Una decisión difícil.

1063 Words
─Mami... ─llega el más pequeño y se lanza a besar su mejilla. ─hoy me divertí mucho. ─dice el pequeño con una gran sonrisa en su mejilla. ─¿Como les fue en el parque? ─pregunta mirando a su hija mayor también con una gran sonrisa. ─Corrimos, jugamos. Habían muchos niños y todos jugamos... ─dice Sandro. Todos se ven sudados y acalorados, pero también sé ven sonrientes, felices, en calma. ─Ya les hacía falta salir. ─dice su madre, una mujer de más de sesenta años que se ve algo cansada ya. ─Gracias por llevarlo hoy, si no hubiese sido por ti, no habría podido terminar de leer el contrato y escribir algo más del libro. ─¿Y ya decidiste qué vas a hacer? ─pregunta sentándose en el pórtico de la casa. ─Quiero aceptar... ─deja escapar un suspiro. ─aceptar la publicación del libro signifa dinero, dinero que no podría ganar en más de un año, aún ahorrando cada pago de los dos trabajos... ─¿y si será mucho dinero? ─pregunta ya más interesada en el tema. ─Según lo que dice el contrato, si. Yo solo quiero hacerlo por el dinero, esos libros ni siquiera sabía que se podían vender. No sabía que alguien pagaría por leer lo que yo escribía, ¿como iba a saber que pagarían más?, ¡dinero real!. ─Pero eso de viajar, da miedo. Salir del país y si es algo malo, algo de lo que se llevan a las mujeres con mentira y luego las prostituyen... ─No lo creo, ya llevo más de dos años trabajando con ellos, me pagan puntual, me han dado un buen tiempo con esto de los libros y me ha ido bien... Y si, después de todo si se consigue vender el libro en físico, es dinero que me va a servir para una casa para mis hijos, o por lo menos para empezar por algo... ─Mira. ─se pone ya un poco más seria. ─tu decide, yo te puedo ayudar con los niños, supongo que no te irás por mucho tiempo, pero debes investigar, informarte bien y si quieres aceptar, acepta. Claro, pero primero asegúrate bien de qué sea legal y si que te paguen antes que nada, no sea que te vayas y al final no te den nada y solo te estafen. Ciertamente Elsa, su madre es una mujer muy desconfiada, ha vivido con miedo toda su vida, es el tipo de persona que pide rebaja a cualquier lugar que va, que no da su número de cédula, teléfono o cuenta a nadie, ni siquiera a su propia familia, desconfía hasta de su sombra. ─me van a llamar a medianoche, después de hablar con ellos y poner mis condiciones, escuchar las de ellos, les envío el contrato firmado. Realmente me da miedo, pero quiero ese dinero, con lo que ya me pagaron voy a empezar a pagar un espacio de tierra. Y si me pagan, lo que dicen que me pagarían por el libro Físico, puedo hacer la casa... ─yo te iba a decir, los mandas a la casa, pero a esa hora ya están dormidos... ─sonrie dejando de lado su negatividad sobre el tema. En algún lugar del mundo. ─Señor. ─entra en asistente en la habitación. Una habitación completamente a oscuras, la poca visibilidad se la deben a un par de velas que están cada una de cada lado de habitación. Limitadamente en la habitación hay una cama, un gran sillón y un armario. No hay más nada. ─¿Qué sucede? ─pregunta sentado en el gran sillón, mira por la ventana como los copos de nieve caen a su patio. ─Su padre llamó, pidió verlo. Ha insistido en que necesita hablar con usted. ─dice entregando un teléfono. ─Sabes lo que pienso de mi padre... ─Lo se señor, pero hay un pequeño inconveniente. ─dice aún con su mano extendida. ─¿de qué hablas? ─pregunta levantándose del sillón, caminando hacia el. Tiende su mano y toma el teléfono. Ve a su asistente, y al bajar su mirada al teléfono lo toma. En la pantalla está un foto de cómo él era antes del accidente, un vídeo en pausa espera a ser visto. ─¿de qué trata? ─pregunta evadiendo ver el vídeo. ─Señor... ─No voy a ver un vídeo en el que me recuerde quien era, no me interesa. ─dice devolviendo el teléfono. ─Y dile a mi padre que si tiene algo que decir al respecto, me da igual. No me interesa. ─dice de mala gana y se devuelve al sillón. ─Señor... Edward, ignora por completo lo que sea que su asistente tenga para decir, no le interesa, y vuelve a su espacio donde solo está allí en silencio, sin decir nada, sonó sentado en el sillón, en silencio, en la oscuridad, con lo somos cerrados. En su oscuridad y silencio, puede ver a su madre, a su hermana, sonríen y son felices, sus cabellos bailan con el viento, sus largos vestidos brillan con la luz del sol, sus deslumbrantes vestidos blancos lo ciegan cuando ellas bailan. Casi puede sentir el viento en su cabello, pasa sus dedos por sus cabellos mientras sonríe. Su momento más feliz siempre a sido al estar con su madre y hermana, no hay más vida para él que ellas dos. "Ed, ven aquí cariño" ─dice su madre bailando mientras se acerca a él con la mano extendida. "ven hermanito" ─se acerca corriendo a él. Anhelando poder sentir el calor de sus manos, tiende sus manos aún al sentir las lágrimas caer por sus mejillas, pero su corazón es destrozado una vez más, como lo ha sido por los últimos cuatro años, al tender su mano y pese a que sus ojos ven la mano de su hermana sobre la de él, no hay calor, no hay una mano que tomar. Abre lo ojos lleno de frustración, seca sus lágrimas con rabia e impotencia. ─Debí ser yo. Tenía que ser yo. ─rompe en llanto en medio de la oscuridad, es un niño llorando, la cadena de situaciones y hecho que pasaron para ese accidente lo atormenta cada segundo desde que sucedió. La noche cayó, y con ella, la frialdad, la oscuridad, y la soledad. Toda la gran casa es apenas iluminada con una que otra vela a su paso, nadie hace ruido, tal es así que se pueden escuchar los grillos e insectos nocturnos.
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