Asunto mío.
Narrado por Caliope Bonneville.
Su beso violento, posesivo, como si estuviera también desde hace mucho tiempo esperando probarme. Mordisquea mi labio tan fuerte que siento como se rompe un poco y el sabor metálico de la sangre se mezcla con el beso.
¿A eso me trajo aquí? Su intensidad no me deja pensar con claridad.
Su boca se fue a mi mejilla, a mi cuello y sus manos fijas apretando fuerte mis caderas como si me fuese a desaparecer en cualquier momento.
— Te dije que no hablaras con él. Te dije que no llamarás la atención— su voz en mi oído es áspera, demandante.
Alzó mi cuerpo con mucha facilidad robándome un gemido en el acto. Me depositó sobre una mesa que hay en la pequeña sala.
— Se te hace fácil desobedecer lo que te digo señorita Bonneville.
Su mirada estaba cargada de algo imposible de descifrar. Pero la sensación grita peligro por sí sola. Volvió a mi mente el caos de afuera. Quise bajar de la mesa y entonces me detuvo.
— Quédate quieta, no te dije que podías irte Bonneville. Es una orden más, ¿También la quieres desobedecer? — su aliento seguía entrecortado. Soltó un poco el nudo de su corbata.
Volvió a acercarse a mí, su olor me llevó al mismo trance de cuando me tenía pegada contra la pared hace nada. Peleo con mi necesidad de andar envuelta en la lujuria y lo encaró.
— ¿Por qué ese proyecto lleva el nombre de mi padre que lleva 4 años muerto Magnus? — Por primera vez, desde hace 3 años que trabajó para él, me atrevo a mencionarlo en su presencia.
Sus manos suben el vestido hasta mis piernas y a su vez, sujeta mis rodillas y las abre para él, dejándome expuesta.
Yo fantaseé con esto mil veces, pero ¿De verdad quiero que pase?
Es cruzar una línea que no sé si estoy lista para enfrentar.
Se mete entre ellas mientras me observa fijamente. Cómo calculando cuál será mi reacción ante su cercanía. La frialdad comenzó a tener una batalla a muerte con el depredador caliente.
No me va a desconcentrar.
— Estabas muy hablador hace un momento, ¿Porque callas ahora? ¿Dime qué es lo que se esconde detrás de eso? Es algo tarde para que ahora tengan formalidades con mi padre.
Por un momento algo oscuro cruzó su mirada, pero lo tiró a un lado rápidamente. Tan rápido que resulta sospechoso.
— No es asunto tuyo Caliope — algo dentro de mi tuvo un deja vu, escucharlo decir mi nombre, el termómetro de la calentura se eleva de cero a cien. —. Es un acuerdo diplomático que honra su nombre. Punto.
Me obligo a mantenerme cuerda aunque su mano fue de a poco escabulléndose por mis piernas. Mi intimidad al aire libre una vez más en su presencia.
— Mientes. — Quise sonar fuerte, pero la proximidad de lo prohibido me tiene fuera del planeta tierra.
— Tú mientes, te dije que no es asunto tuyo. No te inmiscuyas en eso. Obedece.
Su dedo se fue a mi clítoris, lo masajeo una vez más, me elevó fuertemente y volví a reprimir los gemidos.
Caliope debes despertar.
— Al salir de tu casa, comenzaste obediente— con su mano libre alzó uno a uno sus dedos, enumerando “mis actos obedientes”—. Puntual, el vestido… y la ropa interior.
— Se trata de mi padre— quise sonar fuerte, pero mi voz salió débil. —. Sí es asunto mío.
— El asunto mío, es enseñarte que un idiota como Erick, no te va a satisfacer Caliope. Con respecto al tema de tu padre. Ya terminé de hablar.
Dos de sus dedos se fueron justo a mi entrada, mientras que su boca se fue a mi cuello succionando fuerte, los vellos de su barba rasurada comenzaron a hacer fricción con mi piel. No pude contenerme más.
Gemidos salieron de mi. Una fuerte presión se instaló en mi vientre y me sujete fuerte de sus brazos susurrando bajito:
— Dame más…— mi mundo entero se redujo a su tacto, a su olor y su orden que pedía mi completa sumisión. Introdujo un dedo más y ya sentía que esa ola venía directo a acabar conmigo.
Y entonces se detuvo.
Abrí mis ojos y lo observé, puedo sentir como estoy inyectada en fuego, al igual que él. Me removí inquieta buscando no perder el hilo del deseo.
— ¿Vas a ser obediente Caliope? — su voz ronca cargada de un ansia que no pensé ver en él jamás.
Asentí levemente.
— Dímelo. Quiero escucharte. Además, pídeme lo que quieres.
— Sí…— la humillación me hizo sentir aún más caliente. Deseada y a su vez vulnerada.
—¿Sí qué Caliope? — sus dedos se movían lento asegurando no perder mi excitación.
— Seré obediente. Dame mi deseo por favor señor.
Y como si fuese música para sus oídos, volvió a besarme con la misma fuerza que al principio y sus dedos se movieron con fiereza arrancándome más de un espasmo. Trayendo consigo un orgasmo abrasador. Uno como nunca había sentido.
— Así me gusta. Obediente.
Se separó de mí de la manera más fría, abrochó nuevamente su corbata. Sus ojos fijos en mí, se alejó un poco mientras se organizaba. Me dejó temblando, expuesta de piernas abiertas. Me bajé de la mesa como pude, organicé el vestido e intenté recoger la poca dignidad que me quedaba.
Me siento humillada.
— Vámonos.
Se acercó a mí solo para tomarme del brazo y obligarme a caminar, justamente con la misma autoridad que me había sometido.
Salimos a pasos apresurados de la sala, afuera el panorama era completamente distinto. Las luces de emergencia parpadeando a lo largo del pasillo con los guardias de mi amado jefe a un costado. Parece macabramente una escena del crimen.
No saben que justamente me acaban de matar la dignidad.
Y entonces, como un broche de oro para está noche memorable, ahí en dónde termina el pasillo está él.
Dante Sforza.
— Veo que la reunión diplomática fue productiva, Ministro— hay cierto fastidio en su voz, aunque lo esconde con la burla abrazando cada sílaba.—. Supongo que su asistente, aprecia las capacitaciones extra laborales.
La mano de Magnus apretó su agarre en mi cadera, era sutilmente una advertencia y a la vez me exhibe como un trofeo.
— *Jeg er redd du har en tendens til å stikke nesen din dit den ikke hører hjemme, Sforza. Ikke misbruk alliansene dine. Sist gang gikk det ikke så bra for deg.
Le dió una sonrisa de autosuficiencia, a su vez Dante alzó su copa de champagne en un brindis burlón mientras su mirada se clavaba en mí, detalla el vestido arrugado y mi labio roto. No hubo respuesta, sólo silencio. Un silencio ensordecedor.
La sonrisa socarrona se borró de su labios.
Magnus me obligó a avanzar.
Y mi mente no deja de pensar…
Estoy en medio de un océano oscuro, en medio de algo que no entiendo, o me hago la loca para no entender.
Justo en medio de una guerra.
Una guerra en la cuál soy el trofeo.
¿Qué quieren de mí verdaderamente?
†
*1. Me temo que tienes tendencia a meter las narices donde no te corresponde, Sforza. No abuses de tus alianzas. La última vez no te fue muy bien.