Capítulo 3

3554 Words
Dove Hersel: Tenía los ojos pesados y mi mirada estaba fija en el celular, había estado toda la tarde viendo mis r************* , no tenía mucho que hacer, giré mi cabeza hacía el lado izquierdo de la cama y en ese micro segundo, mi móvil vibro. Una notificación de una de las fotos más viejas apareció. Wells había estado revisando mi perfil, su comentario me hizo sentir bien, me hizo sentir querida y que enserio no estaba mal ser algo gordita. Le contesté sonriendo y dejé el móvil a un lado, había estado pensando que Wells era una persona increíble, sabía tocar la guitarra, cantaba y los deportes se le daban bastante bien. ¿Habría algo que no supiera hacer? Ese día fue el último día en que le vi, el instituto había decidió cerrar unos días, estaban fumigando y haciendo algunas reparaciones necesarias, así que mientras tanto estaríamos en casa realizando ciertas actividades. Llevaba unos vaqueros viejos que alguna vez fueron ajustados, una camisa ancha y el pelo echó una maraña, a veces me daba flojera peinarme, nunca nadie me veía y a las personas poco le importaba mi aspecto, era algo que solo hacía cuando sentía que era necesario o cuando salía a sitios que creía importantes. Mamá siempre decía que debía salir más, que así conocería personas y podría demostrarle que vivir aquí no era tan malo. Desde pequeña sus padres le enseñaron a huir de los problemas, nunca los ha enfrentado, nunca se ha atrevido a quedarse y plantarle cara a las cosas. Yo tampoco era así. O más bien, yo no podía ser así. Mis inseguridades me carcomían por dentro, mis kilos demás y mi gafas hacían que mi cara fuera una más del montón, era tedioso ver cómo hay chicas delgadas, con cinturas pequeñas y ojos hermosos quejarse, podía entender que ellas también tenían inseguridades, pero ser yo... Ser yo a veces era una mierda. Despeje mi mente y empecé a vestirme, tome algunas cosas y corrí hasta la puerta trasera. —¿A donde vas? —Pregunto mamá desde el umbral de la puerta. —Voy a salir. Quiero ir al parque ¿Por qué? —Porque no me habías dicho nada Dove, no puedes pretender salir y no decir ni una palabra. —Tu siempre haces lo mismo —murmuré —Solo vete Dove —mi mano tomó la perilla de la puerta y mis ojos se dirigieron por última vez a mi madre. Me marché sin mirar atrás. Caminaba escuchando música, el sonido de Everytime retumbaba por los altavoces, mi mente estaba desconectada y mis sentidos más apagados que de costumbre. —¿Sabes dónde queda la cafetería? —Alcé mí vista y giré mi cabeza a cada lado, revisando si enserio este hombre me estaba hablando a mí. —¿Hey? —continuo extrañado. Si, definitivamente me estaba hablando a mí. —Soy nueva en la ciudad —sonreí incómoda —Aun no se muy bien dónde queda cada sitio. —Ya veo —murmuro. Le sonreí cálidamente y decidí que ya debía marcharme, estar cerca de el me hacía sentir nerviosa, era un chico guapísimo, tenía los ojos miel, el cabello n***o con mechones rosados y su tez chocolate que combinaba a la perfección con los tatuajes que tenía. —¿Quieres ir a comer helado? —mencionó algo incómodo. —También soy nuevo y aún no conozco a nadie por aquí. —¿Estas seguro de que quieres que te vean conmigo? Eso sin duda arruinaría la reputación que podrías tener. —¿Que tiene de malo estar contigo? —Inquirió hostil —Soy gorda, todos aquí me juzgan por eso. —reí para intentar ocultar el dolor de mi voz, pero aún así el solo negó y tomo mi mano. —Estas mal, que se joda la sociedad. ¿No crees que ya es suficiente? No eres gorda —rodo los ojos— Solo estás así, es tu cuerpo a nadie le debería importar, nadie tiene derecho de opinar sobre eso. —Acabo de conocerte no deberías decirme esas cosas —Aparte mi mano de la suya y el sonrió abiertamente —Probablemente pero me agradaste, se nota que no eres el estereotipo de chicas vacías y huecas. —Estoy muy lejos de serlo —afirme. —Bien. ¿Irás conmigo a comer helado? Asentí dudosa y empezamos a caminar hacia la heladería más cercana, según dos señoras estábamos cerca, solo nos faltaba caminar algunas cuadras para poder llegar. El chico cuyo nombre aún no conocía venía a mí lado tarareando, se sentó en el taburete de la mesa y yo me senté frente a él. —¿Cómo te llamas? Chica obesa —Dijo con burla, sabía que no lo estaba haciendo en mal plan, sin embargo, me removí incómoda en mi asiento y le mire —Me llamo Dove. ¿Y tu? Porque ahora empiezo a creer que te llamas Tattoo. —Me llamo Luke. He venido a la ciudad a estudiar, mi padre ha decidido meterme en la mejor institución de lugar. Un verdadero fastidio —Luke rodó los ojos y apoyó su mano de la mesa. —¿Que se le ofrece a la pareja? —Ambos la miramos extrañados y aguantamos la risa —¿Que sabor les gustaría? Tenemos de todo tipo. —Quiero uno de chocolate —murmure. —Lo mismo que ella —La chica se marchó con una sonrisa y nosotros empezamos a reírnos. ¿Pareja? Desde cuando alguien como el podía salir con alguien como yo. Patético. —Entonces ¿Eres mi novia? —Al parecer tu eres mi novio. Y fíjate que nunca me enteré. —Tampoco yo —rió —¿Que te gusta hacer Dove? —Muchas cosas, pero lo que más me apasiona es escribir. ¿Sabes? Lo bien que se siente crear historias que sabes que no te pasarán, esas historias de amor que solo se viven en los libros. —Hoy en día es difícil vivir un amor así —murmuro —Es casi inexistente. —Lo es. Pero no es un tema relevante. ¿Que te gusta a ti? —Quiero tocar la batería, desde pequeño me ha gustado la música y creo que hacer eso estaría bien para mí. Mi mente inmediatamente viajo a Wells, la manera en la que tocaba la guitarra y cantaba con tanta pasión, sin duda el era un excelente músico o al menos podría serlo en un futuro. Miré a Luke con una sonrisa, haría que ellos se conocieran. Wells vería que también puede tocar y así probablemente se les haría más fácil a ambos. —Aquí está lo que pidieron. —Gracias —asentimos. —Eso es genial Luke, tienes más futuro que yo. No se ni cómo empezar mi carrera de escritora. —Escribe, envíalo a una editorial tradicional y así vas agarrando experiencia. No te compliques tanto. —No lo hago. El móvil de Luke empezó a sonar, la pantalla se alumbraba una y otra vez y el hacía caso omiso a la situación, hasta que acabo cansandose y decidió contestar. Se apartó de las personas y empecé a jugar con la cucharilla de mi helado, lo removía, me metía uno que otro bocado y volvía a hacer lo mismo. Era un ciclo. —Debo irme —Oh, ha veo. No pasa nada, fue un gusto conocerte Luke. —¿Te quedarás aquí? Puedo acompañarte si quieres. —Iré contigo —sonreí—Igual ya debía irme. Todo estaba silencioso, las personas no hacían ni el mínimo ruido, los niños parecían robots caminando por la ciudad y los señores mayores solo leían el periódico desde el asiento trasero. Tropecé con un roca y me fui hacía adelante cayendo en una gran fuente, mi ropa quedó empapada, la camisa que antes era ancha se volvió ajustada a mi cuerpo y transparentosa. —Ven, ¿Cómo te has caído? Si que eres torpe. —He tropezado. —Te daré mi camisa, yo me quedaré con el suéter que tengo. Puedes ir a cambiarte. Asentí, el fue al baño, se quitó la camisa y apareció con la sudadera que tenía anteriormente. Empecé a caminar hasta el baño de chicas y miré su camisa, era una camisa naranja con mangas largas y apariencia impecable. No sabía que le diría a mamá, pero estaba segura que la respuesta no iba a gustarle del todo. Me quité mi camisa y me coloqué la suya, me sentía insegura, mi cuerpo se veía más extraño de lo normal. Era una estúpida. —Dove. ¿Que tanto haces? —Me siento extraña —Dije detrás de la puerta. —La sociedad debería joderse, no debes tener miedo de ser quién eres. El tenía razón, no se qué hacía escondida en un baño publico, no se qué hacía aquí cuando debería salir y sentirme bien, sentir que mi cuerpo no estaba mal. Abrí la puerta con cuidado y le sonreí. —Gracias —murmure —Pero si estás guapísima. No entiendo cuales son tus miedos chica. —Ya debo irme. Iré a la estación del metro para poder llegar a casa. Fue un gusto conocerte Luke. Y gracias por la camisa —Te acompañó. Y así me das tu número. —Vale —murmure. Tardamos aproximadamente media hora caminando hacía la estación, Luke se despidió y agrego mi número antes de irse, me había caído demasiado bien, subí al metro y giré mi cabeza para verlo por última vez. Aquella voz que escuché hace un tiempo resonaba por todo el lugar, busque a Wells con la mirada y lo encontré, estaba sentado tocando con los ojos cerrados. —So, Before you go. Was there something I could've said — El cantaba increíble, su voz llegaba a tonos altos y tenía una manera de afinar la voz asombrosa. Me senté junto a él y cerré los ojos. —To make your Heart beat better. If only I'd have known you had a storm to weather —Wells dejó de tocar por un momento, abrió los ojos y yo hice lo mismo. Mis ojos fijos en los de el, su sonrisa creció y siguió tocando hasta que fue hora de irme. —Nos vemos gafas. —Nos vemos guitarrista. Connor Wells. Al amanecer había decidido invitar a Dawson y a Wells a la piscina, mi madre había mandado a hacer una para que Mía y yo podamos jugar con tranquilidad. —Llegue pequeño guitarrista. —No me llames así Dawson —Dejalo. Harás que se ponga de mal humor —Dijo Lewis con burla. Le saque el dedo corazón a ambos y empecé a correr hasta la piscina. —Tendrás un concierto —Gritó [...] Mía apareció con su traje de baño completo y esas coletas que le gustaba hacerse, a pesar de estar pequeña era una chica preciosa y estaba seguro que cuando creciera tendría que golpear muchos rostros. Los chicos ya estaban en la piscina, aunque no le dije nada a Lewis me sentía feliz por haber conseguido un concierto, según el, el señor estaba muy interesado en mi e invertiría dinero en el evento. Todo iba bien hasta que mi pequeña hermana decidió abrir la boca y dijo las palabras que jamás pensé escuchar. —Dove te ha enviado un mensaje —Los chicos se giraron hacía ella y el silencio abundó el lugar. ¿Por qué tuvo que decir eso? Carraspeó y los miró fijamente. —La chica fea te acosa ¡Vaya suerte tienes! —No es fea Dawson. Ya habíamos tenido esta conversación. —¿Es fea porque es gorda? —pregunto Mía viéndolo con una cara extrañada. —No es por eso, es todo en ella. Simplemente no es lo que llamaríamos una chica "guapa" Mi hermana se quedó pensando, nos miró a todos y negó con la cabeza. —Son tontos. —En eso tienes razón. Dawson es un tonto —La respuesta de Lewis tenía un toque de burla y un toque de verdad, siempre había sido así, el siempre parecía un arma de doble filo. Mi mejor amigo había aprendido que esconder sus emociones te ayudaba a mantenerte estable, sano y en buenas condiciones, es bastante tedioso cuando eres una persona como yo y la mayoría de la gente te odia solo por ser sincero o decirle la verdad en su cara. Hoy en día prefieren que la gente mienta a que digan la verdad. —Hermano, mamá dijo que venía en un rato. Deben irse —susurro. Asentí —Yo les digo. Tú ve a cambiarte. —¿Que sucede? —Deben irse —suspire —Mama viene en camino. —Ya nos vamos. Dawson agarrá mi teléfono. Los chicos se fueron aproximadamente cinco minutos después, recogieron algunas cosas, comieron, y partieron a su casa en el auto de Lewis. No quería que Mía volviera a revisar mi teléfono, no tenía derecho a hacerlo y mucho menos decir frente a mis amigos que alguien me había escrito, me parecía una estupidez su actitud, podía entender que era una niña, pero me exasperaba. Subí a la habitación y toque la puerta dos veces, ella salió con su cara angelical y sus ojos verdes agrandados. —Jamás vuelvas a tocar mi teléfono. ¿Entendiste? —Vale —murmuro —Lo siento Dejé a mi hermana en la habitación y decidí contestarle a Dove, a pesar de todo era una chica que me caía bastante bien, su voz era hermosa aún no había podido sacar de mi mente como cantó la última vez que nos vimos. Fue simplemente maravilloso. Dove: ¿Que haces guitarrista? Wells: Aburrido. ¿Te apetece salir? Dove: Estaría bien, nos vemos en el metro. Wells: Nos vemos gafas. Le sonreí a la pantalla, mi mente a veces se quedaba en blanco, miraba a los lados y generalmente sentía que debía hacer algo. Agarré una sudadera gris y salí en dirección al metro, ver a Dove me emocionaba, pocas veces me había sentido atraído por salir con alguien, pero esta vez era distinto. Su amistad era importante para mí. Me quedé sentado mirando el techo, ella aún no había llegado me preguntaba si era muy tarde o siquiera había venido muy temprano. Miré la hora y mis ojos se dirigieron hacía arriba. —Perdón por la tardanza —Pensé que no vendrías —sonreí—Me gusta cómo te queda el cabello. Te da un estilo Ponk. —Dove empezó a reír y me dio una palmada en el hombro. —Ya es hora de irnos pequeño guitarrista. Asentí en su dirección y me levanté, caminamos un rato vimos algunos perfumes, ropa y acabamos parados frente a una biblioteca, los ojos de Dove se agrandaron, veía los libros como si fuera su mayor deseo en la vida. —¿Quieres entrar? —Le pregunté indeciso. —No tengo dinero para compararlos, verlos sería torturarme. —Entremos, podemos agarrar uno y leerlo un rato. ¿Te parece? —Estaría bien —sonrió Dove era alguien que resaltaba en cualquier lugar, su forma de vestirse, sus ojos y esas ligas que solía usar a veces. Mirarla parecía un espectáculo. Pasamos a la biblioteca y todos levantaron la mirada, volvieron a bajarla y de ahí nadie más prestó atención. Sus ojos recorrieron las grandes estanterías, su mirada asombrada y el brillo que emanaba me decía que tardaríamos un buen rato aquí. —Quiero este —susurro. After. Un libro que había leído hace un tiempo, fue el único libro que he leído, me sabía algunas frases y podía recitarlas sin problema. —Somos la luz y la oscuridad; es un caos perfecto, es todo lo que temo, lo que quiero y lo que necesito. —Que no te quiera como tu quieres que te quiera. No significa que no te quiera con toda su alma. —Lo he leído. —Me he dado cuenta —afirmo —No sabía que también podías leer. —Existen cosas que aún no sabes de mí gafas. Su sonrisa se expandió, dejamos el libro en la estantería y empezamos a tirarnos pequeños palillos que estaban en la mesa. Los presentes hacían caso omiso a la situación, a algunos parecía divertirles y a otros no tanto, como por ejemplo a nuestra querida bibliotecaria que nos miraba con cara de asesina en serie. —No son niños de cinco años. Recojan este desorden. —Lamento decirle que no me apetece. Su biblioteca es aburrida, aunque tiene buenos libros. Eso sí no puedo negarlo. —¿Que has dicho niño malcriado? —Tenía unos ojos café bastante lindos, a pesar de ser una señora mayor se notaba que de joven fue guapísima y muy cascarrabias. Eso sin duda es algo que no se quita ni con el tiempo. La pequeña gafas seguía viéndome con cara de asesina, ella quería irse y yo cumpliría su sueño, tomé su mano y empecé a correr en dirección a la salida, la señora venía detrás de nosotros podía oír sus gritos y comentarios. A medida que avanzamos su voz se quedó en el aire. —Ha sido una locura. Jamás había corrido tanto en mi vida —Le sonreí, tenía sus manos apoyadas en las rodillas y parecía más agitada que nunca. Las cosas eran sencillas, yo no quería recoger nada y fui totalmente sincero, la señora no lo entendió. Así que salí corriendo. —Es tarde, debo irme. —¿Te acompañó? Negó —Iré sola. Debo resolver algunas cosas en el camino. Yo asentí dudoso y la vi perderse entre las personas, la ciudad era sumamente grande, tenía edificios caros, algunos de clase media y otros bastante normales, era la ciudad de la vida o al menos así lo veía yo, esperaba que el concierto saliera bastante bien, recordé los momentos que pasé junto a Dove y sentí la necesidad de invitarla, de que estuviera ahí. Y yo ... Simplemente salí corriendo hacía ella. —Quieres ir a un concierto —Dije con la voz entrecortada. —¿Sobre que? Porque no me gusta la música ruidosa —Uno mío. Tendré un concierto y quiero que vayas. —Estaré ahí —afirmo —Me pasas la dirección por mensaje. —Eso haré gafas. [...] Lunes por la noche, estaba sentado viendo una película de los Avengers sin mucho que hacer, mi hermana y mi madre habían salido a comer helado y tener un pequeño rato de chicas, pocas veces hacía eso y cuando lo hacía Mía caía rendida a sus pies. Ya saben niños pequeños. La puerta principal empezó a sonar desesperadamente, odiaba cuando hacían eso. ¿Acaso no saben que es de noche? O siquiera que podrían estar interrumpiendo un bueno momento de amor propio. —¿Que quieres? —Bufé irritado. —¿Así tratas a tu ex? —Subi los ojos viendo a la primera chica que salió conmigo, Dani estaba parada frente a mí con unas botas altas, un vestido y una coleta alta. Siempre fue preciosa, pero ahora parecía estarlo mucho más. —No sabía que eras tú —murmuré —¿Puedo pasar? Abrí la puerta un poco más y ella entró sentándose en el mueble. —¿Que sucede? Mamá viene en un rato. —Seré directa Wells. Quiero que regresemos. Éramos lo mejor de todo y quiero que vuelvas a estar conmigo. —¿Para que Dani? Vamos a desperdiciar nuestro tiempo, estamos bien así. —Quiero tenerte otra vez conmigo —Delicadamente se levantó del sillón y se acercó a mí, pasando su lengua por el lóbulo de mi oreja y causando estragos en mi interior. —Se que me aún me deseas —susurro. —Podemos intentarlo —La besé sin dudarlo, mis manos empezaron a recorrer su cuerpo delicado. Había extrañado esto. Sin duda lo había hecho. A la mañana siguiente Dani y yo estábamos en la cafetería más cercana que encontramos, platicábamos de lo que habíamos hecho los últimos meses, recuerdo que cuando ella se marchó me había dolido demasiado, pase meses llorando, recostado de paredes y escribiendo canciones que nada que ver. Pero la vida era así, a medida que pasaba el tiempo te adaptas a los cambios y empiezas a sentirte mejor. Yo estaba bien con ella aquí, la había extrañado, la quería y me sentía bien por el hecho de que hayamos regresado. —¿En qué piensas? —Me gusta que hayamos vuelto —confesé —A mi también Connor, supongo que aún te molesta que te llamen Connor ¿No es así? —Sabes que lo odio —sonreí —Lo sé bebé. —¿Cómo está Lewis? Tengo tiempo que no habló con el. —Esta bien, en unos días estaré bastante ocupado, he conseguido otro amigo y tengo una amiga. —¿Una amiga? —musito. —No es nada importante, no hagas un drama. —No lo haré. Sabes que yo soy la mejor, nadie podría superarme. —Puede que tengas razón —Le sonreí. Nuestra relación siempre fue así, Dani con sus aires de superioridad y yo con mis respuestas cínicas y sinceras, pocas veces teníamos problemas y cuando los teníamos empezábamos a decirnos hasta de que moriríamos. Era un ciclo. Y no me negaba a vivirlo.
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