Los Ángeles, California, 2024…
—¿No deberías de estar feliz? Te vas a casar con el guapo de Oliver.
Le comenta Sheila a Gema, quien rueda los ojos al escuchar el comentario de su amiga.
—¿Por qué debería estarlo? Me voy a casar con un hombre que me odia porque, según él, lo alejé del amor de su vida.
Dice con indiferencia. Siete años después de que misteriosamente Irene se haya marchado de la vida de su futuro esposo, los dos jóvenes, ahora de veinticinco años, continúan los planes de ambas familias, la de unirse por medio del matrimonio. La hermosa y atractiva Gema se encuentra en la tienda más exclusiva de novia eligiendo su vestido de bodas. Se supone que debería ser un momento especial; no obstante, lo considera como una tortura.
—Quizás ahora que se casen podrán conversar y aclarar las cosas…
—Ya no importa - le dice deteniendo sus palabras. —
Solo quiero que pase todo esto y salir ilesa.
Oliver no la perdona, aún sigue creyendo que ella le comentó al padre del joven sus planes con Irina. Ahora es él quien está lleno de resentimiento y amargura. En todo ese tiempo ha estudiado para convertirse en el mejor en los negocios y las finanzas. Aún llevará su plan de convertir la empresa automotriz Bailey, en la mejor del mundo, sin necesitar de las empresas de los Laurent. No se ha atrevido a buscar a su amada, hasta que no cumpla con la promesa de alejar a la familia de su antigua amiga de él.
Se está asegurando de conseguir sus objetivos, y luego correrá a los brazos de Irina sin ninguna atadura. Aunque se case en una semana, su boda no será impedimento de estar con la mujer que no ha podido olvidar. Mientras la chica, con el tono de piel oliva, ojos color verde en forma almendrada, cabellera lacia y abundante, continúa con la prueba de su vestido, su futuro esposo se encuentra en el taller de la empresa. Oliver supervisa la nueva creación que en poco tiempo estará lista para salir al mercado.
—Sé bien, ¿no es así? - pregunta Jonás, el ingeniero y mejor amigo.
—Sí, esta vez te luciste con el diseño - comenta.
Oliver da vueltas alrededor del vehículo mientras lo escudriña con los brazos cruzados. Desde que comenzó a tomar responsabilidades en la empresa, se ha vuelto exigente con las elaboraciones que sacan al mercado. A pesar de su corta edad, tanto él como Gema están decididos a ganarse su lugar más allá del peso que representa su apellido.
—Para que veas que tu amigo es un genio - lo mira de arriba abajo.
—¿Por qué me ves así? - cuestiona Oliver.
—¿Cómo van los preparativos para la boda con la belleza de Gema? - Oliver lo mira con desaprobación. —No me veas así, puede que ella no “te guste”, pero Gema es el sueño de cualquier hombre. Debes de leer revistas, según estas te han nombrado el hombre más envidiado del país, en estos momentos. Y cómo decir que no, esa mujer tiene…
—Quieres que te golpee - habla Oliver con tono serio. Jonás se carcajea y levanta sus manos en rendición. —Si tanto te gusta, te dejo el camino libre para que te cases con ella.
Propone, tratando de sonar despreocupado; sin embargo, por alguna razón esas palabras le saben amargas en la boca.
—Ya quisiera tener la oportunidad de probar sus labios carnosos en forma de corazón y estrellarme con sus delicadas curvas.
Comenta sonriendo con la intención de molestar a su amigo. Oliver lo escucha e intenta que no se evidencie una ligera molestia que le ha brotado por el comentario de Jonás.
—Mejor ponte a trabajar - dice y se retira del taller mientras su amigo ríe por su reacción —. ¡Qué idiota! Cómo se atreve a decir esas cosas ella.
Sale del taller con dirección hacia su oficina, con su típica caminata llena de arrogancia. Las secretarias del corporativo lo llaman «señor arrogante». Ambas familias tienen ascendencia francesa, así que la elegancia impera en los dos jóvenes.
Oliver es un hombre de alta estatura y figura delgada. Siempre trata de que su cabello ondulado se mantenga en un perfecto peinado recogido; aun así, no le impiden algunos mechones castaños asomarse por su frente. Dándole una apariencia seductora y angelical, y por si fuera poco su piel melocotón causa que cualquier fémina quiera acariciarlo el resto de sus vidas. Es un privilegio que solo una podrá tener. El joven es muy fiel con sus creencias y cuando se entrega a una mujer, entonces de ella será.
Mientras se pierde en sus ideas, ve desde lejos cómo Gema se despide con un beso en la mejilla de Rohan. “Para nadie es un secreto que el alto y apuesto hombre de piel canela, está enamorado de su prometida”; piensa Oliver. No hace mucho, ella junto a algunos amigos se fueron a esquiar a los Alpes Suizos. Desde ese momento él asume que ellos tienen una relación que va más allá de una amistad. Le resultaría difícil creer que no haya pasado nada entre ellos, puede que la odie, pero no está ciego, como para no darse cuenta de que ella es una mujer hermosa.
Cuando se da cuenta hacia dónde lo estaba dirigiendo sus pies, ya se encuentra al lado de ellos y siendo asaltado por la fragancia a lila que emana de la piel de Gema.
—Oliver Bailey, qué gusto verte - dice Rohan, quien es el primero en hablar.
Rohan es un apuesto hombre de treinta años que Gema conoció en sus años de universidad, cuando él se convirtió en su asesor de tesis. Es un empresario que creó una empresa de inversiones, la cual comienza a tener reconocimiento internacional. La joven mujer mira a su apuesto prometido, vestido con su habitual y elegante traje de tres piezas, color azul rey, hecho a la medida. Los ojos de color tormenta de Oliver, como los llama ella, se posa en el hombre que lo acaba de saludar.
—Lo mismo digo, Rohan. ¿Qué te trae por aquí? - le pregunta con curiosidad.
—Bueno, traje a la preciosa Gema de nuestro exquisito almuerzo.
Dice retándolo con la mirada y Oliver, que no se deja intimidar de nadie, hace lo mismo. Gema rueda los ojos y decide irse a su oficina a trabajar al sentir hostilidad en el aire.
—Creo que lo mejor será que vaya a mi oficina. Gracias, Rohan por la invitación. Nos vemos luego.
Le dice con educación y se despide con un beso en la mejilla. Se da la vuelta y camina hacia el ascensor. Decidió no participar del momento de testosterona que tenían los dos caballeros. Rohan le lanza la última mirada a su contrincante y se dirige a la salida. Oliver controla las ganas de golpearlo, y también va al elevador antes de que cierren las puertas. Gema se hace hacia una esquina para darle espacio. Él la mira por las comisuras de sus ojos; lleva puesto un vestido ejecutivo ceñido al cuerpo color mostaza que entona con su piel. “¿Qué pensaba cuando eligió esa ropa para estar cerca de ese idiota?”, se cuestiona mentalmente.
—¿Consideras que es la vestimenta apropiada para salir con un hombre que no es tu prometido? - le reclama.
—¿Tengo que pedirte permiso para usar lo que quiera y salir con quien me da la gana? - le cuestiona con altanería.
—Gema, por favor, no empecemos a discutir.
—Yo no estoy discutiendo, tú eres el que está sugiriendo idioteces - dice molesta, él intenta replicar, pero el ascensor llega al piso de ambos.
Los dos salen y sus respectivas secretarias comienzan a decirles sus compromisos para la tarde. Oliver se va pensando que ella tiene razón, no debería meterse en la vida de una mujer que no le interesa. De todas formas, su matrimonio no es real; sin embargo, no puede permitir que la revista de chisme la fotografíen con el idiota de Rohan dejándolo como un incompetente que no puede retener a su mujer.
Gema se dirige a su oficina para terminar el papeleo de las nuevas importaciones que tienen hacia Europa. Desde hace un año, la familia ha formalizado la consolidación de sus empresas. El último documento a firmar, se hará el mismo día de la boda. Desde ese momento, ambos herederos serán los cabecillas que llevarán a los Bailey&Laurent, a la cima de los listados financieros. Aunque son muchos los integrantes de ambas familias que tienen ideas y propósitos diferentes, en poco tiempo se convertirá en una lucha de poder donde solo sobrevivirán los más fuertes.
—¿Acaso ese tonto cree que puede decirme cómo me debo vestir? ¡Aah! - resopla molesta mientras se sienta en su cómoda silla.
En ciertas ocasiones su ex mejor amigo y futuro esposo la confunde con sus acciones. Se comporta como un novio celoso; sin embargo, cuando observa sus ojos grises o color tormenta, solo puede ver el odio y desprecio que él siente hacia ella. Sacude su cabeza para prestarle atención a los documentos que tiene en las manos. No piensa dejar que él la domine mentalmente.
Mientras los dos jóvenes se concentran en sus trabajos, sus madres están ultimando los detalles de la boda que sus hijos se niegan a organizar, bajo la atenta mirada de la matriarca de los Bailey. Josephine, solo se quedó como espectadora. A sus ochenta y dos años, ha aprendido a no intervenir en las vidas de las personas que los rodea, es una fiel creyente de que todos deben pasar su propio proceso, así como la pasó ella. Pero si le preguntan acerca de este matrimonio, les dijera que dejen a los niños en paz, que lo único que lograrán es generar confusión y más odio.
—Suegra, ¿qué opina usted de la combinación de colores? - le pregunta Petra Bailey.
—Me parece estupendo - responde fingiendo emoción.
—¿Segura? Creo que debemos buscar tonos más cálidos, a Gema le gusta el turquesa - dice Sarah Laurent.
—Bueno, combinemos con el beige para que lo resalte - responde Petra.
Ellas continúan con los preparativos y Josephine intenta entender cómo Sarah Laurent, logra comportarse con tanta naturalidad aun sabiendo la verdad de su esposo. —“Todos vivimos bajo la gran mentira que creamos” - piensa la matriarca.