Hola, Ismael. Sé que la última vez nuestra charla no terminó en buenos términos. Todavía estoy enojada con vos; pero necesito que hagamos una pequeña tregua. Tengo que contarte algo muy importante que me pasó hace un par de días. Recién ahora encuentro el coraje para escribirlo, y a la única persona (o cosa) que se lo puedo contar, es a vos. Lo único que te pido es que no me tortures con planteos absurdos. Ahora mismo no tengo ganas de volverme loca sacando conclusiones o analizando demasiado lo ocurrido. Lo que pasó es muy fuerte para mí y solamente necesito contarlo. Quizás algún día me tome el tiempo para analizarlo con detenimiento. Pero hoy no. ¿Está claro? Bien. Entonces procedo a contarte y haceme el favor de no interrumpir. Para ponerte en contexto te digo que esto ocurrió

