A la mañana siguiente, Eysi se despertó con los ojos hinchados y el cuerpo más cansado que cuando se acostó. Había dormido mal, interrumpida por imágenes que no sabía si eran recuerdos o advertencias. Caminó hasta la habitación de Ezra, que la esperaba como cada día, con mejor semblante y con una ternura que solo los niños guardan para quienes los entienden en silencio. —¿Dormiste bien? —le preguntó mientras le acomodaba el cabello. Ezra asintió. Sonrió con esa luz tímida que aún le nacía solo para ella. —Anoche soñé contigo. Pero no eras tú… eras otra. Eysi se congeló por un instante. —¿Cómo era esa otra? —Parecida. Pero con otro nombre. No me hablaba… solo me abrazaba. Sus palabras le desgarraron algo que llevaba tiempo apretado. Ella también había soñado con alguien que no hablab

