—Así que...
Dije pero me vi interrumpida por un golpe que dio Dominik al volante molesto, por lo que rápidamente hice silencio.
Luego de un par de minutos él volvió su mirada hasta donde me encontraba y dejó finalmente escapar un suspiro.
—Lo lamento.
Confusa me encogí en hombros restándole importancia.
—Yo no debí hablar cuando tú estabas tan...
—No por eso —dijo él después de chasquear la lengua—, aunque también debería disculparme por ello, pero lo que me pone realmente furioso es que te puse en peligro invitándote a correr, no volverá a pasar.
Aquello me hizo sonreír inevitablemente.
¿Él estaba molesto porque se preocupó por mi seguridad?
Eso parecía.
Como si no pudiera dominar mi mano, esta se posó en el brazo de Nik el cual se tensó enseguida por mi toque.
Cada vez que lo tocaba hacía lo mismo era como si nunca antes hubiera sido tocado o como si le incomodara.
Sus ojos volvieron a donde mi mano seguía pues esta vez yo no me aparté pero sí me sonrojé.
—No tienes porque disculparte, Jakob es el idiota. Realmente me gustó correr contigo, Nik.
Tras decirle esto, su rostro serio ladeó una sonrisa que hizo que algo dentro de mí se encendiera.
¿Cómo puede ser tan bello?
—De cualquier manera no volverás a correr, no es seguro.
Yo arqueé una ceja en su dirección de inmediato por el tono sobreprotector que había usado.
— ¿Quién lo dice?
—Lo digo yo y ya bájate de mi auto cara de ángel, debo irme.
Abrí la boca para balbucear pues después de todo no me había dado cuenta de que ya habíamos llegado.
—Corrijo, ambos, Jakob y tu son idiotas.
Como una niña pequeña le mostré mi lengua para después voltearme a abrir la puerta del auto, sin embargo, cuando iba a salir él me detuvo.
—Ven mañana a una fiesta conmigo.
Enseguida me giré a verlo incrédula.
¿Realmente él me estaba invitando a una fiesta o yo estaba imaginándolo?
—Tu... no tienes pinta de que te guste ir a fiestas.
Después de soltar una pequeña carcajada Nik por fin habló.
—Y no me gustan, pero debo asistir a esta.
— ¿Así que estás buscando un poco de apoyo moral, eh chico? Pues déjame decirte que yo... iré.
Por un momento creí ver la duda en el rostro de él hasta que le dije que sí iría y entonces volvió a sonreír cosa que causó que hiciera algo estúpido.
Sin pensarlo, me incliné y besé su mejilla acto seguido su sonrisa desapareció. Dándome cuenta de la estupidez que había cometido me limité a murmurar:
—Ven por mí, estaré esperándote.
Así fue como con todo el valor que me quedaba abrí la puerta y huí del momento vergonzoso que yo misma había creado.
¿En qué estabas pensando Alaia?
¡Eres estúpida!
¡Dios, definitivamente soy estúpida!
Entré en mi casa lo más rápido que pudo y cerré la puerta pegando mi espalda a la misma, mi corazón latía desbocado y mi respiración estaba irregular como si hubiera corrido un maratón.
¿Ya se habrá ido?
Cuando alcé la mirada me puse más pálida aún pues justo frente a mí estaba mi madre, con sus ojos de sospecha puestos sobre mí y sus brazos cruzados sobre su pecho.
—Tienes mucho que explicar niñita, ¿Quién es ese chico y por qué te ha traído a casa?
¿He dicho ya que mi madre es una metomentodo?
—Es un amigo mamá.
—Ya, es por eso por lo que ibas a dejar escapar tu corazón del pecho hace unos segundos ¿No? —preguntó arqueando una ceja sin dejar a un lado su pose intimidante—. Es el chico del baño del restaurante, y te gusta.
— ¡Mamá!
—No finjas conmigo, te conozco, solo te digo una cosa, no te embaraces.
Le envié una mirada perpleja pero ella se limitó a encogerse en hombros y después de eso se marchó dejándome sola, no sin antes observarme con advertencia como si con ello quisiera decirme que hablaba muy enserio.
—Embarazarme... como si yo tuviera algo con Dominik, y aunque lo tuviera, definitivamente mi madre está loca.
Mi dije reprimiendo un escalofríos y finalmente me asomé por el hueco de la puerta comprobando que Nik se había ido ya.
*
— ¡Maldición, tienes el sueño más pesado del mundo mujer! —gritó Joseline en mi oído logrando despertarme.
Seguidamente yo gruñí ante ello, no soy demasiado amable en las mañanas y eso sumado a que odio que me despierten los fines de semana lograba que me pusiera de un humor de perros.
— ¿Qué haces aquí?
—Vengo a invitarte a que vamos al parque de diversiones, y por invitarte me refiero a que te levantes ya o se nos hará tarde.
Inevitablemente la fulminé con la mirada para después acomodarme en mi cama dándole la espalda.
—Vete a casa, no me despiertes a esta hora de la madrugada vampiro infernal.
— ¡¿Vampiro?! ¡¿Madrugada?! ¡Son la doce, loca, levántate ya!
—No molestes —gruñí.
Pero ella no se rindió.
Así que en menos de dos horas ya estábamos en el parque de diversiones.
— ¿Dónde están los chicos? —pregunté al no verlos.
—Me imagino que no tardan en llegar, quedamos en vernos aquí frente a donde venden algodones de azúcar.
No lo di importancia a ese tono tan raro que usó sin embargo más tarde entendí el porqué.
— ¿Es en serio Joseline? —pregunté malhumorada viendo acercarse al idiota de Jakob junto con el resto de mis amigas y sus novios.
La morena se encogió en hombros escondiendo una sonrisita burlona que me hizo mirarla molesta.
—Ustedes son bipolares, primero, que no me acerque a él porque junto con su hermano son mafiosos y no sé cuantas tonterías más y ahora hacen que lo vea hasta en la sopa.
—Yo no fui la que te dijo eso pero míralo bien, ¿Realmente parece un mafioso?
Desvié mi mirada de mi prima hasta Jakob y pude apreciar su sonrisa brillante, el chico siempre iba bien vestido, era de fracciones elegantes aunque ese toque de chico malo era algo que él no podía eliminar de su sistema, si no fuera por ello simplemente creería que él era un arrogante niño mimado.
—Caras vemos... —fue lo último que pude decir antes de que ellos llegaran.
—Hola dulce, ¿Me echabas de menos? —preguntó él con chulería llagando a mi lado.
Simplemente entorné mis ojos fastidiada por tener que soportarlo.
—Absolutamente no.
Todos se carcajearon sin embargo yo mantuve mi seriedad.
¿Habría en este mundo alguien más irritante que Jakob Mörder?
Yo realmente lo dudo.
—Comienzo a pensar que tratas de evadirme —soltó Jakob con diversión.
Me esforcé por no entornar los ojos nuevamente pero me costó una barbaridad no hacerlo.
Durante toda la tarde yo había tratado de alejarme de él a toda costa, pero aquello no lo causaba lo ''mal'' que me caía Mörder, por el contrario. Comenzaba a asustarme lo atraída que me sentía por él.
Verdaderamente estaba aterrorizada además de avergonzada por la magnitud de mis sentimientos y pensamientos.
¿Desde cuándo yo era una... fulana a la cual le gustaban dos chicos a la vez?
Porque era una real idiotez negar todo lo que me estaba pasando con Jakob y Dominik, no era normal y lo censuraba, por ello evadía como la peste a Jakob.
Simplemente no podía alejarse de Nik porque estaba unida a él gracias a Él inframundo, pero... por otro lado él parecía no quererme cerca más de lo necesario.
¿Entonces, por qué te invitó a esa fiesta?
Una pequeña vocecita en mi interior hizo la pregunta causando que todas mis alarmas se encendieran nuevamente.
— ¿Cómo puedes pensar eso? —solté con sarcasmo tras dejar mis delirios a un lado, de no ser así terminaría por volverme loca.
Entonces, cuando pensé que me dejaría en paz e iba a dejar que me subiera junto con Alejandra en la montaña rusa él fue más rápido, tomó mi brazo en su mano y de un movimiento raudo hizo que me sentara justo a su lado.
—Te sentarás conmigo.
—Ya que insistes —gruñí molesta por no tener un escape pues la atracción ya estaba a punto de empezar y muy en el fondo de mi sabía que no se trataba solo de la montaña rusa sino también de la magia que estaba sucediendo entre ambos.
Si había algo en lo que eran distintos Dominik y Jakob era en la personalidad, ¿Sería su físico lo que hacía que me sintiera como una boba a su lado?
No entendía que iba mal en mi, tampoco quería averiguarlo, solo... quería alejarme de Jakob y... de su cercanía intimidante.
— ¡¿Se puede saber, qué estás haciendo?!
Él sonrió con autosuficiencia encendiendo mis nervios a la vez que me rodeaba entre sus brazos.
—Te protejo —respondió con simpleza.
— ¡Este juego está más que protegido! —grité señalando a duras penas nuestras protecciones pues él estaba casi encima de mí.
—Quiero asegurarme que nada malo te pase.
Lo fulminé con la mirada para después respirar profundo en busca de calma pero ese fue un error de mi parte pues en ese momento aspiré el aroma masculino que irradiaba Jakob mezclado con su colonia varonil haciendo inevitable que soltara un suspiro audible que lo hizo sonreír además de engrandecerlo, fue así como se acercó a mi oído para susurrar con picardía.
—A mí también me gusta tu olor, dulce.
Aquello causó que mi ser se estremeciera en todos los sentidos.
*
— ¿A qué hora nos iremos? —pregunté a Fernanda fastidiada viendo la hora.
Necesitaba arreglarme pues Nik me había enviado un mensaje donde me decía que debía estar lista a las ocho pues sería un largo viaje a Royamneuf.
—Falta entrar en el túnel del misterio —respondió y yo me encogí ligeramente.
Siempre he odiado ese lugar pues yo soy una miedosa, sé que nada de lo que vea es real sin embargo no puedo evitar temer.
—Yo paso, los espero aquí.
De pronto se escuchó la carcajada de Jakob que se detuvo cuando lo fulminé con la mirada.
Él caminó hasta mí y enroscó mi mano a su brazo para que no tuviera escapatoria alguna.
—Voy a cuidarte.
— ¡¿Quieres dejar de decir eso?! ¡No voy a entrar! —chillé histérica pero resultó en vano pues de alguna forma se las había arreglado para hacerme caminar sin que lo notara.
A medida que emprendíamos el camino y escuchaba el millón de cosas horribles que pasaban a mí alrededor mis ojos no se abrieron y mis manos se aferraron con fuerza a Jakob quien no paraba de reír con mis reacciones.
Idiota.
Quería que todo esto para irme de una vez por todas a casa.
Cuando Jakob se detuvo y todo pareció terminar a nuestro alrededor él se soltó de mi agarre solo para posarse justo frente a mí, cosa que vi ya que me obligué a abrir los ojos, fue ahí donde dejándome sin respiración Jakob Mörder me besó.
En ese instante supe que no tenía idea de cómo alejarme de él.
Ese beso había trastocado mis sentidos poniendo enseguida a flor de piel todos mis instintos.
Sus brazos fuertes me envolvieron y yo me sentí como mantequilla entre sus dedos.
El roce de sus labios con los míos fue sumamente erótico y cuando su lengua buscó la mía las mariposas estallaron en mi vientre ocasionando que me tensara de inmediato.
¿Qué estaba haciendo?
¿Por qué le estaba permitiendo aquello?
Acto seguido me aparté de él con violencia, estaba molesta pero aún más lo estaba conmigo misma.
Me había dejado llevar y sabía que eso sería un error que me pesaría.
—Lo entiendo —soltó de pronto Jakob sacándome de mis pensamientos ocasionando que diera un saltito de sorpresa—. Vamos despacio para que lleguemos lejos.
Aquellas palabras me paralizaron con presteza.
— ¡No! Es decir —murmuré nerviosa tanto por sus ojos grises puestos en mí como por su cercanía—, tú y yo no... Solo podemos ser amigos.
Mentalmente golpeé mi frente ante mi estupidez.
¿Amigos?
Como si pudiera estar cerca de él y no pensar en ese beso azucarado.
—Amigos —sopesó él luego de un silencio ensordecedor para ambos—. No puedo, mejor dicho, no es posible, no es sano que un amigo piense así como yo pienso en ti.
— ¿A qué te refieres? —pregunté casi con pavor a lo que él me respondió enseguida sonriendo con su característica picardía.
—A que pienso las veinticuatro horas al día en cómo hacerte mía dulce Alaia, no dejo de hacerlo desde que te conocí.
Mi ser entero vibró ante sus palabras, sin embargo mi parte racional activó su duda. ¿Era real que un chico como él pudiera decirme esas cosas?
A decir verdad me resultaba un poco sospechoso pero no sé si fue su voz o el brillo de sus ojos lo que me hizo disipar la duda...
Aunque no por completo.
*
— ¡No! —gruñó con los dientes apretados.
Sus tácticas comenzaban a sacarme de quicio y al parecer a mis lindas amigas, nótese el sarcasmo, todo esto les parecía divertidísimo.
—No voy a irme con él, vine contigo y contigo me voy, ¡Y ya dejen de insistir con eso no necesito a nadie para estar bien!
Joseline se limitó a encogerse en hombros sin embargo la que terminó de responder fue Mary.
—Mentira, tú misma sueñas con ese gran amor que te haga temblar las rodillas ¡Pero mueres de terror con solo pensar en enamorarte! Deja de huir y enfréntalo Alaia, o estarás sola para siempre. Eso no es lo que quieres y lo sabes, la soledad no es buena compañera.
Puede que tuviera razón, y aunque físicamente me sintiera atraída por Jakob había algo que no me dejabas estar segura respecto a él. Era como si algo dentro de mí quisiera advertirme aunque ni yo misma comprendiera cuál era dicha advertencia.
A regañadientes caminé hasta el precioso auto que poseía Jake como anteriormente me había pedido que lo llamase.
Él estaba justo al lado de la puerta de copiloto esperándome con esa sonrisa burlona que lo caracterizaba y que hacía a más de una perder los nervios, incluyéndome.
—No te rías mucho —solté llegando a su lado—, Llévame a casa.
— ¿Estás usándome? —me preguntó divertido.
Lo empujé levemente para entrar al fin al auto.
—Si —respondí sin cortarme antes de cerrar la puerta.
A duras penas pude oír la carcajada que Jakob soltó para después darle la vuelta al auto y sentarse a mi lado aunque esta vez se limitó a conducir.
Durante el trayecto a casa ninguno de los dos dijo nada más que las direcciones a mi casa pero era imposible no saber que él me miraba de vez en cuando como si necesitara decirme algo.
—Es aquí.
Acto seguido él se detuvo y cuando abrí la puerta para salir él me detuvo del brazo y en cuanto giré para decirle que me soltara él volvió a hacerlo.
Me besó una vez más y esta, como la vez anterior nubló mis sentidos aunque no me hizo sentir bien del todo, lo que causó que me soltara de él como si sus labios quemaran.
— ¡Te dije que solo podemos ser amigos! ¡¿Por qué me besaste?!
Para mi sorpresa Jakob no me miraba a mí sino a otro lugar al que enseguida volteé.
Y lo que vi o mejor dicho a quien vi hizo que por unos segundos me quedara muda.
Inhalé buscando aire cuando esa mirada fiera se desvió de Jakob a mí y además no se ablandó ni un segundo.
Dolió.
Por alguna razón lo hizo.
Rápidamente miré con reproche a Jakob al notar que sonreía ladino como si hubiera ganado algo, cosa que encendió mi molestia a un grado superior.
—Definitivamente eres un imbécil.
Abrí la puerta para caminar en dirección a Nik no obstante este ya estaba dándome la espalda.
— ¡Nik! ¡Espera!
Pero él no lo hizo.
Entonces yo corrí tratando de alcanzarlo aunque no sirvió de nada pues él ya había subido a su auto.
—La fiesta te canceló, lamento interrumpir.
Y sin dejar que yo pudiera hablarle se marchó.
¿Por qué me sentía tan mal de que Dominik se fuera de ese modo?
Nosotros no somos nada pero... no puedo dejar de sentirme como si de alguna forma lo hubiera engañado.
Me maldije enseguida porque no sabía lo que estaba sucediéndome respecto a estos dos chicos.
Por un lado estaba Jakob quien a base de sonrisas seductoras hacía que inevitablemente me sintiera atraída a él pero también estaba Dominik, su porte de chico malo no descansaba nunca pues esa era su esencia, su indiferencia era adictiva, sumándole a todo esto que ya sabía que había mucho más en su ser.
¿Sería verdad que la fiesta se había cancelado?
¿Por qué habría él venido a buscarme tan temprano?
Finalmente me di cuenta de la presencia de Jakob quien se había bajado del auto y ahora caminaba en mi dirección a la vez que yo me limitaba a fulminarlo con la mirada para después ignorarlo y dirigirme a la puerta de mi casa.
—Dulce...
—Lo hiciste a propósito, no entiendo por qué hiciste esto, ni cuál es la competencia entre ustedes, pero una cosa sí te digo Jakob, yo no soy un juego. Mantente alejado de mí.
Él no dijo nada más y yo entré a mi casa con una sola cosa en la cabeza.
Antes Nik me había dicho dónde sería la fiesta, entonces yo iría a ver si realmente se había cancelado, de no ser así, le pediría disculpas... aunque no supiera o no quisiera entender bien el porqué.