TODO PARA PEQUEÑO PUNTO ZOE Abro la puerta y encuentro a Stuart de pie frente a mí con una bolsa en la mano. —Stuart, por favor dile a la señora M que no se preocupe tanto. Odio causarle tantas molestias, especialmente cuando su arduo trabajo termina literalmente en el inodoro. Pero, a diferencia de mi expresión irritada, la sonrisa de Stuart no podría ser más brillante. —Hoy tenemos algo especial, Zoe —dice, entregándome la bolsa y entrando en la casa—. Además, tengo instrucciones claras de no irme hasta que lo hayas probado y, con suerte, terminado todo. —La señora M le está dando un nuevo significado a la palabra cuidado. —Entre otras personas —responde Stuart, sonriendo antes de acomodarse en la silla del comedor frente a mí. Mi mano tiembla de nervios mientras abro la bolsa. A

