MI ESTÚPIDO HERMANASTRO. Capítulo 28. Sentir sus manos acariciando mi cabello con tanta dulzura, no parecía real. Caminé en silencio y me senté en el borde de la cama, me quedé mirándolo, no era normal lo que él provocaba en mí. Lo que sentía cuando él me tocaba, cuando me besaba y me abrazaba. Se puso unos boxers blancos y siguió secando su cabeza con una toalla, se giró y se quedó mirándome, caminó hasta mí, se inclinó tomando mis manos con una mirada tan profunda e intensa. —No lo vuelvas hacer, promételo. Ese no es el camino para solucionar los problemas, por más que las cosas nos duelen tenemos que enfrentarlas. Tomé su rostro entre mis manos mientras una lágrima se escapaba de mis ojos. —Me dejé cegar por el dolor. Desde que era una niña no he tenido tranquilidad, no he podid

