Más allá de que iban a viajar juntas, conocerse mejor y comprar cosas para llevar, y los pasajes, entre otras cosas. Habían pasado toda la semana anterior llevando a Calihue por la ciudad, yendo a bares, viendo películas, básicamente todo el tiempo estaban compartiendo las tres. Dilara y Harlet necesitaban tiempo a solas, ni siquiera había podido hablar con ella sobre el beso que tuvo con Calihue y sabía que notaba algo o por lo menos eso suponía. Quizás era un pequeño miedo o inseguridad porque le gustaba Calihue, o quizás también podría ser ansiedad por aún no haberlo hablado. Había pasado una semana desde que llegó.
Con Calihue no sucedió más que eso, Harlet quedó confusa y un poco frustrada con respecto a ella, no sabía si el beso era algo que pasó porque estaban borrachas o volvería a pasar. Y esa era otra razón por la que estaba ansiosa, cuando pasaban tiempo a solas, principalmente porque se quedaba en su casa, estaba atenta a sí podía ser otro “momento” pero por ahora no había ocurrido, ni siquiera habían hablado del beso, más allá del comentario sugerente de Calihue en el almuerzo con Dilara.
Le envió un mensaje a Dilara, pensando sobre que necesitaba verla a solas.
“Y si volvemos a ver a harry potter???”
Dilara le respondió a los segundos: “Sí, Calihue las habrá visto??? yo creo que siempre las puedo volver a ver”
Rodó los ojos con una sonrisa. “Nosotras solass! hace mucho que no pasamos tiempo a solas :( y en el viaje lo haremos menos”
“Sí, ven a casaaa! quizás fue para irnos acostumbrarnos jajaj”
Apenas vio el mensaje en las notificaciones, fue a cambiarse, estaba con un vestido que era muy de entrecasa. Le podía gustar vestirse y pensar en cómo hacerlo pero cuando quería estar cómoda, no le importaba nada, ni siquiera que su ropa estuviera rota. Se puso un short de jogging para poder seguir cómoda y un crop top del mismo color porque seguía haciendo calor.
Le avisó a Calihue cuando estaba a punto de salir del departamento. Le había dado una copia de su llave ahora, que desde siempre tuvo Samuel en su casa, por cualquier cosa. Fue algo que aprovechó en el desayuno a pedirle, así podía estar más cómoda con alguien quedándose en su casa.
Con respecto a eso, le gustaba vivir sola pero nunca terminó completamente de adaptarse, no volvería a vivir con su familia tampoco. Le encantaba recibir visitas, que se quedaran en su casa o la habitaran, así podía pasar tiempo a solas, tener espacio pero también sentirse acompañada. Que Calihue se quedara en su casa resultó ser una convivencia natural y eso teniendo en cuenta que ni siquiera se conocían mucho antes de que viniera.
No tardó mucho en llegar al departamento de Dilara, era en el barrio de al lado. Y no había nada más lindo que una caminata despreocupada con brisa de verano.
Dilara no tardó en aparecer toda sonriente en el pasillo, Harlet podía verla porque la puerta del edificio era de vidrio. Subieron por el ascensor, que tenía espejos que te deforman más que nada, como si fueran baratos, no faltaba que hicieran un comentario tonto la una a la otra al esperar a subir al segundo piso.
A Harlet le gustaba mucho más su edificio que el propio, no por la puerta de vidrio, ni el espejo gracioso, sino por los pasillos que tenían antes de entrar a los departamentos en cada piso. Tenían macetas grandes con plantas de hojas grandes que solo había visto en i********: antes, siempre le hacía comentarios a Dilara sobre que quería robarlas, sabía que no era la única. Sino tuviera un portero sentado en la planta baja del edificio que la vería saliendo con una planta gigante ya lo hubiera hecho hace tiempo.
Lo que más le gustaba era que eran sus hojas preferidas para dibujar, siempre las cambiaba de forma la hoja. No sabía nada sobre plantas, era malísima para cuidarles y eso era lo que le emocionaba para dibujarlas, sentía que engañaba a las personas que sí sabían de plantas, porque no iban a saber que flor o planta era.
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El departamento de Dilara era amplio y luminoso, quizás es algo sin sentido pero es justo como ella. Pueden llevarse muy bien, tener cosas en común y los mismos gustos, pero en cuestión de espacios son completamente diferentes. Harlet podría vivir en una cueva fácilmente, no le gusta la luz natural en su habitación y se acomoda bien en espacios pequeños, la hacen sentir cómoda y acogedora. Dilara se deprime sin luz natural y necesita espacio, hace yoga, a veces. Pero le gusta tener la posibilidad de moverse.
La puerta del departamento de Dilara tiene una pequeña ventana de vidrio con textura como de adorno, no se puede ver a través solo deja salir luz. De día el pasillo se ilumina levemente por esas ventanitas de los departamentos. Por dentro, tiene una sala grande, más larga que ancha, Dilara tiene un sillón, una mesa ratona y un televisor, después es el espacio que le gusta tener para poder tirar su mate. La cocina también es espaciosa, es un edificio viejo y además de ser más barato que los nuevos, tiene ese beneficio, son más grandes. El problema que tuvo desde que se mudo es que a veces debía reparar cosas que en otros departamentos no.
En la cocina le entraba una mesa, en lugar de ser un pasillo, era una habitación cuadrada, con una ventana grande que daba al balcón. Desde la sala y la habitación se salía al balcón, era relativamente grande, le entraba una pequeña mesa redonda junto a dos sillas de metal y su tender, que solo abría cuando se estaba secando ropa. Dilara le gustaba la estética minimalista y de colores claros para su cara, tenía algunos cuadros o posters colgados pero eran cuatro o cinco por toda la casa. A Harlet le daba tranquilidad visitarla, no le gustaría vivir allí, le gusta su cueva.
Todo el departamento tenía las paredes pintadas de beige en vez de blanco, que le daba calidez.
La habitación de Dilara era simple, un ropero empotrado, dos mesas de luz y una cama de dos plazas. La puerta del balcón siempre la despertaba cuando salía el sol, algo que tanto odiaba Harlet. Se podría decir que era un poco un vampiro.
Por lo general, en el departamento de Dilara estaba su gato, que no tenía nombre, no creía que lo necesitara. Desde que vio la película Coraline, donde hay una escena donde el gato n***o dice que los gatos no necesitan nombre, ella creyó eso mismo. Los nombres son cosa de humanos, adoptó a su gato en la pre adolescencia y la viene acompañando por años. Es blanco con manchas negras y bastante particular de personalidad. Travieso, juguetón, más mordelón que mimoso. Ambas lo extrañaban, ahora estaba en la casa de la familia de Dilara, en su pueblo natal. Al igual que Harlet lo llevó antes del viaje, Dilara con mucho menos tiempo, ya que lo había llevado hace unos días.
Apenas entró por la puerta de entrada, dejó su riñonera con las cosas que llevaba en la mesa ratonera, se quitó las zapatillas y se echó en el sofá, haciendo que se caiga un par de almohadones por el impacto. Dilara rió.
—Voy a hacer palomitas de maíz. —Dijo antes de ir hacía la cocina.
Cuando Harlet quedó sola en la sala recordó que no podía olvidar hablarle del beso con Calihue. Suspiró antes de levantarse del sofá, sabiendo que ese era el momento, su mente no iba a ser la misma que cuando comenzara a ver Harry Potter y más habiendo pasado tanto tiempo sin volver a verla. Juntas ya lo habían hecho dos veces, no terminaron la saga y esa fue la razón principal para volver a intentar verlas en la segunda vez.
—¿Te sientes sola sin tu bebé? —le preguntó refiriéndose al gato. Al entrar a la cocina lo primero que vio fue su cuenco de agua.
—Sí, —suspiró dramáticamente Dilara. —me hace sentir muy sola estar sin él. Y sé que voy a extrañarlo un montón en tres meses.
—Sí, yo pienso lo mismo, voy a pedir muchas fotos, ya lo estoy haciendo. Y también me sentía sola hasta que llegó Calihue.
Dilara se rió. —¿Que es?¿tu nueva mascota?
Harlet soltó una carcajada antes de responder. —No… pero no me hace sentir sola tener una visita.
Hubo un silencio después de que las primeras palomitas de maíz comenzarán a saltar.
—La besé. —Harlet suspiró.
—¿A quién? —frunció el ceño aunque nadie lo vio en realidad porque su rostro daba hacía la pared.
—A Calihue —habló Harlet soltando una pequeña risita.
—Ah, —hubo un pequeño silencio donde la ansiedad del momento de Harlet se incrementó. —No sé por qué supuse que pasó algo así. Me gusta.
—A mi también —confesó Harlet. —¿Es la primera vez que nos gusta la misma persona?
—Al mismo tiempo sí, —Dilara sonrió. —Antes nos gustó Mili, pero nosotras ni siquiera nos conocíamos.
—Es raro, ¿no? —preguntó Harlet pensativa, haciendo una mueca con sus labios.
Dilara frunció el ceño y se dio vuelta para responderle.
—Creo que tendríamos que ver cómo funciona la situación para ver si es raro o no. De si ella solo gusta de vos, si esto se vuelve algo de tres. —Harlet hizo una expresión sugestiva, Dilara rió. —Podría salir muy bien, ser raro, volverse un viaje incómodo…
Les interrumpió la conversación algo que Harlet llamaba “el fantasma del tercero”. Sonidos raros y fuertes que se escuchaban desde el departamento de arriba, que sospechosamente estaba vacío. Dilara decía que debía ser las tuberías viejas, lo que, para el gusto de Harlet, era más aburrido.
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Mientras Dilara terminaba de cocinar el último bowl de pururu (estaban haciendo tres para intentar no quedarse sin por lo que dure la película), Harlet fue a comprar una gaseosa. Estaban con ganas de comer cosas dulces hasta no querer más por un mes, lo hacían cada vez que empezaban una maratón, sabían que ahora no la terminarían así que había más razones para aprovechar
Como siempre que veían películas largas, prepararon todo el living para moverse
A la mitad de la primera película, Harlet tuvo un momento de aburrimiento, colocó su mano en la rodilla de Dilara y comenzó a subirla acariciando su piel lentamente, de reojo, la vio sonreír sin dejar de ver la pantalla. Estaban acostadas de una manera extraña y que podría llegar a parecer incómoda pero en realidad ellas estaban muy cómodas. A la altura del cuerpo de Dilara, un poco arriba de su cadera, Harlet tenía su cabeza inclinada, su torso apoyado sobre sus muslos. De lejos, podrían parecer un mutante de dos cabezas, de lo pegadas que estaban.
Besó lentamente su brazo y su hombro, levantó apenas el top que Dilara tenía puesto para dejar otro al costado de su torso. Su piel era suave y caliente. La sintió temblar apenas contra sus labios.
Hace casi una semana que solo se besaban en los labios apenas, con un piquito. Aparte de abrazos, eran los únicos contactos que mantenían en público. Y era mucho menos de lo que estaban acostumbradas. Pasaban mucho tiempo juntas por semana, además de cursar por supuesto, aunque tenían que rendir, en exámenes diferentes, estudiaban juntas. Siempre sabían cómo descansar de largas horas de concentración juntas.
Harlet volvió a concentrarse en la película, lo que significó para Dilara que no había más besos por un rato, se quejó en voz alta. Harlet rió y volvió a besar su hombro.
Casi para el final de la película, Harlet se había aburrido irreparablemente. Así que comenzó a acariciar a Dilara, pasando la punta de sus dedos, con un poco de presión por el costado de su cuerpo, por encima de su ropa. Recibió un sonido de aprobación por su parte, a la vez que movió la cabeza hacía atrás, dejando paso a la boca de Harlet por su cuello.
Gustosa, aceptó la invitación, primero con una provocación lenta. Olió su piel, respirando fuerte en su cuello y haciéndola suspirar apenas. Después le dejó besos, suaves al principio, húmedos a la vez que su caricia que hacía en el costado de su cuerpo se intensificó, volviéndose un agarre.
Al final de la película, cuando ya estaban en la enfermería a punto de recibir puntos en Gryffindor, Dilara se volteó en el sofá. Resultó un movimiento bruto por lo pequeño que era el sofá pero no lo suficiente para que cayeran pero sí para que tuvieran que acomodarse riendo, lo que cortó el momento por unos segundos.
Comenzaron a besarse, sus bocas abiertas, sus lenguas traviesas. Se hacían caricias una a la otra subiendo sus manos por debajo de la remera, o top en el caso de Dilara. Se desnudaron de a poco, prenda por prenda, hasta quedar en ropa interior
La ropa de ambas estaba sobre el suelo, ubicadas en dos pequeñas montañas. De fondos para ese momento estaban los títulos de la película. El aire estaba caliente, tenían un ventilador que no estaba lo suficientemente cerca para que sintieran la brisa fuerte. Estaban transpiradas y sin tener intenciones de separarse a pesar de eso.
Dilara bajó su mano desde el costado superior del cuerpo de Harlet a sus muslos, abriéndolos y metiendo la mano en medio. Provocando sutilmente, acariciaba su entrepierna, Harlet soltó un quejido agudo, Dilara rió antes acomodarse entre sus piernas.
Le quitó la ropa interior con una caricia suave en los muslos. Con la ayuda de sus manos, ubico sus piernas en sus hombros y su boca frente a su sexo.
Besó la piel sensible y sedosa que rodeaba su sexo, hasta que Harlet volvió a quejarse en voz alta, entonces con una sonrisa burlona que nadie vería, comenzó a lamer los labios exteriores, lentamente. Sus manos bajaban y subían por sus muslos, los dedos apretaban la piel. Metió y sacó su lengua de su v****a varias veces antes de volver a lamer el resto de la vulva. Succionó lo suficiente de su sexo hasta sentir las piernas de Harlet temblar en sus hombros. Soltó gemidos agudos y entrecortados.
—Cincuenta puntos para Gryfindor… —murmuró Harlet, después de varios segundos de silencio, queriendo ser graciosa pero el nombre de la casa terminó saliendo en forma de un gemido. Dilara río.
—¿Crees que sería de Gryffindor? —preguntó Dilara levantando ambas cejas, su tono de voz sonando ofendido.