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El arte de Amar.

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Blurb

Aquí empieza una verdadera historia de amor, llena de aventuras, con sus altibajos y emociones a flor de piel, una historia que nace del amor propio y el romance hacía un artista joven.

Un día como cualquier otro, Dove decide recurrir al metro como medio de transporte, pero ese viaje es distinto a muchos otros, durante el camino escucha la voz de un joven músico, la melodía se queda grabada en su mente, cuando los ojos de ambos jóvenes se unen, sus mundos hacen un extraño corto circuito.

Ella nunca imagina que volvería a verlo.

Ella se siente insegura por tener sobrepeso.

Ella tiene un sueño frustrado.

Ella quiere saber todo sobre él.

Pero ella tiene miedo de que el no la quiera por ser gorda. ¿Qué pasará con dos jóvenes que habitan en una sociedad misógina?

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Capítulo 1
Esperaba en la estación del metro, las personas pasaban con caras largas y actitudes cansadas, no imagino lo duro que debe ser vivir día a día con preocupaciones, estrés y trabajo. Cuando por fin llegó el metro, me subí en él, tomando con más fuerza la funda de mi guitarra, solía tocar recurrentemente, soñaba con algún día convertirme en alguien importante, aunque de cierta forma ya lo era. Tenía algunas fans en la ciudad. Cuando tenía quince años me cree un canal de Youtube que me permitió crecer como artista. O al menos así lo veía yo. El ambiente del metro siempre era abrumador, así que opte por alegrarlo un poco, tomé mi guitarra y empecé a cantar. -Y como mirarte a esos ojos que me dejan en enero, cuando se que no son míos y los quiero. Tenía los ojos cerrados y mi voz inundaba el lugar, hasta que los abrí. Abrí mis ojos con delicadeza y una chica pelinegra con gafas me miraba fijamente, sus lentes se cayeron torpemente y la ayude a recogerlos. —Debes tener más cuidado —Le sonreí —Si —tartamudeo —Lo tendré —Me llamo Connor Wells, ¿Y tú? —Pregunte curioso. Ella subió sus lentes y sonrió —Me llamo Dove Hersel —El metro se detuvo, ella bajo rápidamente y se despidió con la mano. A decir verdad ella no era mi estilo, era una chica algo llenita, usaba gafas, y tenía el cabello totalmente desordenado. En cambio, lo único que podía alabar en ella eran sus ojos. Tenía unos ojos café preciosos y estaba seguro que se verían mejor si no usará los lentes, ella vestía bien. O al menos eso pude apreciar el día de hoy, tenía un pantalón alto y una camisa ancha que le hacía ver bastante decente. Suspiré pesadamente y sonreí, mi vida era bastante ajetreada, solía entrenar por las mañanas, en las tarde iba a ensayos y luego tenía que hablar con mi manager a ver qué había conseguido. Me baje del metro en la estación siguiente, Lewis estaba esperándome en una de las barandillas. —¿Quieres uno? —pregunto —Sabes que no fumo —El asintió con la cabeza y nos marchamos. Lewis había sido mi mejor amigo desde la primaria, recuerdo bien ese momento, éramos pequeños y nos gustaba mucho salirnos de clase, hasta que un día la profesora nos atrapó y el se hecho la culpa por mi. Debido a eso no llamaron a mis padres. Y eso me ahorro millones de cosas. —¿Irás hoy al ensayo? Por la noche hay una fiesta, hace días conocí a una chica y la he invitado. Además he prometido que cantarias —Abrí mis ojos como platos y Lewis estaba reprimiendo una risa. Era un idiota, el sabía lo mucho que odiaba cuando me hacía eso. —No iré —mascullé —¡Debes ir! No puedes dejarme —Vale —suspire —Pero que sea la última vez Lewis. No tengo tiempo para tonterías. El asintió felizmente y fuimos al instituto, cuando llegamos la profesora de historia me pidió que hiciera un recorrido, instantáneamente me sorprendí, jamás me habían pedido eso, ellos siempre habían creído que mi sueño era un tonterías y que cantar no era suficiente para llevar una vida feliz. —La chica nueva está por llegar, se llama Verónica, espérala acá. Y no te muevas Connor —Rosa, la profesora se marchó con inseguridad. Podía entenderla, siempre había vivido metido en mi música, siempre había sido un alma libre, no me gustaba estar atado a reglas y compromisos absurdos. Y sin duda no quería una novia. En mi vida había tenido pocas relaciones, algunas habían salido mejor que otras, pero de cierta manera jamás sentí que fueran reales, jamás sentí que fueran relaciones duraderas. —Me iré al salón. Te espero allá —Lewis se fue sonriendo, el era un chico con una personalidad sería, solía sonreír cuando lo requería o a veces hacía chistes y reía sin lugar a duda. Pase más de media hora esperando por Verónica, hasta que me cansé y decidí marcharme. El día paso normal, no hubo inconvenientes, la profesora no se enfadó y consecuentemente pude asistir a mis ensayos musicales. —¡Connor! —Preciosa —sonreí —¿Cómo estás? —Mía sonreía con los brazos cruzados, siempre me había gustado pasar tiempo con ella. Mi madre a los años de haber nacido, adoptó a una pequeña niña, ella siempre era tímida, poco hablaba y con el tiempo formamos una relación de hermanos, mi madre decidió llamarla Mía. Y ella en tan solo unos meses se convirtió en mi lucesita. Mi casa no era tan grande, era una casa mediana, con una cocina blanca y beige, mi habitación estaba justo al lado de mi hermana, y la habitación de mis padres se encontraba un poco más alejada, siempre me sentí cómodo en este lugar, sentía que podía inspirarme. Tomé la guitarra y empecé a escribir una canción, pero nada venía a mí mente, nada me hacía querer cantar, escribir o componer algo. ¿Que me pasaba? Hace horas solo pensaba en escribir y ahora no hay nada. Mi mente estaba en blanco Suspiré y me vestí, tomé algo de dinero y fui a la estación del metro para buscar a Lewis. El sonido del motor era lo único que se escuchaba, las personas estaban metida en los periódicos, algunas parecían estar pérdidas y otras parecían serías, sin vida. Mis ojos recorrieron el lugar y dieron con ella, era la chica que había visto en la mañana, llevaba la un pantalón blanco y una camisa negra ancha, tenía un moño despeinado y sus gafas la hacían ver más linda. A pesar de todo, ella no era tan desagradable, estaba escribiendo algo en su cuadernos y parecía tan feliz que opte por hablarle. —Hola —sonreí —Hola —tartamudeo —No pensé que te volvería a ver —Tampoco yo —conteste sincero.—Al parecer el destino nos quiere juntos —un rojizo se extendió por sus mejillas y automáticamente se tapó su rostro. Por mi garganta salió una profunda carcajada y ella sonrió, era tímida, y aunque no sabía porque, me parecía una buena chica. —Tengo que irme —Ella iba a bajarse cuando tome su brazo —Espero volver a encontrate Dove Ella sonrió y se desvaneció como la espuma, deseaba volver a verla, sentía que podía confiar en ella, sentía que ella podría volverse mi mejor amiga. Siempre quise una mejor amiga. Y aunque no fuéramos algo más, porque claramente no era mi tipo de chica, estaría feliz con que fueramos amigos. Despejé mi mente y empecé a caminar a casa de Lewis, quería estar con el un rato y después irme a mi casa, de esa manera no tendría que estar tanto con mamá, ella siempre se ponía histérica y sacaba historias dónde no las había, a veces me estresaba más de la cuenta y no soy una persona muy paciente que digamos. Muchas veces mamá se había enojado conmigo por eso y hacia dramas que me estresaba y prefería no escuchar, aunque sea mi madre muchas veces se equivoca en las decisiones que toma y eso hace que desde pequeño me haya tenido que cuidar un poco más solo de lo que debí. Nunca tuve problemas con hacer amigos, pero siempre tuve problemas cuando mi sinceridad salía a la luz, Lewis solía decir que era muy bueno con todos pero que cuando creía algo siempre lo decía y eso a veces le molestaba a las personas. Yo no lo entendía, no entendía como la verdad le podía molestar a alguien, hasta que con el tiempo logré comprender lo que quería decir, sin embargo, el nunca se enojo porque le dijera la verdad y terminó conociendome mas de la cuenta. Lewis siempre decía que a las personas les molestaba saber la verdad porque se sentirá más real, porque sentían que sus fallos eran más reales y puede que sea cierto, algunas veces nos da miedo saber la verdad y eso afecta nuestro rendimiento en el día. Llegué a la casa de Lewis y empecé a tocar, nadie abría, empezaba a creer que el idiota no había llegado y que tendría que devolverme. —Estaba dormido —Un Lewis adormilado abrió la puerta, tenía el cabello desordenado, no traía camisa y su piel estaba más pálida que de costumbre. —Pensé que no estabas —reí El se encogió de hombros y sonrió —¿Vamos a hacer la tarea de mañana? —¿Había tarea? —pregunte asustado. —Si, de literatura. Aún no la he hecho, pensé que venías a eso. —No he hecho una mierda -me sincere —No sabía que había tarea, estuve todo este tiempo concentrado en mi música. Y era cierto, había estado todo el fin de semana escribiendo una canción, arreglando acordés y cantandola una y otra vez a ver qué tan bien sonaba. La canción estaba quedando de maravilla pero mis tareas estaban inconclusas y eso me traería problemas. Problemas que claramente no necesito. —La haremos aquí, no te preocupes. No es tan complicado —¿Seguro? —pregunte dudoso. —Si, ya cállate. —Bien —Bufé. Esa tarde fue dedicada a hacer completamente todo lo de literatura, llegué tarde a casa y mamá ya estaba dormida, pero suponía que el regaño del día siguiente seria una mierda. Dove Hersel: El día anterior me había levantado de mal humor, estaba refunfuñando y mis ganas de seguir durmiendo aumentaban cada vez más. Quite la almohada de mi cara y la voz de Connor vino a mi mente, cantaba hermoso, estaba segura que tenía un gran futuro por delante. Quisiera tener un talento así —Debes bajar —Antón se asomó por la puerta de la habitación, indicándome lo obvio —Mamá está histérica, parece que matará a alguien en cualquier momento. —Ya bajó El pocas veces se relacionaba conmigo, a pesar de ser mi hermano teníamos opiniones muy diferentes y eso hacía que en ocasiones nuestra relación sea mala. —Buenos días —murmuré —Dove, recoge tus cosas, ¿Por qué siempre eres así de desordenada? —Acabo de levantarme mamá, lo haré en un rato Asintió —Antón ya se fue a la universidad ¿Irás en un rato? ¿O vas a faltar? —Iré —afirme — No quiero perderme mi primer día de clases, después de todo no creo que sea tan malo Hace unos meses mi madre decidió que era mejor mudarnos, había sido una decisión poco agradable para mi, tuve que dejar todo lo que alguna vez tuve, a mis amigos, a mi novio y hasta incluso a mi única esperanza de ser escritora. En New York, una chica me había contactado para tener una entrevista, haríamos algunos papeleos y después a medida que se desarrolle la situación firmaríamos un contrato, pero todo se derrumbó cuando mi mamá nos dio la noticia esa misma tarde. Ella siempre lo hacía, solíamos mudarnos recurrentemente cuando algo iba mal, cuando ella sentía que estaba por salirse de control entonces simplemente huiamos. Decidí bañarme y acomodar las cosas que me llevaría al instituto, no conocía a nadie, no tenía idea de cómo serían esas personas y mucho menos si se burlarian de mis aspecto físico. Para describirme me faltarían palabras, era una chica bajita, de ojos negros y con un cuerpo perfectamente normal y eso sin mencionar que me sobraban algunos kilos demás, generalmente se burlaban de mi por como vestía o como lucía mi cuerpo. Era frustrante Cuando escuchaba sus comentarios absurdos siempre me colocaba los auriculares para acallar sus palabras, era mi forma de sentirme en paz, de sentir que podía estar bien y reír. Cerré mis ojos y Connor vino a mi mente, su voz no salía de mi cabeza, la manera en la que cantaba estaba impregnada en mi ser. El era un chico bastante lindo, tenía una nariz perfilada, los pómulos marcados, el cabello largo castaño y unos hermosos ojos café, era realmente lindo parecía ese tipo de chicos que nunca se acercarían a hablarme y probablemente así es. Llegué al instituto, todos estaban sumergido en sus asuntos, nadie parecía prestar atención a su alrededor y eso me tranquilizó un poco. Connor Wells: —Tenerla bajo mi cama fue lo mejor que pudo pasarme —Jack hablaba sobre su última conquista, había sido una de esas chicas que parecían totalmente inalcanzables. Tenía el móvil en la mano y veía a Jack con cara de fastidio, quería irme ni siquiera sabía porque había venido al instituto. —Nunca me escuchas —Bufo —Te estoy escuchando Jack. Ya entendí que te ha tirado a media ciudad —¿Sucede algo? No pareces tu. Connor Wells nunca habla en ese tono —Pude divisar la burla en sus palabras y de cierta manera lo comprendía, nunca había sido odioso con alguien, nunca pude dejar de preocuparme por la gente que me rodea y ese siempre fue y será mi peor defecto. Levanté la vista y recorrí el lugar, el instituto era un lugar enorme, las paredes eran azules y tenía franjas blancas que hacían resaltar el lugar. En cuanto al alumnado todos vestíamos igual, unos feos uniformes con chaquetas de vestir y un calzado para morirse. Y no en el buen sentido. —A veces me sorprende que existan chicas feas —Mire con curiosidad a Jack enarcando una ceja. ¿Y que le pasaba ahora? Ninguna mujer es fea, todas son bastante lindas a su manera y a pesar de que cierto tipo de chicas no me gusten, no podría llegar a decir que es por su físico, sino más bien por cuestión del corazón. —Ninguna mujer es fea —proteste —Ella sí —Su dedo se dirigió a Dove, mi boca se entreabrió por la sorpresa, no esperaba verla tan pronto y aún así me parecía que ella no era fea. —No es fea —Claro que lo es. Tienes unos gustos de mierda Wells. —Y tú eres muy marginal Jack. —Claro —Bufo —¿Por qué la defiendes? Ni siquiera la conoces. —Te equivocas. Si la conozco. La conocí en el metro, me había puesto a tocar para animar el ambiente y la vi, luego por distintas circunstancias terminamos hablando. —Entiendo, Deberías hablarle parece perdida. Mis ojos recorrieron los suyos, no quería hablarle me daba pena aparecer de la nada y postrarme frente a ella. Pero mi mente tenía planes y mis pies otros muy distintos. —¿Connor? —Hola —susurre algo incómodo Dove no decía nada, miraba sus tenis y mordía sus labios con delicadeza, era un gesto que podía provocar a muchos chicos. Provocar es cruel. —Quería saber cómo estabas —continúe — ¿Sabes dónde está tu salón? —No, este lugar es bastante grande. Con solo verlo me pierdo. —Ven te mostraré el instituto. A lo lejos divisé como Jack sonreía en mi dirección, siempre se burlaba de mi porqué creía que era gay, cuando realmente solo estoy esperando a la chica indicada, es poco común ver eso hoy en día. Los cuerpos valen más en esta sociedad. —Gracias Connor Wells —dice en voz baja, se pone de puntillas y me estampa un beso en la mejilla. Y huelo su champú, que me recuerda al olor de las flores. La vi entrar al salón y empecé a caminar en dirección al mío, llegaría un poco tarde pero estaba seguro que eso no iba a ser un inconveniente. En toda la mañana no había visto a Lewis, suponía que había faltado por cuestiones de flojera o algo más serio. Técnicamente está semana estoy en periodo de prueba, debido a un temilla con la música. Los profesores de arte habían recomendado una de mis canciones a un cazatalentos, esperaba que la oportunidad pudiera darse, estaría más que feliz por la situación. Desde pequeño mi papá me enseñó a tocar la guitarra, a medida que iba creciendo fui desarrollando las habilidades de poder cantar bien, y así fue como nací, cantaba en la ducha, en el parque y en ocasiones durante las clases libres cantábamos en grupo. Al cabo de unos minutos el profesor de historia me indica que pase, me senté en el puesto del final y rayaba mi cuaderno haciendo círculos, odiaba la clase de historia, era la materia que mas odiaba, ¿Acaso necesitaba saber eso? ¿Me servirá cuando vaya a comprar una casa? Rodé los ojos para mí mismo y me rescosté del pupitre. —¿Tiene mucho sueño Señor. Wells? —Tal vez si su clase fuera menos aburrida no me estaría durmiendo —El señor Percy carraspeó un poco y me miró fijamente, jamás le había contestado así a un profesor y su mirada me indicaba que sería la última vez que lo haría. —Ve a la dirección Wells. —Con gustó —farfulle Tomé mi mochila y emprendí mi camino a la dirección, mis compañeros no hacían más que ignorar la situación y eso me hacía ver lo importante que era para esas personas. ¿Patético no? —Tenia tiempo que no te veía por aquí Wells. —Señor Cambry, lo he extrañado —No lo dudo —asintió — ¿Que haces aquí? —Le dije la verdad al profesor de historia y se ha cabreado. Creo que no soporta que le digan que su clase es sumamente aburrida. El señor Cambry suspiro y paso sus manos por el poco cabello que tenía, desde el primer curso me conocieron como ser el alumno más sincero de todos, y la verdad es que siempre decía lo que pensaban. Generalmente no me callaba nada. Y eso estaba bien en ocasiones. Aunque algunas veces me pasaba factura y los profesores armaban un escándalo. Era algo molesto, pero entendía que a ellos les molestará. Disgustar a las personas no era mi intención, solo era sincero y sarcástico, una combinación un poco petulante para algunos. —Señor Wells, puede irse —Dijo finalmente —Procure no volver a dejar fluir su sinceridad. —Un gustó Señor Cambry. Tomé mi bolso y me puse unos lentes de sol, el alumnado me miraba como si fuera un bicho raro pero popular, siempre pasaba eso. Y a veces me enojaba. —¿Dove? Sonrió —Me perdí buscando la clase que seguía, así que decidí quedarme aquí. —Genial —murmuré —Si, debo irme —Dijo nerviosa. Mi mano instintivamente se fue hacia su brazo, la aparté rápidamente cuando ella se removió incómoda y subió sus lentes. —¿Quieres que te lleve a tu siguiente clase? —Estaría bien, no quiero perderme. Asentí, en el tiempo que llevaba viendo a Dove pude darme cuenta de que era demasiado tímida, tal vez mucho para su bienestar.

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