—Al cuartel —me sonrió. —Eso es lo tuyo, yo seguiré con los negocios, estoy respondiendo como papá. Espero no meter la pata, aunque mi tocayo me ayuda. —Enrique vigila todo. —afirmó. Al llegar a la sala vi a mis amigos. Y como si me entendieran. Los mayores se levantaron, mientras que Sergio, Jacobo, Gregorio y Cristofer se quedarán cuidando a sus madres y a hermanos. Por otro lado, comenzaron a seguirme Milena, Isaac, Augusto, Sebastián y Demetrio me siguieron. Menos mal Dayana se quedó, suele ser un poco pegajosa. Seguimos a mi tío hasta llegar al despacho, luego al ascensor. Fue increíble el ascensor lineal, al llegar al lugar donde mi padre y mis tíos se pierden horas organizando los operativos para los que trabajan con el gobierno de Estados Unidos. Hace meses descubrimos lo

