La línea roja.
Narrado por Caliope Bonneville.
El celular comenzó a sonar de manera violenta una vez encendido. Diferentes nuevos perfiles haciendo fila por hablar con Roula Red.
La voz de la sensación. La reina de la línea roja.
Pero yo lo necesito a él. Hoy solo a él.
Timbró una vez más y me ví en la obligación de contestar, aunque no sea él. Es un nombre diferente.
— Te extrañe mucho Rou— su voz suena necesitada. Mi corazón comenzó a latir desesperado y mi entrepierna con tan solo escucharlo, palpito al mismo ritmo que mi corazón. —. Te has portado mal estos días. No me dejabas encontrarte. No puedes escapar de esto Rou. Me necesitas como yo a ti.
Sonreí diabólicamente, fue bien pensado. Una se tiene que hacer desear. Eso leí por ahí.
— ¿Me culpas por intentarlo? No quieres verme de nuevo. Escucharte ya no es suficiente. Te necesito tocándome, introduciendo tus dedos, preparando mi humedad para que me tomes de todas las maneras posibles. ¿Me culpas por eso?
— No lo digas demasiado fuerte, te vetaran de la línea. Sabes que eso está prohibido. Siempre hay opciones, ahorita estoy en la oficina. Te ví en línea, no podía dejarte hablar con nadie más.
— Ya lo hicimos una vez Freyr. ¿Qué te detiene está vez? Solo trabajas y trabajas, ya no tienes tiempo para mí o acaso… ¿Eres un hombre casado?
El fastidio bañando mi voz.
¿Por qué es tan difícil?
— No.
— Pues actúas como uno. No vería en ello un problema, puedes estar tranquilo— hice una pausa y suspiré , la imaginación como siempre haciendo estragos en mí subconsciente—. Después de todo, no eres mío y yo no soy tuya. Verás, le diría a tu esposa que simplemente necesito a su hombre un par de horas. Hasta podría invitarla a ver cómo me sometes, como me das tan duro que grito tu nombre. Cómo pegas tu cara entre mis piernas y consumes hasta la más mínima gota de mí.
— No mientas Rou, ni siquiera recuerdas ese día porque estabas borracha. Tan borracha que no recuerdas ni mis ojos. Cómo te toque, que hice contigo. Y sí, eres mía. Solo mía. ¿Quién más en este mundo puede hacerte venir con tan solo su voz?
Por un momento viaje a la mente de la muerta Caliope, reviví el momento con Magnus Ansen en aquella sala del palacio. Su toque, su beso, sus dedos.
Maldito Magnus Ansen.
— ¿Por qué te quedas callada? ¿Hay alguien más Rou? Que no se te olvide que eres mía. Mía para temblar en mis brazos, mía para soñar con mi voz, mía para tenerme siempre en tus pensamientos. Solo mía Rou.
— ¿Y si te dijera que sí Freyr? Que sí hay alguien más, que con solo sus dedos y un par de besos me hizo volar. Claro que comenzó con su voz, justo como tú. Estarías perdiendo popularidad y autoridad sobre mi. ¿Vas a dejar que pase así?
Volví a chocarme con las palabras que habían salido de mi boca hace muy poco.
“No soy, ni seré de nadie.”
¡Qué fácil es contradecirme!
— Maldita sea Roula. Eres mía. Te encontraré, y te cogeré tan fuerte que vas a rogar no haber dicho eso.
Comenzó a sonar el pitido de los sesenta segundos, la advertencia de que habíamos dicho cosas demasiado prohibidas en la línea y estábamos en problemas.
Ósea, sí es una línea caliente. Pero exactamente hay palabras que sabemos están prohibidas.
Vernos.
Encontrarnos.
¿Pero acaso no es lo prohibido la línea más satisfactoria de cruzar?
Hay algo en eso que te hace explotar, que te llena y a su vez abre un agujero n***o que es capaz de tragarse todo y a todos.
Una adicción y perdición.
Toqué mi v****a y está terriblemente goteando. Deseosa de él. Moví mis dedos un poco más rápido y los desee a ambos…
Otro rostro se vino a mi mente, ese acento, lo fuerte de sus brazos y la incógnita gigante de su cuerpo completamente tatuado.
— No creo que me encuentres, ya es tarde Freyr. — dije con un tono bajito, fingiendo pesar.
La llamada se cortó. Y junto a ella, también terminé yo.
Dejé el celular a un lado y me fui directamente al baño, aún cojeando un poco por la lesión de ayer…
Ayer.
Me había propuesto olvidar lo sucedido ayer, pero el futuro es aún más aterrador. Mañana vuelo a Roma. No he sido tan valiente como para mirar mi celular o asomar un ojo en la calle siquiera.
Después de salir del baño y darle de comer a Odin, mi gato. Enciendo el tv de la cocina mientras me preparo algo de comer.
Las noticias de la protesta ocurrida anoche en el palacio, aún acaparan la atención.
Un anuncio en particular llama mi atención.
“La manifestación que se esperaba fuese pacífica, dejó como resultado a uno de los manifestantes muertos. No sé sabe si fue a causa de un ajuste de cuentas ya que lo encontraron en un terreno baldío a las afueras. Se trata del mismo hombre que lanzó la bomba a una de las invitadas a la gala”.
De inmediato tomó la tablet y comienzo a buscar información acerca de ese suceso.
Imágenes fuertes de un cuerpo terriblemente golpeado hasta el punto de ser irreconocible me dejan el corazón latiendo fuerte, las manos sudorosas y el cuerpo temblando.
En un post que leo por Twitter citan lo siguiente:
“El hombre tenía la mano cortada, práctica que utilizan las mafias italianas”.
Unas inmensas ganas de vomitar me suben y bajan por la garganta.
En comentarios dicen:
“La puta de un mafioso en una gala política”.
“Esa del vestido rojo fue la causante de la muerte de chucho. Se debe armar una protesta en el parlamento, así las autoridades deben hacer algo”.
La tablet cae de mis manos debido al susto, al temblor que no puedo seguir controlando. Dios mío, pero qué coño fue lo que hice yo.
Me niego a seguir llorando. No más.
Se supone que soy la persona encargada de que cosas así no se ventilen y sucedan. Maldita sea. Ahora resulta que yo causé una situación así.
Y ahora ese hombre. Dios mío, ese hombre está muerto.
¿No fue mi culpa verdad?
La mafia italiana, unas palabras resuenan en mi cabeza fuerte, martillan, hacen estragos.
“Acabaría con el mundo”
Una muerte es el significado de acabar con el mundo, exactamente con el mundo de una persona.
Dios padre celestial, sé que no me perdonarás por esto.
Siento terribles ganas de llorar, otra vez.
¿Por qué la vida cambió tan de repente?
No puedo culpar a un hombre que acabo de conocer, de prácticamente matar por mí. Está fuera de toda lógica.
Se trató solo de un ajuste de cuentas, una estúpida casualidad. Debo pensar en algo para calmar este desastre.
Es mi trabajo.
Intentó frenéticamente dispersar mi mente, mañana vuelvo al mentado trabajo y estoy coja, no he visto mi celular desde ayer… soy un fracaso de ser humano.
Seguramente ya estoy despedida, próximamente despedazada viva si no logro arreglar todo esto.
Voy a mi habitación y comienzo a empacar mis cosas. Sí mañana por alguna razón no me voy a Roma. Al menos tendré empacado e iré directamente a casa.
Tomé los audífonos y coloqué música, este tipo de canciones que te hacen querer follar hasta desmayarte. Necesito despejar la mente de alguna manera.
El fin de semana es el mejor en ese género.
Odin pasa entre mis piernas aterrado. Intento cargarlo y se mete debajo de la cama.
— ¿Qué sucede bebé? ¿Viste un fantasma?
Y es entonces cuándo lo entiendo.
Un par de manos se aferran con fuerza a mi cintura. Intento darme vuelta y no me lo permite. El terror se apodera de mi sistema nervioso.
Vinieron por mí. Los manifestantes vinieron a vengarse.
Lágrimas que creía contenidas, escondidas comienzan a bajar a mares por mis mejillas.
— Suéltame por favor. Prometo que me iré. Yo no tuve nada que ver con la muerte de chucho.
Sí me habla no seré capaz de oírle, la música está muy alta. Cómo si leyera mis pensamientos, retira la diadema de mis oídos.
El aliento del fuerte hombre se instauró en mi cuello, huele a whisky y menta.
Volví a forcejear perdiendo en el intento.
— ¿Crees que puedes seguir ignorándome *søthet?
Me maree al escucharlo. Sus manos se aferraron a mi estómago y suavemente su cuerpo se pegó al mío, restregando su creciente erección en mis nalgas.
El miedo fue sustituido por el deseo.
O una combinación de ambas.
Magnus está aquí.
†
*1. Dulzura.