La desilusión me golpea con fuerza y no entiendo qué me movió a tenerla. ¿Qué esperaba? ¿Que volviera? ¿Que me dijera que, a pesar del daño que le hice, quiere estar conmigo? Que tonta soy.
Dejo la tarjeta de lado y abro las cartas. Conforme las leo, la ilusión crece de nuevo en mi interior y una buena de felicidad crece en mi. Todas tienen más o menos el mismo contenido:
“Querida Jenny,
No tienes idea de cuánto te extraño, cuanto te he necesitado y cuánto deseo volver a formar parte de tu vida.”
Tomo las cartas con manos temblorosas y también la tarjeta. Miro con fascinación como sigue casi intacta, hasta que noto en la parte de atrás un número de celular escrito con lápiz y marco el número.
-¿Hola?-
-Hola, nena.-
…
Estoy en el mismo café donde siempre veníamos luego de salir de la preparatoria. ¿Cuánto tiene que no venía a este lugar?
Miro con nerviosismo la puerta del lugar y lo veo entrar. De inmediato, mi boca se seca y siento ese tirón en el vientre bajo que ahora conozco tan bien. Me excita sólo de verlo.
Me encuentra rápidamente y me regala la sonrisa que tanto me gusta.
Me permito comérmelo con la mirada mientras llega hasta la mesa y siento la humedad entre mis piernas.
Sus brazos están cubiertos por una camisa de vestir que se estira de forma sugerente, dándome a entender que sigue haciendo ejercicio con la misma exigencia que antes. Miro su cara y veo que sus facciones ahora son un poco más angulosas… más adultas.
-Una foto dura más.- me dice sonriente, mientras se sienta a mi lado y me besa en los labios.
Al principio su beso es tierno y recatado, luego su lengua se abre paso entre mis labios y siento como un fuego me recorre por dentro, concentrándose en ese punto donde mis piernas se unen.
-No… Espera…- digo mientras me separo, tratando de recuperar el aliento que su beso me ha robado.
-¿Qué pasa? ¿Tan malo soy besando?- Dice tratando de aligerar un poco la tensión.
-No, en absoluto podrías serlo.- En verdad no lo es. Si comparo su beso con los que me ha dado Alfredo (que realmente han sido pocos), nunca había sentido mi cuerpo vibrar así.
-Me alegro de que me lo digas. Ahora… Debo decirte algo y quiero que me escuches hasta el final.- me dice serio, mientras se quita la corbata y la guarda en un maletín que ni siquiera noté que traía.
-¿De qué se trata?-pregunto con curiosidad.
-De Alfredo. Tengo la forma de demostrarte que él nos engañó y tú caíste por completo en su juego. Sé lo que ha hecho contigo desde que se comprometió con Martha…-