Salgo del baño con la toalla atada a la cintura, y con otra pasándome por el cabello mojado, camino a buscar ropa limpia en mi armario.
Dos cosas que son fundamentales para mí para empezar la mañana. Una buena ducha con agua caliente y una taza de café recién hecho.
Mientras me voy vistiendo con lo que suelo usar todos los días (ropa deportiva cómoda para entrenar), oigo varias voces provenientes de afuera. Me acerco a la ventana, la cual da al jardín, y los veo. Están Dexter, Milo, Lari y Stellan aplaudiendo y victoreando al niño, quien va a gran velocidad con la bicicleta, paseándose por todo el lugar con una gran destreza. Tiene una enorme sonrisa en su rostro, la que me recuerda a esa infantil que solía tener hace un tiempo atrás. Se puede notar el orgullo en su mirada, y la felicidad.
Niego con la cabeza y me voy la vuelta, alejándome de allí.
Una vez que termino de alistarme, salgo de la habitación y bajo las escaleras camino a la cocina. Tomo mi taza térmica de Harry Potter, la cual me regalaron mis hermanos ya que saben que soy muy fan de las películas, y la lleno hasta arriba de café. Me preparo unas tostadas con aguacate y huevo. Cuando ya tengo todo listo, me siento en una de las banquetas altas a desayunar solo y en silencio.
Ahora sí que puedo decir que la mañana ha empezado de forma perfecta.
Luego de desayunar, me dirijo hacia la morada, dónde el equipo ya está en la sala de reuniones, al igual que todas las mañanas, charlando animados. Al entrar me percato que también está en niño sentado en una de las sillas, que sigue con esa expresión relajada y la sonrisa suave.
- Te has perdido la demostración de Juanito con la bicicleta. - me dice Dexter cuando me ve. - Parecía todo un experto en ciclocross.
- ¿Me la perdí? Que va, una verdadera lástima. - hablo con sarcasmo, sentándome en mi silla.
- Por cierto, Juanito... - comienza a decir Milo. - ¿Cuándo te decidirás por un nombre? Porque nos acostumbraremos a este, y habrá sido en vano que lo hayas pensado tanto.
- Todavía no encuentro el ideal.
- Supongo que por eso los padres tienen nueve meses para pensar en uno. - comenta Lari. - No es tan sencillo.
- No hablemos de bebes, que me da urticaria. - menciona Ross con su semblante serio habitual, aferrándose a su taza de café humeante.
- Coincido. - sigo.
- Que va, lo dice el próximo a ser tío. - menciona Lari divertida.
Dexter da una palmada. - Bien, volvamos a lo importante.
Alzo las cejas con sorpresa. Vaya, parece que hoy alguien se levantó con ganas de trabajar. Esto es nuevo. Siempre es el primero en sacar a relucir un tema idiota para hablar de cualquier otra cosa que no sea algo relacionado al clan, y así perder media mañana hablando de tonterías.
- La prueba de la bicicleta, superada. - anuncia Dexter. - Ahora continuaremos con lo siguiente de la lista.
Pongo los ojos en blanco. Era muy bueno para ser verdad. Aunque tengo que admitir que fue bastante iluso de mi parte.
- ¿Qué lista? - pregunto extrañado.
- Oh, Juanito ha hecho una lista de cosas que quiere hacer/aprender. - responde. - Y lo que sigue es aprender a conducir.
Miro al niño. - Tus aspiraciones sí que son altas si a los 10 minutos de haber dominado una bicicleta ahora quieres pasar a un auto.
Se encoje de hombros. - No me gusta desperdiciar el tiempo.
Oh más bien yo diría que es ansioso. Aunque no lo culpo, soy igual. Quiero las cosas para ayer.
- Dado que Stellan ya ha sido tú profesor, ahora lo seré yo. - continúa Dexter. Sonríe malicioso. - Te enseñare a conducir.
- ¿¡Qué!? ¡No! - gritan todos juntos, perforándome el tímpano.
- ¿¡Qué!? ¿¡Por qué no!? ¡Soy un muy buen conductor! - exclama.
- Eres el peor conductor que conozco, además del más imprudente. - dice Emiko con seriedad. - Si con Stellan Juanito ha rozado un árbol, contigo aparecerá en el noticiero de la noche, conduciendo a gran velocidad por la autopista y siendo perseguido por patrullas policiales.
Milo ríe. - A lo O.J. Simpson.
- ¡Eso no es cierto! - se queja indignado.
- ¡Claro que sí! - replicamos a coro.
- Bueno sí... - admite en voz baja meneando la cabeza. - ¡Pero seré prudente con Juanito! - hace una pausa. - Aunque ha dicho que le encantan las carreras de formula 1. Algo que tenemos en común.
- No le enseñaras al niño a conducir. - sentencio. - ¿Qué parte de que tiene que llegar al año vivo no entiendes? Si luego de eso quieres enseñarle a conducir haciendo piruetas a lo rápido y furioso, bien por mí, pero no ahora. Porque puedo explicar un rasguño, pero no que haya quedado en estado vegetal. ¿Está claro?
Se cruzo de brazos ofendido. - Si. - responde seco, con su ceño fruncido.
- Dex, si te traigo una autorización firmada por mi padre, ¿me enseñas a conducir? - le pregunta Lari. Todos la miramos. Se encoje de hombros. - ¿Qué? Uno nunca sabe cuándo puede venir bien saber conducir de forma desenfrenada.
- Dexter tiene prohibido enseñarle a alguien a conducir. - digo tajante. Lo miro. - ¿Has entendido?
Pone los ojos en blanco. - Tú matas toda la diversión, Astor. - refuña el rubio.
- Si, antes de que tú mates a alguno de estos idiotas descerebrados. - hablo firme. - No me gusta la velocidad, y lo saben. Así que no hagan tonterías con eso.
- Bien. - corean cual rebaño de ovejas.
Miro a Stellan. - Eres el unico que tiene la cantidad necesaria de neuronas, así que tú le enseñaras. ¿Te molesta?
Este niega y sonríe. - Para nada.
Ahora poso mi mirada en el niño. - Seguirás tus clases con Stellan, siempre y cuando no interfieras en su trabajo. ¿Está claro?
- Si. - responde animado.
Chasqueo los dedos. - Ahora vete de aquí, que tenemos que trabajar y distraes a todos. - digo. -Ahí colmaran mi paciencia y no quedara ninguno para enseñarte.
Se le escapa una suave risa y se para, saliendo de la sala.
¿Qué demonios ha sido eso?
Parece ser que otro más ha tenido una buena mañana.
Pongo los ojos en blanco y lanzo un quejido. Vuelvo mi vista a mi equipo. - Bien, sigamos con el trabajo que tenemos esta semana...
*****
Es ya de noche cuando me tiro de espalda sobre mi cama, luego de ducharme y volver a ponerme ropa cómoda de entre casa. Cierro mis ojos, los cuales siento como si pesaran una tonelada. Y me dispongo a hacer todo lo posible para apagar mi mente y conseguir un poco de silencio y quietud. Tengo toda mi habitación a oscuras, y no se siente un solo murmullo.
Hoy estuvimos todo el día fuera, terminando con varios negocios y reuniones, además de inspeccionando nuestras propiedades, asegurándonos de que todo sigue en orden. Por lo que tuvimos una mañana y tarde bien ajetreada.
Odio lidiar con personas, así que eso siempre me agota mentalmente. Por suerte está noche no me toca ir al club, por lo que podré dormir toda la noche. Comenzando ahora...
Tocan la puerta.
Mierda. Trabajar con estos idiotas es como tener niños pequeños.
Lanzo un quejido y abro mis ojos.
- ¿¡Qué!? - pregunto con desgano y fastidio.
- A cenar. - oigo la voz de Stellan al otro lado.
- Coman ustedes, yo luego me vuelvo a pedir algo para mí.
- No pedimos comida, Jun cocino.
Ah diablos. Había olvidado que me pidió si lo dejaba cocinar por las noches. Con más razón no pretendo ir.
- No cenare. - sentencio.
- Vamos a cenar, Astor. - habla Stellan con voz firme. - Ha estado cocinando por horas para nosotros. Tienes 5 minutos. Bajas o vendremos todos por ti. Tú eliges. - oigo sus pasos alejarse.
Vuelvo a lanzar un suspiro pesado. Son un maldito dolor de cabeza. Estaría mejor solo, comienzo a tener la certeza de eso.
Cinco minutos después. Me levanto de la cama y salgo de la habitación. Algo mucho peor que bajar a cenar, es tenerlos a todos en mi habitación, hablando a la vez como cotorras y tocándome los huevos para que baje. Por lo que tomo la sabia decisión de ir voluntariamente.
Bajo las escaleras y voy hacia el comedor, dónde veo a todos allí. Algunos están sentados, otros parados mientras se pasan las fuentes de comida y sirven las bebidas en los vasos. Charlan entre ellos, son voces suaves y se oye de fondo una melodía armoniosa. El ambiente huele a algo delicioso y cálido.
Enseguida me invade la nostalgia de los almuerzos de domingo con toda mi familia cuando era más pequeño. Antes de derrapar por la vida.
Alejo esos pensamientos y vuelvo mi atención a lo que tengo enfrente.
¿Pero que carajos sucede hoy con todo el mundo? ¿Por qué parece una escena de un comercial navideño?
- ¡Llego el patriarca de la familia! - exclama Milo con una sonrisa divertida.
- Anda, siéntate que se enfría. - dice Lari. - Que Juanito no quería empezar hasta que no estuviéramos todos.
El mencionado entra por la puerta que da a la cocina con otra bandeja de comida en sus manos. Se frena cuando sus ojos se posan en los míos. Nos quedamos observando en silencio por unos segundos que me parecen eternos.
Todo lo que puedo pensar al verlo es en... naranja. Así como sus zapatillas. Emana esa vibra. O más bien ese color. Es extraño.
Aparto mi mirada (y esos pensamientos).
- Huele bien. - digo en voz baja, sin mirarlo.
- Gracias. - murmura y sigue caminando, acercándose a la mesa.
Yo hago lo mismo y me siento en el lugar de la punta. Distribuyo mi mirada a cada uno de los que me rodean, sobre todo a quienes toman la palabra, contando alguna tontería.
Pero cada tanto, mi subconsciente me traiciona y poso mis ojos en él. Que por suerte no lo nota, ya que está atento a los demás, a quienes mira con atención y en silencio, acompañado de una sonrisa suave.
Naranja. Naranja. Naranja.
*****
Chan. Chan. Chan.
¿Pero que le está sucediendo a nuestro Astor?
¿Será que se empieza a ablandar un poco?
Espero les esté gustando hasta ahora.
Gracias por leer. Saludos.?