Capítulo V

1773 Words
Yacía recostada en su pequeña terraza bajo la luz de la brillante luna que la iluminaba con aquello rayos tiernos, sumergida en un silencio sepulcral inmersa en la lectura de aquel libro tratando de olvidar el caos que era su vida en aquel preciso momento, todo lo que sucedía últimamente la estaba volviendo loca. Por alguna razón no podía sacárselo de la cabeza, le atraía de una manera totalmente extraña, él era impredecible, misterioso y aterrador. Quizás era eso lo que la hacía sentirse atraída hacía él, la curiosidad abrumadora de descubrir que ocultaba, era algo tonto, ni siquiera sabía si volvería a verlo otra vez. —Levina. La nombrada giró los ojos fastidiada ante la voz de su madre. —Te estoy hablando niña. — ¿Qué quieres? —Respondió sin despegar su vista del libro—. —Ayer... ¿Por qué saliste así? — Porque quería —Dijo como si fuese lo más obvio del mundo—. Cerró de golpe su libro. Era obvio que allí no conseguiría la paz y el silencio para concentrarse en entender que era lo que decía el libro entonces iría a otro lugar para leer. — ¡Deja de tratarme así! —Chilló Laura—. Levina observó sus ojos inundados de lágrimas que se esforzaba por no derramar, esa era su madre, aquella que después de crecer creyó perder. —Ya dime la verdad mamá ¿Cuál es tu secreto? —Preguntó encarándola finalmente—, me duele lo que le haces a papá, tu... Su misión no era herirla de ninguna forma, rápidamente Laura giró la cabeza hacia un lado tratando de esconder su reacción a la de su hija, sin embargo Levina pudo ver su expresión, Laura se volvió demasiado nerviosa y eso la alertó. —Levina... Sus ojos se mostraban condescendientes y suplicantes como si verdaderamente se sintiera agredida. Aquello turbó el alma de Levina y quiso abrazarle pero necesitaba más que nunca saber aquel secreto del que hablaba ese hombre. —Mi padre me dijo el otro día que ni Gustavo, ni yo somos sus hijos, ¿Quién es mi padre? La sorpresa estalló en su cara a la vez que la furia y la vergüenza se posaron entorno a ella. — ¡¿Tú le has creído eso Levina?! —Gritó en su cara—. Laura se apartó el pelo de la cara con dedos nerviosos, parecía culpable sin embargo rogó a Dios que eso no fuera así de otra manera no sabía que sería de ella. —De ti, espero cualquier cosa Laura. La pelirroja colérica no pudo contenerse más entonces golpeó la mejilla de su hija. Levina la miró con ironía pero se limitó a decir: —Gracias por reprenderme, madre —dijo con ironía—. Furiosa caminó con rapidez hasta la puerta y salió sin mirar atrás. Perdiéndose en sus pensamientos casi congelada por el frío que azotaba su cara y brazos que no estaban bien abrigados y por supuesto la mejilla enrojecida por el golpe. Llegó a un parque cerca de su casa perdida en sus pensamientos, lloró tapando su cara por los sentimientos encontrados, la tristeza y la rabia golpeaban su ser. A lo mejor se estaba comportando como una niña aun así se sentía confundida, amaba a sus padres pero debía ser justa y era obvio que quien merecía su condescendencia era su padre por el engaño de Laura, engaño que ni siquiera se había molestado en descubrir pero que pronto lo haría. Estaba deseando acabar el semestre y empezar finalmente el último para poder irse de su casa, encontrar un buen trabajo. —Liv —susurró su nombre—. El viento helado de la noche removió su cabello suelto desprendiendo de este el dulce aroma de la vainilla que él aspiró con disimulo. Su ronca voz ocasionó esta vez que su corazón se agitase al sentirlo tan cerca de ella, Levina se giró hasta encontrarse a unos centímetros de distancia de su broceado y bello rostro. Sonriendo, él se irguió por completo alardeando de su magnífica estatura y de su cuerpo gallardo, la rubia cobriza tuvo que apartar la vista con bochorno coloreando por este sus mejillas. Aunque no lo admitiera aquel chico era bellísimo. — ¡Dios mío! ¡Estás en todos lados! —gritó tratando de disimular la vergüenza que sentía—. Nunca le había gustado que la vieran llorar, la hacía sentir débil. — ¿Qué tienes Álainn? —Preguntó—. Aquel tono la hizo estremecer, como si de verdad él estuviese preocupado, ni siquiera sabía porque eso la había alegrado un poco. Alek tomó el rostro de Levina en sus grandes manos ocasionando que la rubia lo mirase a sus ojos azules, él era intimidante pero también era perfectamente hermoso como si hubiese sido besado por los dioses al nacer, ella nunca había conocido a alguien como él que la hiciera contrariar sus sentimientos. Por un momento quería alejarse de él y no caer en aquel mundo oscuro que lo rodeaba por otra parte después se sentía irremediablemente satisfecha al saber que él la quería cerca pero no podía dejarse llevar por esos pensamientos de niña romántica. —Déjame en paz, estaba bien antes de que llegaras —murmuró cabizbaja—. No quería mirarlo, quería estar sola como siempre cuando lloraba. Ese era su escudo, la frialdad. —Decir que eres feliz no es lo mismo que serlo Liv, hace frío, ve a casa —dijo él con su aspecto rudo y sus manos entre los bolsillos—. Esta vez no resultaba intimidante, todo lo contrario, parecía ser un caballero preocupado. Hablar con él simplemente era extraño, un chico nunca la había intimidado tanto no obstante ahora se comportaba tan amable lo que la hizo fruncir el ceño en confusión, algo tramaba. Ni siquiera sabía si él se estaba burlando de ella ya que no lo conocía de nada. Lo miró con fijeza veía su alrededor parecía absorto e inmerso en las tinieblas, Liv frunció el ceño. ¿Qué buscaba en la oscuridad de la noche? —No, ese es el lugar donde menos quiero ir —habló ignorando la mirada de él—, no pertenezco allí ahora mismo. Quiso llorar pero se contuvo, no iba a ser sensible frente a él pero Alek sin embargo le abrazó ocasionando que su garganta dejara escapar un jadeo de sorpresa ¿En serio estaba en los brazos de un hombre del que no conocía nada y la mayoría de las veces le resultaba aterrador? No le importó de quien se tratase mientras que él le daba el calor que ella quería en esos momentos. Se permitió cerrar los ojos y aspirar el aroma que él llevaba, no pudo descifrar el olor pero era absolutamente sublime. — ¿Dónde quieres ir entonces Álainn? —Preguntó mediante un susurro—. —Solo...quiero irme lejos por un momento, pero no hay ningún lugar donde pueda ir. Se separó de sus brazos con intención de volver a casa rogando por no encontrarse ni a su madre ni a su padre, era lo menos que quería, quería llorar en su soledad. Estaba fastidiada de los problemas y seriamente estaba considerando mudarse de casa. —Acepta mi propuesta. Levina frunció el ceño confundida. — ¿De qué propuesta hablas? ¿Qué es lo que realmente quieres de mí? Él la miró por unos momentos y luego soltó un audible suspiro de cansancio. —Divertirme y divertirte, piénsalo Álainn, nadie te hará sonreír como yo lo haré —dijo burlón—. Casi quiso sonreír ante sus palabras pero en su lugar negó con la cabeza. ¿Cómo podía parecer muchas veces psicótico y después ser tan lindo? Algo escondía y no lo quería mencionar pero no le haría daño, si buscara eso ya lo hubiese hecho las veces anteriores. — ¿A qué precio, Alek? Sé que estas ocultándome cosas. Si algo le había enseñado su madre desde muy pequeña era que no debía confiar en absolutamente nadie, dar para recibir de esa filosofía estaba hecho el mundo. —Si dudas de mi entonces me voy. Entonces dijo las palabras que nunca pensó decir con honestidad a un chico ni a nadie, ella era demasiado orgullosa para eso. —Por favor, quédate. Tomó su brazo con fuerza ejerciendo presión, él se giró para verla, fue allí cuando sus miradas chocaron entonces él en silencio hizo lo que le pidió. Se quedó junto a ella. * — ¡Me puedes decir que te sucede Lee Hyo Hee! Tú no eres así. —Ese no es tu problema —le gruñó—. Levina y Cerek se miraron frunciendo el ceño por la actitud tan extraña que estaba teniendo su mejor amiga en aquella mañana. —Hyo... —Déjame en paz. —Hyo ¿Qué te pasa? — ¡Nada! Entonces Hyo Hee se fue dejando a Levina y a Cerek preocupados. Cerek frunció el ceño viéndola alejarse, él la conocía demasiado y sabía que algo le estaba molestando de otra manera no habría reaccionado así. — ¿Qué le pasa? —Preguntó a la rubia—. —No sé Cerek, nunca se comporta de esa forma, me preocupa.Levina caminó hasta el salón de clases y se sentó al lado de su mejor amiga quien ni siquiera volteó a verla, la rubia inquieta por su amiga quiso hablarle pero los ojos rasgados de Hyo Hee permanecían en su cuaderno de clases, aún así Levina lo intentó. —Hyo... ¿Qué tienes? —Preguntó una vez más—.La coreana sólo guardó un sobre que tenía en las manos en su bolso, entonces la miró. Se notaba nerviosa y antes de hablarle miró hacía todos lados como si la espiaran. —Levina...vámonos pronto, ya quiero viajar, por favor. Otra vez frunció el ceño, habían planeado su viaje a Seúl cuanto el semestre terminara en las vacaciones de navidad ahora no entendía el apuro de su mejor amiga en irse. —Pero...Hyo Hee, planeamos el viaje para cuando se acabe el semestre, ¿Recuerdas? —Si, pero quiero irme ¡Ya! —Espera a que terminemos el semestre, total ya falta muy poco. — ¡¿Lo ves?! Tu... ¡Ay! La asiática se levantó y salió furiosa de la clase dejando a más de uno con la boca abierta incluyendo a Levina. — ¡Señorita Lee! ¡¿Dónde va?! Levina suspiró y mordió su lápiz preocupada, no entendía lo que le pasaba, ella nunca se había comportado de esa manera o al menos no con ella.
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