Cuando el reloj marcó las seis de la tarde, Chloe apagó su computadora, recogió sus cosas y dio un último vistazo a los papeles que había dejado ordenados sobre su escritorio, el día había sido agotador, pero, de alguna manera, mantenerse ocupada le había permitido no pensar tanto en lo que había ocurrido con Lucas y su prometida, o al menos eso quería creer. Con un suspiro, se recostó sobre la silla y pensó en cómo demonios había conseguido que un estudio de fotografía logrará agrandar la foto que Amelia le dio, dos metros por dos metros y medio, con un borde de madera intrincado que lo hacía verse elegante, era un mal chiste del destino para ella el tener que haber hecho eso, apagó las luces de su oficina y salió, Oliver estaba aún en su puesto, revisando unas reservas en la computadora,

