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RECUPERANDO A MI EX

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Oliver Bailey siempre creyó que el gran amor de su vida desapareció siete años atrás. Cuando Irina Dalton reaparece de forma inesperada, está convencido de que el destino le está ofreciendo la segunda oportunidad que tanto esperó. El problema es que ahora está casado con Gema Laurent, una brillante heredera con la que contrajo matrimonio por un acuerdo entre sus familias y a quien nunca creyó amar.

Decidido a recuperar su pasado, Oliver tomará decisiones que cambiarán su vida para siempre. Pero mientras intenta aferrarse a un viejo recuerdo, descubrirá que el verdadero amor puede haber estado frente a sus ojos todo este tiempo.

Por su parte, Gema no está dispuesta a conformarse con ser la segunda opción de nadie. Inteligente, fuerte y capaz de enfrentarse tanto al mundo empresarial como a los desafíos más inesperados, luchará por construir su propio destino, incluso si eso significa alejarse del hombre al que entregó su corazón.

Entre secretos familiares, traiciones, ambición, una poderosa dinastía empresarial y enemigos dispuestos a destruirlo todo, Oliver y Gema tendrán que decidir si el amor es suficiente para reparar un pasado lleno de heridas… o si algunas oportunidades solo llegan una vez en la vida.

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Primera parte: el génesis
Conociendo el amor y el desamor Los Ángeles, California, 2007… Es una tarde cálida y tranquila en la mansión Bailey; siempre es así, nunca se escucharán gritos o desorden proporcionados por los infantes que se encuentran en la casa y todo gracias a la señora Berry, el ama de llaves de la prestigiosa familia. Ella logra, con tan solo una mirada, que los traviesos niños mantengan la compostura. No es tan fácil lograrlo; el pequeño Oliver y la pequeña Gema son muy inquietos. Como la vez que decidieron escabullirle hasta la habitación principal para utilizar el cuarto de baño de los padres del niño y duchar a Copito de nieves, un cachorro que le encanta ensuciarse de barro. Para los estrictos padres de ambos y el ama de llaves, esa situación para nada fue graciosa; sin embargo, a la matriarca de la familia Bailey le resulta hilarante ver cómo los pequeños se divierten y olvidan el peso que en unos años llevarán en sus hombros. Ambos heredarán dos imperios en el mundo automovilístico que, después de años de enemistad, pretenden unificarse con el matrimonio de sus hijos. —Me parece una locura que estemos hablando del matrimonio de dos niños que apenas tienen ocho años, por Dios —dice Sarah, la madre de Gema. —¿Cuándo pretendes que lo hablemos? ¿Cuándo estén grandes y sea difícil convencerlos de casarse? —infiere Franco, el padre de Oliver. —Será mejor para todos que crezcan con la información de que tienen una responsabilidad; la de casarse y mantener nuestro linaje —termina de argumentar. La conversación transcurre mientras todos se encuentran sentados en la sala de la mansión Bailey. Lugar desde donde ellos pretenden controlar el futuro de sus herederos como una historia de príncipes y princesas forzados a cumplir su deber. El ambiente se siente tenso; aun así, tienen la responsabilidad de llegar hasta el final, hasta que el objetivo sea cumplido. —Esta no es una historia de la realeza antigua, Franco —pronuncia Petra, la madre de Oliver. —Son nuestros hijos, niños que solo deben preocuparse de cuál es su personaje favorito de Disney —concluye mirando con enfado a su esposo. El hombre ignora los reclamos de su esposa y la desconfianza de su futura consuegra. Solo sabe que se ha fijado un objetivo y es lo único que le importa. Sin embargo, no es el único; en el otro extremo del asiento y junto a su esposa, está el padre de Gema, quien toma la palabra y con voz fuerte dice… —Ya está decidido, Gema y Oliver se casarán y lograrán unificar nuestras empresas, fin —termina opinando Dimitri, mientras observa disimuladamente a su viejo amor, Petra. Las dos mujeres miran a sus respectivos esposos, resignadas. Ellas saben que no lograrán hacerlos cambiar de opinión. Lo único que esperan es que ambos niños se mantengan unidos y no lleguen a odiarse por la decisión que tomaron dos adultos sin su consentimiento. La abuela, que mira a los cuatro adultos, deduce que, eventualmente, los chicos terminarán haciendo lo que crean mejor para ellos. Conoce a su nieto y ha visto a la pequeña Gema; ninguno de los dos tiene un carácter dócil. Suspira, porque tarde o temprano, esta decisión pesará. Siete años después… —Señorita Gema, joven Oliver, sus padres los solicitan en la sala —dice la señora Berry, con su fino acento francés. —Nana, diles que le estoy ganando la partida de ajedrez; esta vez no dejaré que Gema me haga trampa —habla Oliver concentrado en el tablero. —¡Oye! No es cierto, solo eres un mal perdedor que no acepta la derrota —expresa mientras tumba su alfil. —¿Ves? Eres una trampo… —¡Jóvenes! —exclama la ama de llaves en un tono más alto de lo acostumbrado ante la desobediencia de los adolescentes. —¡Llevamos! —responden al unísono. Una vez dicho eso, ambos se levantan y van hacia la sala donde están los cuatro adultos sentados como si fuesen los cuatro jinetes del apocalipsis. Ya los jovencitos se imaginan de qué les hablarán. Camina hacia los sofisticados muebles donde esperan ser juzgados por sus padres. Oliver observa cómo su estricto padre lo ve con mirada severa, mientras que el padre de su mejor amiga lo escudriña con recelos. Él nunca ha entendido por qué el señor Laurent lo trata como si fuera hijo de su peor enemigo, si ellos son los que intentan unificar la familia. Por su parte, Gema ve a aquellas personas con fastidio, ama a sus padres, y los padres de su amigo siempre han sido amables con ella; no obstante, le molesta que constantemente le hablen de boda, si tan solo tienen quince años. Respiran profundo, mientras escuchan por milésima vez el discurso de cómo su matrimonio fortalecerá a ambas familias. Una familia líder en el ensamblaje de autos, la otra en la transportación de los mismos. Juntos se convertirán en los líderes de mercado a nivel global. Para igualarlos tendrán que unirse muchas empresas y quizás se acerquen. Ellos simulan que los escuchan y que están de acuerdo por sus retrógradas ideas. Un rato más tarde de aquel molestoso y aburrido discurso, ambos vuelven a su partida de ajedrez, donde Gema vuelve a ganar. Oliver es muy inteligente y astuto, solo que su rival lo es aún más. A él le encanta pasar tiempo con su mejor amiga; sin embargo, nunca la ha visto como una futura esposa, pero sí como una confidente y aliada en sus travesuras. Su nueva partida es interrumpida una vez más para que conozcan a la hija del nuevo chef de la familia Bailey. —Chicos, les presento a Irina Dalton, es la hija del chef —dice el ama de llaves. Gema la mira con expresión de indiferencia; sin embargo, Oliver, cuando voltea a verla, queda prendado de la chica. La jovencita de ojos marrones y cabello oscuro le hace sentir por primera vez al chico un cosquilleo por todo su cuerpo cuando le regala una tímida sonrisa. Gema ve cómo su amigo la mira, y esta también comienza a sentir algo nuevo en ella: celos. Nunca ha visto a su amigo mirarla así, tampoco le ha importado; no obstante, hoy siente que le han removido el corazón y que esa jovencita le está quitando lo que le pertenece. —Mucho gusto, Irina —le dice mientras se levanta de su asiento y le extiende las manos. —El gusto es mío, joven Oliver —le responde bajando la mirada. —Solo dime, Oliver —dice con amabilidad; ella sonríe y termina correspondiendo el saludo. —Muy bien, me voy a retirar, Irina, quédate al pendiente de los jóvenes. Si necesitan algo, vas y lo buscas, ¿entendido? —ella asiente. Una vez que se va, Gema se levanta de su asiento, sintiéndose ignorada. —Yo soy Gema Laurent —dice con altivez. —Es un gusto, señorita. No quiero seguir interrumpiéndolos; estaré aquí; si necesitan algo, solo lo piden. —Bueno, yo quiero… —Gema, no creo que en estos momentos quieras algo —dice Oliver, percibiendo que a su amiga no le ha caído bien Irina. A regañadientes, la castaña de tez blanca y ojos verdes vuelve a su silla. Y así transcurren los días, mientras que la amistad entre Oliver e Irina crece. Gema se ha sentido en segundo plano en esta historia, nunca ha creído en el casamiento entre los dos, pero ahora siente que eso corre peligro. Ella decide quedarse a un lado y dejar que los nuevos amigos hagan sus vidas, analizando que también puede hacerlo sin necesitarlos. Así lo hizo; así fue como años de amistad fueron olvidados por los dos jóvenes. Tres años después… Ahora los jóvenes de dieciocho años se preparan para ir a la universidad. Gema y Oliver han mantenido una ligera amistad para evitar los reproches de sus padres al no verlos compartir como siempre. Las intuitivas madres, si se han dado cuenta del cambio de los mejores amigos y saben cuál es la razón, sin embargo, optan por no decir nada y dejar que todo siga su curso. La abuela Bailey también sabe lo que ha pasado; era algo que sabía que podía pasar. Su joven nieto se ha enamorado de otra chica mientras la pequeña Gema experimenta el resentimiento. —Solo tienen 18 años, ¿podrá esto terminar bien? Cuestiona la matriarca desde su ventana, mientras observa cómo todos disfrutan del cumpleaños que organizaron para celebrar sus setenta y cinco años. La abuela Bailey sabe mejor que nadie cómo el amor puede hacer que se te rompa el corazón en mil pedazos. En ese día del festejo todo aparentaba estar bien. Oliver se mostraba más cercano a Irina, mientras que Gema los ignoraba por completo. El joven aún no entiende por qué su mejor amiga no quiere aceptar la relación que tiene con la chica que ama. En algún momento él les hará entender a su familia que casarse no es la única forma para que las empresas Bailey & Laurent se unan. Aprovechará la universidad para adquirir los conocimientos necesarios y presentarle un plan de negocio que ninguno podrá rechazar. —Ya verás, Irina, haré que nuestras familias terminen aceptando nuestra relación y nos casaremos —dice tomando sus manos. —Pero, ¿qué pasará con las empresas que quieren…? Ella intenta interrogarlo, mientras se esconden detrás de unas paredes para no ser vistos. Oliver la silencia con un corto beso y le dice… —No te preocupes por eso, ya tengo un gran plan. Te prometo, mi amor, que pronto estaremos juntos. Oliver vuelve a besarla y solo se separa de ella cuando su sentido del olfato percibe un delicioso aroma a lilas, fragancia que conoce muy bien. —No se detengan por mí, solo quiero ir al baño —dice Gema con indiferencia, mientras se da la vuelta para alejarse de ellos. —Gema —la llama—. Yo… —Querido Oliver, hace mucho que me deja de interesar lo que hacen ustedes dos —les dice y sigue su camino. Él ve cómo su mejor amiga camina sin prestarle ninguna atención. Le gustaría recuperar la amistad que tenían; sin embargo, eso cada día está más distante. Irina hace que voltee a verla e ignore a aquella arrogante y mimada chica que solo le ha demostrado a ella desprecio por su estatus social. Luego de aquel día, Oliver despierta con la noticia de que su amada ya no está. Tanto ella como su padre han abandonado la mansión. Furioso, va hacia su auto sin escuchar los reclamos de su padre y los comentarios de preocupación por parte de su madre. Se dirige a la mansión Laurent, lugar donde odia ir, pero donde se encuentra la culpable, según él, que ha hecho que el amor de su vida se vaya. —¡Fuiste tú! ¿No es así? Tus malditos celos y envidia han hecho que mi padre eche a Irina —le grita a Gema. —¿De qué estás hablando? —pregunta, confundida, sin entender el enojo del joven. —¿Por qué sería mi culpa que tu padre los haya botado de su casa? —¿Qué pasa aquí? —pregunta Dimitri, viendo a un joven molesto con su hija. —Qué bueno que está aquí, señor Laurent. Quiero que escuchen esto: cuando llegue el momento, cumpliré con el acuerdo de casarme con su hija, pero quiero que sepa que nunca… escuchen, nunca la voy a llegar a amar. Diciendo lo último, sale de la casa. Tanto el padre como la hija no entienden el motivo del comportamiento del joven. Dimitri piensa que es la actitud usual de los Bailey, mientras que Gema está en el mismo lugar parada donde la dejó Oliver, tratando de analizar la situación. Lo que ninguno de los tres sabe es que hay una razón poderosa para la desaparición de la amada del chico que ha experimentado el desamor.

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