¿Y QUÉ PASA CON LAS MASCOTAS Y LAS PLANTAS? ADRIÁN Mis pasos apresurados se detienen de golpe al ver a Rubén en la alfombra de su sala con las mangas remangadas y un coletero colgando de sus dientes. Quill está acurrucada entre sus piernas extendidas, y el dúo padre-hija está completamente absorbido en un tutorial de trenzas en la laptop de Rubén. Ni siquiera levantan la vista cuando llego hasta que llamo a Quill. Las manos de Rubén se detienen mientras agarra los alocados cabellos dorados de Quill, y por un segundo olvido mis preocupaciones y tomo una foto de la escena. —Muy maduro—. Rubén deja caer el coletero azul bebé al suelo y luego sonríe. —¿Qué te tomó tanto tiempo? Mi irritación se ve interrumpida cuando su hija se arrastra del regazo de su padre al mío. —Hola, tío Adrián.

