Ángel.
ㅡ¿Tienes hambre? ㅡme acerco al lado de Leigh con una rosquilla en las manos y una sonrisa en el rostro, más feliz que nunca.
ㅡ¿Me darás en la boca? ㅡpregunta haciendo que sus mejillas se tornen rosas.
ㅡLeigh, no me provoques ㅡamenazo con la esperanza de que continúe, mi corazón late desenfrenado mientras que mis manos pican por las ganas de tenerla en mis brazos para siempre.
ㅡMoon, ya me quiero ir ㅡdice haciendo pucheros.
Sus carnosos labios, su rostro haciendo mojines me provocan miles de cosas. No puedo evitar acercarme y besarla, la sensación más extraordinaria que he sentido en toda mi vida. Sus perfectos movimientos, la sincronía que tenemos es algo de otro mundo, algo que nunca experimentaré con nadie más.
Está mujer fue hecha para mí.
Su mano sube por mi pecho acariciándome con sutileza sin embargo siento su tacto en cada centímetro de mi piel, mueve sus dedos en delicados círculos sobre mí pero la verdadera tortura comienza cuando baja con cuidado, con lentitud.
Su toque es mínimo pero las sensaciones que recorren mi cuerpo causan que mi corazón lata frenético y la temperatura no tarda en subir, siento mis mejillas sonrojar en cuanto sus delgados dedos tocan más allá de lo que es correcto. El recuerdo del lugar donde estamos me hace recuperar la cordura por un instante, suficiente tiempo para retroceder a una distancia prudente.
Mi cabeza se da vida imaginando escenarios donde solo estamos ella y yo, fantasías que muero por hacer realidad.
Leigh se convirtió en mi mejor amiga hace años pero ahora mismo no la veo como una amiga sino más bien como una mujer que deseo hacer mía, una que deseo reclamar por completo.
Las imágenes en mi cabeza desaparecen en el momento en que la puerta se abre, no puedo creerlo. Estoy en un hospital, estoy duro en un hospital.
─Buenas tardes jóvenes ─carraspeo incómodo mientras el doctor mantiene su vista enfocada en una tableta sobre su mano─, tengo que tomar unas muestras de sangre.
─Adelante ─digo con la voz ronca.
Al escuchar mi tono de voz particular el doctor levanta la vista mirándonos con sospecha.
─La paciente esta roja, ¿tiene fiebre? ─pregunta con auténtica preocupación.
Se acerca a Leigh con la intención de tomar su temperatura así que me interpongo entre ellos de inmediato a sabiendas del porqué del sonrojo.
─Ella está bien ─suelto con tensión.
El doctor Richarson es nuestro médico desde hace años pero también es muy perceptivo así que cuando nota mi renuencia a dejarlo acercarse a Leigh me mira con esa clásica expresión de sospecha no obstante parece deducir algo diferente por que antes de poder hacer algo baja la mirada a mis pantalones, justo en donde está mi m*****o duro.
Mierda.
─La paciente no debería hacer ningún tipo de esfuerzo así que...
─Sé cuidarme ─habla Leigh sorprendiéndonos a ambos.
El tono gélido de su voz me recuerda a la Leigh de hace solo unas horas, tendré que decirle en algún momento que es lo que pasa y que ella está muy molesta conmigo. No tengo idea de como sentirme ya que por un lado me gusta más por ese lado que siempre quiere luchar pero por otro es un motivante para decirle la verdad y eso me asusta de un modo que nunca me había pasado.
─Llamamos a su otro contacto señorita, supongo que podría dejarla pasar ─dice como si nada─. Ha estado preguntando por dos horas acerca de usted.
Mierda.
─¿Que carajos le pasa? ¡¿Le hace falta más dinero al puto hospital para no hacer estupideces como llamar a mi hermana embarazada?! ─la ira se apodera de mí en un santiamén, camino de un lado a otro preocupado ante la estúpides mas grande que han cometido.
─Cariño, calma... ─siento la mano de Leigh sobre mi brazo pero no la miro sino que me suelto con el enojo dentro.
─Déjenos a solas ─ordeno a punto de quebrarme.
El doctor me mira con desconfianza y en cuanto se acerca a Leigh mis defensas se levantan poniéndome entre ambos de nuevo.
─No es buena idea que esté aquí con la señorita.
─O se va de aquí o hago que lo corran y nunca encontrará trabajo de nuevo.
─Señor, su rango no me impresiona y ya debería saberlo...
Juro que le daría un puñetazo de hecho, lo iba a hacer pero el agarre de Leigh sobre mí se intensifica así que decido respirar profundo y dar dos pasos atrás.
─Déjenos a solas ─pide Leigh con calma.
─¿Segura? ─pregunta el vejestorio hablando.
─Ni siquiera podrías protegerte tu solo, ¿para que te quedarías tú?
El doctor me ignora al tiempo que Leigh le hace una seña para que salga a lo que éste responde con una mala cara pero termina por salir de la habitación dejándonos a solas. Continúo caminando por la habitación y entonces la claustrofobia comienza a hacer efecto por que en menos de dos minutos ya estoy hiperventilando.
Respiro hondo pero la mirada reprobatoria de Leigh no hace más que molestarme así que con el enojo concentrado me giro y grito:
─¡¿QUE?!
Ella se sobresalta asustada haciendo que me arrepienta por mi arrebato pero antes de poder pedir una disculpa miro sus ojos vidriosos, mierda.
ㅡ¿Como estamos desde hace tres años?
Las palabras no salen.
Literalmente no puedo hablar.
En otro intento cobarde de evadir la pregunta le doy la espalda y sigo caminando en círculos por la habitación pero nada funciona, nada logra calmarme sino que por el contrario, estoy mas molesto que antes.
Intento pensar cómo resolverlo, un segundo estábamos bien y al siguiente me mira como si fuera la peor persona del mundo y lo peor es que quizá si lo soy por la cantidad de cosas que le oculté pero como no hacerlo si ya sabía que en cuanto recordara ella me dejaría a un lado, la mejor opción era disfrutar el momento no obstante no duró mucho.
ㅡ¿Tan mal estamos? ㅡpregunta con los ojos entrecerrados.
Quizás lo mejor hubiera sido mandar a alguien aquí y evitarme todo este drama, ahora estoy más enfadado que antes y la decepción en los ojos de Leigh no ayuda a mi ánimo.
─¡No! Es decir... si... ─tartamudeo nervioso pero nadie entra ni toca, estoy solo y tengo que enfrentarla─... si no me hubieras rechazado hace tres años...
Tu y yo estaríamos juntos y nada de ésta mierda habría pasado por qué te hubiera cuidado como si mi vida dependiera de ello.
ㅡ¿Es mi culpa? ㅡsu pregunta me deja atontado por un segundo, siempre dije que sí con total seguridad pero al oírla preguntarlo la duda se siembra por unos segundos en mi corazón y mente─. ¡Que pasa! ¡¿Que nos pasó?!
Repite las mismas preguntas cada vez con mas lágrimas en los ojos hasta que mi corazón ya se encuentra sufriendo tanto como el de ella, me acerco queriendo reconfortarla o quizás a mí pero antes de poder llegar a su lado la puerta se abre, dos veces en un día.
Maldito karma.
─Aléjate de ella ─ordena Karla desde la puerta─. Suficiente daño le has hecho ya, ¿no crees?
Vaya que sí y me siento mal por ello pero no es momento.
─Karli, sal de aquí.
─¡Nada de Karli! ─grita mi hermana furiosa─. Sal de aquí.
Pienso en mandarla a la mierda pero su embarazo me impide algunas formas de hacerlo así que vuelvo a hablar, esta vez es Leigh quien me calla.
─Déjanos solas, Ángel.
Ahora si es definitivo, la acabo de perder.
La mirada en sus ojos, jamás me había visto así. Tantos años culpándola por dejarme y yo le rompo el corazón en cuanto la veo de nuevo, si le hubiera dicho la verdad pude tener una oportunidad real pero ahora me ha alejado.
Su rostro destrozado me demuestra que esas tres palabras significan el final de todo, significan el regreso del CEO de las empresas Grand, de vuelta a ser un magnate de negocios sin sentimientos ni escrúpulos pero aún así el dolor en mi corazón no se detuvo.
Con el corazón sangrando salgo en completo silencio, cada paso pesa mas que el anterior demostrando que no quiero irme pero también entiendo que Leigh ya no quiere más de mí, me dejó muy claro que quiere que me vaya y ahora que es momento de irme cuesta demasiado.
No quiero dejar a Leigh.
¿Es que ya no me ama?
─Mierda ─mascullo tomando el pomo de la puerta, cierro con fuerza y entonces me voy.
De vuelta a la vida real.