La tarde caía con una quietud antinatural. En la penumbra del ala oeste, Luca rebuscaba entre archivos como quien desentierra secretos en una tumba olvidada. El despacho cerrado acumulaba polvo, pero también historia. Desde que Maeba le pidió investigar a Eysi, había seguido una corazonada: Esa petición fue como una confirmación a sus sospechas de que Eysi no era lo que decía. Algo en ella le llamaba la atención, y luego su forma de mirar a Ezra, en su silencio cuidadosamente medido, le había hecho levantar las alertas. Y entonces, ahí estaba. Una carpeta azul gastada, con una etiqueta apenas visible: “Eysi Wescott – La elegida del Contrato Evans”. Sus ojos se abrieron ante la sorpresa, sus labios se curvaron lentamente. —¿Qué coincidencia tan extraña! —exclamó y abrió otras páginas de

