que nos llevará a nuestra habitación. El suave ping que anuncia la llegada del aparato nos hace separarnos y me atrevo a mirarlo furtivamente mientras entramos. Su cuerpo sigue siendo magnífico, de eso no hay duda alguna. Sus cabellos castaños son ahora un poco más largos y mi mente se pone a divagar sobre cómo se sentirá aferrarlos mientras me hace el amor. El amor, el amor, el amor. ¿A qué se le puede llamar hacer el amor? ¿En todo este tiempo lo he hecho con Alfredo? Entramos a la habitación y siento un escalofrío me recorre el cuerpo por completo. -¿Qué pasa, nena?- dice Emilio mientras me mira atentamente. -Nada, nada. Sólo estoy nerviosa.- digo al tiempo que me acerco a sus labios para besarlo pero me frena. -No tienes que hacerlo si no quieres.- dice mientras toca suavemente mi mejilla. -Sí quiero, sólo es que estoy nerviosa... No sé cómo explicarte eso.- ¿Cómo le diré que todo este tiempo siempre pensaba en cómo sería estar juntos otra vez? ¿Cómo podría decirle que me siento mal por no recordar esa noche tal y como Alfredo decía que sucedió? -Está bien, nena. ¿Te gustaría tomar un baño?- dice mientras se quita los zapatos y se encamina al baño para llenar la enorme tina. Sigo su ejemplo y me despojo de los míos mientras observo la habitación con detenimiento. El lugar es bonito y la iluminación es lo suficientemente escasa como para que no me sienta cohibida al quitarme la ropa. Cuando esto por quitarla Emilio se acerca a mi y me dice suavemente: -¿Me dejarías ayudarte con eso, por favor?- dice mientras toma los botones de mi blusa. -Yo... claro...- tartamudeo con las palabras atascadas en mi garganta y siento cómo comienza a desabotonarlos poco a poco, mientras va dejando suaves besos en mi piel expuesta. Cuando llega al final, me quita la prenda con cuidado y la deja sobre el respaldo de la silla que está junto a la cama. Toma mis pantalones y siento sus manos hundirse hasta tomar mi trasero y comienza a bajar hasta quedar de rodillas frente a mi. Esa visión me ofusca los sentidos y su aliento sobre mi vientre no ayuda a aclararlos. "Definitivamente no fue el mejor día para elegir mi ropa interior." pienso mientras recuerdo, por completo avergonzada, que hoy me puse la ropa más cómoda y con mejor soporte que tenía. Claramente no es nada atractivo ni algo que haga encender la llama de la lujuria, pero él ya me está mirando... Sus manos comienzan a quitarme poco a poco la prenda y siento la humedad crecer entre mis piernas mientras se pone de pie para quitarme el sostén. Cuando mis pechos se liberan de la molesta prenda se aleja un poco y me mira maravillado. -Eres la mujer más hermosa que hay en todo el mundo.- dice mientras se quita las mancuernillas y las pone sobre el tocador. ¿E qué momento comenzó a usarlas? -¿Puedo ayudarte?- digo, sintiéndome valiente de pronto y cuando mueve su cabeza en un gesto afirmativo me pongo frente a él, sin importar mi propia desnudez, y comienzo a desabotonar su camisa lentamente. Su ardiente piel, con el color del azúcar, me recibe y eso me calienta como nunca. "En contraste con la piel de Alfredo, que es blanca y lampiña... Y fría." pienso con cierta amargura, pero ese pensamiento se borra por completo de mi mente cuando me arrodillo frente a él y desabrocho los pantalones de vestir, que caen por completo dejando en evidencia la gran erección que apenas si contiene su ropa interior. Le ayudo a deshacerse de la molesta prenda y toco su m*****o con manos temblorosas por la excitación. Quiero pasar mis manos por toda su piel, grabarme la sensación tan agradable que me deja el hacerlo. -No, Jenny... Si me tocas así esto terminará antes de comenzar.- Dice un poco avergonzado y me ayuda a levantarme para luego darme un beso tan hambriento que, de inmediato, enrosco mis piernas en su angulosa cadera y siento sus manos sujetar firmemente mi trasero. Nuestros cuerpos se amoldan de un modo tan perfecto que siento mi húmeda vulva rozarse con su pene endurecido sin pudor alguno y encuentro la forma de moverme, provocando que ese roce envíe descargas eléctricas de placer por todo mi cuerpo. -Siempre quieres el postre primero, nena.- dice con una risita ahogada en mi cuello mientras me deja sobre el frío tocador y se coloca un preservativo (que no tengo idea de dónde salió) para hundirse en mí por completo y cualquier respuesta o pensamiento que pasara por mi mente se borra por completo. Sólo importa él, moviéndose firmemente dentro de mi, mientras me besa y nuestros gemidos mueren en la boca del otro.
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