CAPITULO II - LA MALDICIÓN (primera parte)

4194 Words
Poco a poco fui abriendo los ojos, tuve un sueño muy bonito, lo que hizo que me despertara extrañamente feliz y con una amnesia momentánea. Por unos segundos había olvidado la pesadilla de la noche anterior. - Por fin despiertas – dijo una conocida voz a mi lado, haciendo que el corazón de me paralizara del susto, estaba recostado en la cama a mi lado y de un solo movimiento me levanté, refugiándome contra la pared, él se puso de pie lentamente sin quitarme los ojos de encima – Amor – dijo mientras caminaba, yo intentaba alejarme pero sola me acorralé en la esquina de la habitación – no tienes nada que temer – si claro, pensé, porque solo eres un loco chupa sangre – y no estoy loco – dijo guiñándome un ojo, yo lo miré más aterrada aún si se podía – escucho todo lo que piensas – me respondió la pregunta que se formuló en mi cabeza, se sentó al borde de la cama, muy cerca de donde yo estaba – ven – dijo señalando con la mano un lugar a su lado, yo no tenía ninguna intención de moverme de mi rincón – no me gusta hacer esto contigo, pero no me dejas opción – Me miró a los ojos, yo intenté esquivar su mirada, pero de nuevo estaba sin fuerza de voluntad ante él – ven – repitió el gesto, y a paso firme me dirigí a donde me indicaba, me senté – tranquilízate por favor – dijo acariciando mi rostro al notar que yo no paraba de temblar – nunca podría hacerte daño – las imágenes de Celia vinieron a mi mente, de verdad no quería terminar como ella, pero estaba al lado del hombre autor de esos actos – lo de Celia fue algo que ella se buscó – dijo sorprendiéndome de nuevo, aunque ya no debería – al principio me molestó su actitud contigo, si supieras lo que ella pensaba de ti no estarías molesta por lo que le hice – de verdad no quería saber lo mi supuesta mejor amiga pensaba de mi – no voy a decírtelo si no quieres, pero ella no era buena amiga, y no me gustaba así que decidí utilizarla, fue divertido tengo que admitir – dijo con una sonrisa en el rostro y ahora recordé como el Celia tenían sexo y en todas las veces que lo habrán hecho a mis espaldas – no fueron tantas veces como crees – me guiñó un ojo, yo no podía creer su descaro, me hervía la sangre por dentro de lo molesta que estaba, él me hacía un escándalo si un hombre me saludaba, mientras él se revolcaba con cualquiera como si fuera lo más normal del mundo – veo que estas molesta – dijo – creo que sería saludable que te expresaras – al decir esto me miró a los ojos y sentí como si me soltaran la correa o algo así. - ¡Maldito desgraciado! – grité poniéndome de pie frente a él, que me miraba divertido – todo este tiempo me engañaste, seguramente me casé contigo porque me obligaste a hacerlo con ese control mental o lo que sea que haces - él asintió – ¡Quiero el divorcio! – grité arrojándole una lámpara, él la tomó sin problemas - ¡No quiero volver a verte en mi vida!¡Eres un psicópata, como menos, estás loco!¡Y deja de meterte en mi mente! - ¿Terminaste? – preguntó luego de unos segundos, lo miré con odio – No me mires así – me ordenó y yo agaché la mirada – Ahora es mi turno de hablar, así que toma asiento y escucha – claro que obedecí – Punto número uno, no me gusta controlarte, pero no me quedaba otra opción, eres demasiado independiente y tenía que hacerlo – yo lo miraba sin poder decir nada, aunque tenía varios insultos formados en la mente, seguramente él podía escucharlos – número dos, lamentablemente no puedo controlar lo que piensas, solo lo que haces, así que evita esas palabras tan ofensivas – ahí no le hice caso, el bufó molesto – número tres, sí tuve que persuadirte para que nos casáramos, la idea del matrimonio no tenía mucha aceptación en tu mente así que tuve que trabajarlo un poco, además de que necesitábamos hacer todo el ritual que seguramente no ibas a aceptar por tu propia voluntad – eso era obvio y el vestido era horrible – el vestido no fue mi culpa – dijo como disculpándose – mis hermanas son celosas y ellas lo eligieron, lo siento – eran unas malditas – pero para su desgracia lucias hermosa en el – tenía que estar loco si pensaba que con eso iba a convencerme – vamos amor – dijo de poniéndose de cuclillas frente a mí, tomando mis manos en las suyas – tu sabes que soy el hombre para ti, lo supiste del primer momento en que nos vimos, de la misma manera que yo supe que tú eras la mujer para mí, y yo no tuve nada que ver en eso, no puedes negarlo – de verdad no podía negar que cuando lo vi algo se encendió en mí, pero eso no quitaba que era un fenómeno - ¡Hey! – Me reclamó – no soy ningún fenómeno, solo soy una r**a superior. - ¿Qué eres? – pregunté, supongo que el todopoderoso Tomas había liberado mi lengua. - No hace falta que te lo diga, piénsalo un poco – sugirió divertido, de verdad era un psicópata. - No es posible – dije sin creerlo - ¿Vampiro? – era una locura – no es posible – pero ya no estaba tan segura, después de todo ¿Cómo iba a explicar todo lo extraño que había en él?, sin mencionar como drenó la sangre de Celia. - ¿Y qué piensas? – preguntó el cínico. - Quiero irme de aquí – dije poniéndome de pie y alejándome de él, casi corriendo hacia la puerta, pero él llegó antes y me tapó el camino. - Amor – dijo poniendo sus manos en mi hombros empujándome hacia atrás – pensé que ya estaba claro que esa no era una opción – unos pasos más y choqué con la cama y caí sentada en ella – recuéstate – dijo y lo obedecí, me deslicé por la cama hasta que mi cabeza quedo acomodada en la almohada, él se colocó sobre mí, mi respiración era agitada, quería gritar, patalear y salir corriendo de ahí, pero no podía moverme – tranquilízate – ordenó suavemente mientras acariciaba mi cabello – ya no puedo esperar más, tengo que hacerte mía – dijo y comenzó a oler y besar mi cuello, la piel se me erizó, pero no por placer, si no por miedo, yo sabía lo que venía – sólo va a doler un poco – dijo y sentí como desgarraba mi piel con sus colmillos, y no dolió sólo un poco, el gritó que lancé me desgarró los pulmones, sentía como ácido en ese lugar, y con cada succión que hacía sentía como la vida se me escapaba del cuerpo, quería alejarme de él, estaba moviéndome en la cama todo lo que podía, pero era inútil, no le costaba nada mantenerme en la posición que le resultara cómoda para su tarea, comencé a sentir que me desvanecía, me costaba respirar y el pecho me dolía, me estaba por dar un infarto, estaba muriendo lenta y dolorosamente, poco a poco se separó de mi cuello, yo ya no tenía fuerzas para nada, hizo unos movimientos y puso su muñeca en mi boca, sentí algo frío deslizarse en mis labios – bebe – dijo y no lo pensé, necesitaba beber algo, lo sentía adentro mío, así que abrí la boca y comencé a chupar la sangre que botaba su brazo, al principio lo hice suave, pero a medida que el líquido ingresaba a mi sistema me sentía con más ganas de seguir bebiendo y la fuerza iba volviendo a mí, estaba recobrando la lucidez podía sentir como Tomas acariciaba mi cabello con su mano libre, yo seguía bebiendo – Eso es todo – dijo y quitó su mano de mi boca, me sentía vacía y sedienta, quise incorporarme para pedirle más pero lo que pasó a continuación me lo impidió, la ventana fue atravesada por algo y la habitación comenzó a quemarse, quise ponerme en pie pero no podía moverme, Tomas se acercó a la ventana y alguien ingresó en la habitación. - ¡Cazadores! – pude entender que decía. - Sácala de aquí – ordenó mi esposo – la transformación no está terminada aún - y sentí que alguien me tomaba en brazos y salía conmigo en medio del calor del fuego que ahora estaba por toda la casa, íbamos muy rápido por el pasillo, luego bajamos unas escaleras, ya no sentía calor, apenas podía mantener los ojos abiertos, pero me pareció que estábamos en un sótano, avanzamos un poco más, pero de repente quien me cargaba tropezó y caí unos metros adelantes como un saco de papas, me dolió mucho, pero no tenía fuerzas ni para gritar. - ¡Hasta aquí llegas asquerosa rata! – escuché una voz masculina pero no sabía de dónde provenía, luego escuché pasos, varios golpes, gritos, jadeos, más golpes, y el filo de una cuchilla cortando algo, pasó un largo tiempo hasta que alguien volvió a tomarme en sus brazos – ven aquí preciosa - dijo la misma voz - ya estas a salvo - comenzamos a andar y perdí el conocimiento totalmente. Me desperté casi saltando en la cama donde me encontraba, los recuerdos del día anterior vinieron a mi mente en forma de pesadillas y creía que él lunático de mi "esposo" estaría a mi lado para seguir drenando mi sangre. Pero estaba sola en la habitación, y no la reconocí, no por eso bajé la guardia, pero me sentía libre, capaz de pensar y actuar por mí misma de nuevo. Me di cuenta que antes tenía como una especie de presión en mi mente que no me dejaba pensar ni actuar con lucidez, desde el día que hice el amor por primera vez con Tomas había estado controlándome. Observé mi cuerpo en un espejo cercano, ya no llevaba el horrible conjunto de lencería, tenía una playera y nada más abajo, no sabía de quien era, pero le agradecía el gesto, el conjunto anterior era un espanto y parecía la protagonista de una mala película de adultos. Lentamente recorrí la habitación que estaba a oscuras, intentando descubrir donde estaba pero nunca había estado ahí. Lo último que recordaba es que me había desmayado cuando alguien me sacaba de la casa de Tomas, rogaba en mi interior que no fueran otros vampiros o que él me hubiera recuperado, parecía muy decidido a tenerme, eso me hizo estremecer. De repente noté que me moría de hambre, no recordaba cuando había comido por última vez, lo último que había ingresado en mi sistema era la sangre de Tomas y antes de eso había pasado muchas horas en ayuna, por su poder mental obviamente. Recordé beber su sangre y lejos de sentir náuseas y repulsión mi hambre se acrecentó, abrí la puerta cuidadosamente y caminé por el pasillo, la escalera se veía al final, no era la casa de Tomas, porque él vivía en una mansión y ese lugar era una casa normal. Apenas salí de la habitación el aroma de algo delicioso llegó a mi nariz y se me hizo agua la boca, seguí el olor, bajando las escalera hasta una sala, abrí la puerta esperando encontrarme con un manjar, pero sólo vi a tres hombres, que me apuntaban con sus armas. - Vaya bonita – dijo el mayor – por fin despiertas, ya estaba por ir a asesinarte mientras dormías, pero no me parecía justo – los otros dos rieron - ¿Cómo lo quieres? – Preguntó acercándose con una espada en su mano - ¿mucho o poco dolor? – yo estaba aterrorizada, las piernas me temblaban, no podía creer mi mala suerte me escapaba de un vampiro loco y caía en las manos de unos asesinos seriales que iban a descuartizarme, me desplomé en el piso sobre mis rodillas y comencé a llorar, iba a morir, al parecer mi vida ya no debía continuar. - Esto es nuevo – dijo otro de los hombres – primera vez que veo a un vampiro hacer eso - cuando escuché la palabra vampiro, me asusté aún más y de un salto me puse de pie, ellos volvieron a apuntar sus armas. - ¡Por favor! – Dije acercándome, ellos retrocedían – no dejen que el vampiro me mate, ¡por favor! – me miraban anonadados, uno tropezó con la mesa del medio de la sala y me fui por él, lo sujeté de la camisa, llorando - ¡tienes que salvarme por favor! ¡No dejes que me mate! – los tres se quedaron congelados, nadie decía nada, de repente la puerta se abrió y volteé a ver si era Tomas y me encontré con ka mirada de una joven mujer, no tuve tiempo de nada, una estaca de madera que ella tiró en mi dirección atravesó mi corazón, me había asesinado, tomé el elemento, esperando que se llevara mi vida, pero no pasaba nada, apenas sentía una pequeña molestia en el pecho - ¡que rayos! – dije para mí misma tomando la estaca y tirando de ella para que saliera de mi cuerpo, cuando estuvo afuera palpé la zona buscando el agujero o la sangre que tenía que estar saliendo pero nada pasó. - ¡Qué demonios! – dijo la mujer y se abalanzó contra mí con su espada, yo aún estaba pensando en cómo era posible que siguiera viva y sin una herida, cuando el filo de su arma golpeó en mi cuello, solo sentí la caricia de algo frío atravesarme, pero mi cabeza seguía en su lugar - ¿Qué mierda eres? – me preguntó asustada, pero yo la miré con lágrimas en los ojos, no podía ser, él me había transformado en un monstruo. - Soy un monstruo – dije buscando donde sentarme, ellos cuatro se colocaron frente a mí, mirando, esperando que hiciera algo – ¡soy un maldito monstruo! – Les grité, llorando - ¡Mátenme! – Les exigí avanzando hacia ellos, quienes retrocedían - ¡Mátenme! – pero no hacían nada, volví a caer al suelo llorando, estuve no sé cuánto tiempo allí, hasta que unas manos me tomaron de los hombros. - Ven aquí – dijo, volteé a verlo, era el hombre mayor – Mi nombre es Marcos ¿Cuál es el tuyo? – yo solo lo miraba. - Amanda – dije con hilo de voz. - Un gusto Amanda – dijo sentándome en un amplio sofá – ella es mi hija Azul – dijo señalando a la mujer que intento matarme - él es Javier – señaló a otro hombre, más o menos de mi edad, que me pareció reconocer de algún lado – y él es Lucas – ahora señalaba al otro hombre, más joven aún, al que yo había sujetado de la camisa – somos cazadores – lo miré extrañada – nosotros cazamos vampiros – me señaló disimuladamente – y algunas otras cosas que aparecen por ahí – se sentó más relajado a mi lado - ¿Necesitas algo? – preguntó amablemente, yo lo pensé y volví a recordar que me moría de hambre. - Tengo mucha hambre – dije lo más calmada que podía, haciendo que él se tensara. - Lo imagino, ¿hace mucho que no comes? – preguntó, ya estaba de pie. - Como dos días desde antes que ustedes me encontraran – dije. - Ya hace más de una semana de eso – dijo alarmado. - ¿Tanto? – pregunté confundida. - Dormiste varios días seguidos – dijo dirigiéndose a la puerta – voy a ver que consigo para ti. Los otros tres me seguían mirando, sin decir nada. - ¿Y por qué no comías?- preguntó Azul seria. - No estoy muy segura – dije – supongo que Tomas me ordenó que no lo hiciera. - ¿Tomas? – preguntó Lucas curioso. - Él es – dije nerviosa. - Quien te convirtió – dijo ella, yo asentí. - Él jugaba contigo desde hace tiempo entonces – comentó Javier, haciendo que el poco orgullo que me quedaba se desplomara – él puede controlar tus acciones. - Si – dije – y leer la mente también – los tres me miraron sorprendidos. - ¿Cuál es su nombre completo? – preguntó Lucas, en eso Marcos volvió con un vaso grande y una bandeja llena de comida. - Su nombre es Tomas di Carlo, Conde Tomas di Carlo, según supe – dije mirando la comida, ellos se miraron. - Bebe – dijo Marcos ofreciéndome el vaso – creo que esto será de tu agrado, no lo pienses, solo bébelo. Lo tomé y traté de no mirarlo, pero adentro había sangre, dudosa probé un sorbo, no era tan deliciosa como la de Tomas, pero me gustó su sabor, y bebí con más ganas – es sangre de cerdo – dijo Marcos – pienso que deberías intentar no beber de humanos – yo asentí sin dejar de beber, me terminé el vaso en tiempo récord, Javier estaba comiendo lo que había en la bandeja, los demás me miraban. - ¿Qué es eso? – dije mirando la comida. - Pastel de carne – dijo Marcos - ¿quieres probar? - Huele delicioso – dije acercándome, Javier me miró molesto mientras tomaba una porción y la devoraba en segundos. - ¿Qué tal? – preguntó Lucas. - ¿Hay más? – dije relamiendo mis labios. Azul sonrió y salió de la habitación, volvió a los minutos con un pastel entero y otro vaso con sangre de cerdo fresca, no lo pensé y los tomé, me comí todo el pastel que sería para unas ocho personas y el vaso, casi me sentí satisfecha. - ¿Satisfecha? – preguntó Javier con odio, sacando una dona de una caja. - Casi – dije y antes de que pudiera hacer nada me comí 6 donas, todos me miraba atónitos, Javier enojado – Ahora sí – dije sonriendo y tocando mi muy saciado estómago, pero toda la felicidad se me fue cuando caí en la cuenta de la cantidad de calorías que había consumido – Todo se me va a ir a las caderas – dije lamentándome, ellos rieron. - No tienes idea de nada – dijo Azul – no vas a engordar – la mire confundida – eres un vampiro, un extraño e inmortal vampiro, eso quiere decir que tu cuerpo va a permanecer en ese estado por mucho, mucho tiempo. - Toda le eternidad – dije recordando las palabras de Tomas, ella asintió. En eso Lucas que había estado revisando unos libros se acercó a mí con un libro. - ¿Este es Tomas? - preguntó señalando un retrato dibujado, no podía creer lo que mis ojos veían, la imagen seguramente tenía más de 500 años, pero él se veía igual, con ropa anticuada, pero sin dudas era mi maldito esposo. - Sí – dije, él sonrió satisfecho – Ahora entiendo porque no podemos matarte – todos le prestamos atención – yo pensaba que era una leyenda, pero tú eras la prueba de que no lo es. - ¿Qué cosa? – preguntó Javier molestó. - El Conde Maldito – dijo muy seguro – es Tomas – Marcos lo miró y fue a buscar otro libro, buscó la página correcta y leyó unas líneas. - "Por haber servido a los ejércitos de Dios, al Conde se le otorgó la tan anhelada inmortalidad absoluta, no existe fuerza o arma en este mundo capaz de terminar con su existencia, y toda su sangre correrá su mimo destino, sobrevivirá a todo y a todos, sin poder jamás encontrar el descanso eterno. El mundo llegará a su fin, más no él, ni su sangre, que solo podrá perecer por su propia mano. Pero cuidado, la vida eterna luego de unos siglos deja de ser una bendición para volverse una maldición" – nos quedamos en silencio unos minutos cuando terminó. - O sea que – quise decir, pero Javier me interrumpió. - Que ese desgraciado y todas sus creaciones no pueden morir – dijo con furia. - Tengo que vivir para siempre – dije con pesar – es horrible. Nadie dijo nada, Lucas y Marcos ordenaron los libros, Azul retiró los platos, Javier se sentó en el sofá yo seguía de pie, digiriendo lo que acababa de descubrir. - Lo siento – dijo, cuando lo miré estaba con la cabeza gacha, y estábamos solos – es mi culpa que te haya pasado eso - quise preguntar cómo era eso posible - ¿no me recuerdas? – dijo acercándose a mí – yo te saque de esa casa y te lleve en mi moto a tu casa, pensé que estabas a salvo ahí – abrí los ojos como platos, y lo recordé, él me había ayudado a huir pero no se imaginó que Tomas me esperaba en mi casa – No sabía que él iría por ti, con tantas presas en esa fiesta, lo siento mucho – apoyó su mano en mi hombro. - Descuida – dije tocando su mano – Tomas piensa que soy la mujer de su vida, y de una manera u otra iba a dar conmigo, dice que nacimos para estar juntos – dije con rabia. - ¿De verdad? – Preguntó curioso y algo asustado - ¿Qué mas dijo? - Que estaríamos juntos toda la eternidad, que no podría alejarme de él – dije recordándolo con odio – hasta nos casamos con un horrible ritual – dije y él abrió los ojos como platos. - ¡Marcos! – Gritó y corrió por toda la sala, guardando cosas en un bolso - ¡Vienen por ella! – los demás sin decir nada corrieron por todos lados, yo no sabía qué hacer, al cabo de unos minutos estábamos en la puerta de la casa con varios bolsos, Azul y Lucas comenzaron a guardarlos en dos autos. - ¿Qué pasara con ella? – dijo Marcos. - No es nuestro problema – dijo Javier, sin mirarme, estaba por abandonarme, Azul llegó. - ¿Vamos a dejarla para que él se la lleve? – dijo molesta – Padre – reclamó a Marcos, él estaba dudando. - Hicieron un ritual – dijo Javier – él puede encontrarla incluso si la llevamos al mismo infierno, y no creo que se ponga muy feliz con nosotros, y no sé ustedes, pero yo no quiero estar cerca de ese súper vampiro inmortal. Los demás no dijeron nada, me miraron, yo sabía que era demasiado pedir que me llevaran y arriesgaran sus vidas pero no quería quedarme y que Tomas me encontrara, yo no era como él y no quería serlo. - Ella no es como los demás – dijo Azul, Lucas ya estaba con nosotros – mírala, ni siquiera parece un vampiro, en ningún momento quiso matarnos y está más asustada que todos nosotros juntos. - Él va a encontrarnos – dijo Javier. - No necesariamente – dijo Lucas, todos lo miramos – el hizo un hechizo de enlace, que puede romperse. - Es difícil de hacer – aclaró Javier. - Pero no imposible – dijo Marcos – Linda vienes con nosotros, a los autos todos. Ordenó y subimos, a mí me tocó con Lucas y Javier, ya que el auto de Marcos estaba lleno de cosas para el viaje. Me acomodé en el asiento de atrás sin decir nada, luego de que avanzáramos unos kilómetros rompí el silencio. - ¡Gracias! – dije a Lucas tocando suavemente su hombro, Javier me miró por el espejo retrovisor – a ti también, y lamento mucho todos los inconvenientes. - Descuida Amanda – dijo feliz Lucas – nuestro trabajo es ayudar y proteger a seres indefensos como tú de monstruos como tu esposo. - Ella no es indefensa – dijo Javier – si quisiera podría matarnos a los dos. - Pero ese es el punto – dijo Lucas – no quiere hacerlo, eres el vampiro más extraño y encantador que conocí Amanda – dijo volteando a verme. - Gracias – dije – supongo. - Por nada – dijo y volvió su vista al camino. Seguimos por un rato más, y tuve sueño así que me acomode y me dormí. Cuando desperté el auto estaba aparcado, y me encontraba sola. Había una nota pegada en el espejo: "Fuimos a comer, tienes ropa en la bolsa y sangre en la nevera, estamos en el parador. Lucas". Tomé la bolsa y me vestí, ya estaba cansada de andar medio desnuda, supuse que el pantalón y la camisa eran de Azul, ella era un poco más chica que yo, porque lo que la ropa me quedaba algo ajustada, pero sin llegar a molestarme. Continúa
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD