Es mayo de nuevo. Dentro de dos meses será la boda de Alfredo con la señorita Martha. Aunque he tratado de ser amable y amistosa con ella, siempre tiene esa actitud tan pedante hacia mi persona. ¿Será que ella sabe lo que pasa entre Alfredo y yo? Espero que no.
No sé si es por la antipatía que ella me causa pero me causa mucho placer desnudarme frente a Alfredo y comenzar a provocarlo cuando ella le llama, pidiendo verlo.
Me gusta mucho la forma e que me mira cada que me pongo la ropa interior tan sexy que compra para mí. Me gusta saber que se toma la molestia de ir a elegir lo que quiere que me ponga... que se toma el tiempo... que le importo.
El lado malo de ser la asistente de este hombre tan endiabladamente sensual es que tengo que atender todos los asuntos referentes a la planeación de su boda.
Aunque se decidió que las ceremonias (civil y religiosa) se llevarán a cabo en la casa, no han dicho nada sobre la recepción. Yo creo que sería tonto no hacerlo todo en la misma casa, pero a veces la gente -y con gente me refiero a Martha- no toma las mejores decisiones.
Ahora resulta que la futura señora Lugo quiere un montón de esculturas de hielo como centros de mesa en la recepción. Cuando le mencioné que primero tenía que decidir dónde sería la recepción para saber cómo pedirlos, se puso como loca. Aún recuerdo que llamó a Alfredo para quejarse de que yo era una grosera e incompetente y que no quería que yo estuviera ahí. Alfredo simplemente le contestó que si no quería que yo estuviera ahí tendría que planear y organizar la boda ella sola.
La señorita tuvo que tragarse su berrinche y decir que la recepción también se haría en la casa porque, aunque quería que se hiciera en casa de su familia, ambos domicilios estaban muy lejos como para trasladar a todas las personas que irían.
Por fin pude deshacerme de ella fui a un café por algo para comer y no pude creerlo cuando la chica vino a tomar mi pedido.
-Leonor.-